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martes, 6 de septiembre de 2016

¿POR QUÉ PERDIÓ VARGAS LLOSA LAS ELECCIONES DE 1990?, por David Alberto Campos Vargas

¿POR QUÉ VARGAS LLOSA PERDIÓ LAS ELECCIONES DE 1990?

Problema de Investigación: ¿Qué motivó la derrota de Mario Vargas Llosa en las elecciones presidenciales de Perú en 1990?

Objetivos

1. General:

Identificar qué factores jugaron en contra de Mario Vargas Llosa en las elecciones presidenciales de Perú en 1990

2. Específicos:

Analizar qué errores cometieron Mario Vargas Llosa, el Movimiento Libertad y el Frente Democrático (FREDEMO) durante la campaña presidencial 1987-1990

Analizar qué aciertos cometieron Alberto Fujimori y Perú Posible durante la campaña presidencial 1987-1990

Comprender qué factores filosóficos, políticos, económicos y sociales jugaron en contra de la candidatura de Mario Vargas Llosa a la presidencia de la República del Perú

Justificación

Este proceso de investigación se realiza con el fin de abordar y conocer qué factores jugaron en contra de Mario Vargas Llosa en las elecciones a la presidencia del Perú en 1990.

La idea central de esta propuesta es analizar, desde el punto de vista de distintos autores y protagonistas de la campaña presidencial 1987-1990 en Perú, qué determinantes filosóficos, políticos, económicos y sociales incidieron en la victoria de un ingeniero hasta el momento desconocido para el mundo (Alberto Fujimori) sobre un pensador laureado y reconocido globalmente (Mario Vargas Llosa).

Siempre me ha llamado la atención un hecho constante en el oficio de hacer política: los más honestos y mejor preparados rara vez ganan elecciones populares. Por el contrario, mis lecturas, la experiencia de todas las personas con las que he hablado sobre el tema, y mi propia experiencia de vida, me han mostrado de manera reiterada una decepcionante y trágica realidad: las votaciones suelen ser ganadas por los sujetos más corruptos, menor preparados y peor intencionados. Muchas veces, sujetos tan enfermos que cumplen criterios diagnósticos de Trastorno Narcisístico o Trastorno Sociopático de la personalidad.

Muchas veces he visto cómo excelentes candidatos (personas bien preparadas, trabajadoras y realmente íntegras en su quehacer) fueron derrotados por sujetos sin brillo, aliados con poderes oscuros (narcotráfico, terrorismo, funcionarios corruptos, directores de tabloides amarillistas, etcétera). El caso peruano de 1990 es apenas un eslabón dentro de una inmensa lista de elecciones en los que el Mal triunfó en política.

¿Por qué escogí el Perú, en vez de fijarme en mi propio país? No quise estudiar este fenómeno en Colombia, aunque aquí abunden los casos: desde que nací he presenciado derrotas de todos los académicos que han buscado la Presidencia de la República. Sirvan de ejemplo las candidaturas fallidas de Álvaro Gómez Hurtado en 1986 y 1990 (no cuento la de 1974, porque ésa no alcancé a vivirla), o las de Antanas Mockus en 2006 y 2010. Pero por lo mismo que sé que hablando del caso colombiano no puedo ser tan imparcial como quisiera, y además por razones de cuidado personal (vivo en un país especialmente violento, en el que a uno lo pueden torturar y hasta desaparecer por indagar más de lo que la prensa y los medios oficiales de comunicación permiten), quise mirar hacia otra parte. De otro lado, siempre he admirado la obra de Mario Vargas Llosa, y creo que el ideario del Movimiento Libertad (partido fundado por él en 1987) era suficientemente bueno como para haberle dado una oportunidad.


Creo que el estudio de los factores que contribuyeron a la derrota del Nobel peruano en 1990 puede ser iluminador para todas las democracias del mundo. Y espero que el análisis de dichos factores contribuya a evitar, en un futuro, que los candidatos intelectuales y académicos sean vencidos por canallas y bribones en el quehacer político.

Estado del Arte

A 27 de mayo de 2016, se han escrito varias publicaciones a propósito de las elecciones presidenciales de Perú en 1990. Muchas de ellas son demasiado breves, y fueron hechas en periódicos impresos, revistas virtuales y blogs. La mayoría versan sobre la victoria de Alberto Fujimori y describen la campaña desde el ángulo fujimorista. Las que abordan dichas elecciones desde la mirada del FREDEMO son una menor cantidad. Llamativamente, y acaso corroborando un fenómeno evidenciado en esta investigación (que quienes votaron por Vargas Llosa eran, en líneas generales, más educados e instruidos), éstas últimas son las más serias, completas y extensas, y también las mejor documentadas y respaldadas.

Todos los autores coinciden en que Fujimori se vio favorecido por lo largo de la campaña (de hecho, ya la imagen de Vargas Llosa había sufrido cierto desgaste, porque llevaba haciendo oposición desde 1987…mientras que Fujimori apareció de repente, como una especie de “as bajo de la manga” del oficialismo, a finales de 1989 e inicios de 1990). También por su discurso populista, en contraposición a la grandilocuencia de las intervenciones de Vargas.

El uso de la publicidad y los medios de comunicación también fue un factor determinante, según señalan varios autores. El fujimorismo se benefició de los tabloides y pasquines amarillistas (los más leídos por las clases populares), e hizo de gala de gran eficacia al usar eslóganes cortos y que acentuaban el consabido resentimiento de los sistemáticamente oprimidos serranos, cholos y mulatos del Perú (de manera interesante, logrando venderles que Alberto Fujimori era cercano a ellos, cuando en realidad era un hombre perteneciente a la misma clase social y económica que Mario Vargas Llosa).

Sólo Vargas Llosa denuncia el uso que el ingeniero Fujimori dio a su ejército de  gamberros (todos a cargo de Vladimiro Montesinos), los cuales usaron medios nada honestos como el allanamiento, el chantaje, el soborno, la calumnia, la extorsión y la amenaza para desequilibrar la contienda a su favor. Ahondando en este aspecto, se encontró que, efectivamente, Vargas Llosa fue víctima de una campaña de difamación a gran escala.

La más completa y abarcadora de las versiones la constituye el testimonio de Mario Vargas Llosa, bastante poético y no exento de cierto tono melancólico, plasmado a lo largo de su voluminoso libro El pez en el agua. Una especie de exorcismo personal (pues se nota en ellas que el escritor se vio comprometido de manera muy intensa con la campaña, y del mismo modo decepcionado al finalizar el proceso electoral) y de documento histórico, y al mismo tiempo una denuncia abierta a las malas prácticas de la política peruana (y, como el lector poco tarda en captar, latinoamericana): el fraude, la malversación de fondos del Estado, el abuso de poder, el clientelismo, el chantaje, la mentira, y el uso del “periodismo de cloaca” como arma para denigrar del rival (Vargas Llosa, 1989).

Otro aspecto valioso de El pez en el agua lo constituye su tono autocrítico. El escritor, revisando aquellos días febriles en retrospectiva, descubre que no fue, ni de lejos, el candidato ideal. Boquisuelto a veces, excesivamente técnico y conceptual en otras, demasiado franco y altivo en muchas de sus intervenciones. Torpe, en todo el sentido de la palabra, por ser excesivamente transparente.  

Metodología

La metodología de este proceso se basó en el análisis crítico, la reflexión cuidadosa y la comprensión de las diversas fuentes documentales mediante el uso de técnicas como fichas bibliográficas, fichas hemerográficas, SER, RAE y entrevistas. Dichas técnicas me socorrieron a la hora de hacer un trabajo lo más completo posible, como era mi intención desde que formulé el problema y la pregunta de investigación.

Traté de ser lo más comprensivo posible, abarcando textos diversos: desde memorias histórico-literarias como los libros El pez en el agua, Lituma en los Andes y Cinco esquinas, de Mario Vargas Llosa, hasta ensayos de ciencia política como el texto de Enrique Ghersi La elección presidencial peruana de 1990, pasando por libros especializados como el publicado por la Facultad de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad ESAN, y numerosos artículos de autores fujimoristas, antifujimoristas e imparciales (estos últimos siempre extranjeros, como suele suceder en política).

También intenté dar una imagen holística de la situación, pues al consultar tan diversas fuentes me percaté que sólo mediante un abordaje holístico podría darle su lugar a esos  diferentes puntos de vista.

Etapas de la investigación

1. Inicié con el problema de investigación. Logré delimitarlo hasta definir la pregunta de investigación definitiva (¿Por qué Vargas Llosa perdió las elecciones presidenciales de Perú en 1990?)

2. Luego aclaré los objetivos que iban a orientar mi investigación.

3. Hice la búsqueda y recolección de datos pacientemente, consultando bibliotecas como la de la Pontificia Universidad Javeriana, la de la Universidad del Quindío y la del Instituto para el Desarrollo de las Américas.

4. Luego realicé la lectura de todos los textos (libros, discursos impresos, artículos, editoriales, columnas de opinión) y la visualización de todos los videos pertinentes (partes del debate Fujimori-Vargas Llosa, extractos de discursos de Vargas Llosa, extractos de publicidad y documentales relacionados con el tema).

5. Después del abordaje de los documentos desarrollé las técnicas de organización de la información.

6. A continuación, revisé las técnicas desarrolladas y fui haciéndome una idea de las respectivas conclusiones.

7. Finalmente, realicé la redacción final del texto.


Algunas Conclusiones y Reflexiones

¿POR QUÉ VARGAS LLOSA PERDIÓ LAS ELECCIONES PRESIDENCIALES DE 1990?

Fue algo trepidante. Una tragedia griega en todo el sentido de la palabra. El héroe de corazón honrado y nobles ideales cayó en la arena. Y no fue una batalla justa, aunque así lo habrán creído muchos durante estos últimos treinta años.

Todo empezó con el manifiesto titulado Frente a la amenaza totalitaria, leído por el mismo Vargas Llosa en televisión el 2 de agosto de 1987 y publicado al día siguiente en buena cantidad de diarios. Luego llegó el “Encuentro por la Libertad” (21 de agosto de 1987), una manifestación pública que él mismo organizó como protesta a la intención del gobierno de García de estatizar la banca. Tal vez creyó que era como escribir novelas: atreverse, observar, ir creando sobre la marcha. No captó que el novelista, aunque está inmerso en la realidad social y política, tiene una ventaja: trabaja solo, y sin ensuciarse. Hacer política implica estar en cierto sentido a merced de los demás, sin completa independencia, en esa loca carrera por recibir aprobación y votos. E implica alianzas nada santas, sablazos e hipocresías, cosas para las que no estaba preparado.

Pronto la protesta convocada por el escritor se convirtió en multitudinaria, y su discurso no fue escuchado por un puñado de niños ricos, como equivocadamente “vaticinó” Alan García, sino por cientos de miles de simpatizantes, y otros millones de personas alrededor del mundo. De la noche a la mañana, todos empezaron a hablar de Mario Vargas Llosa como la oportunidad de cambio que Perú necesitaba.

El escritor, motivado por el cariñoso respaldo de las multitudes, fundó entonces el Movimiento Libertad en esos vertiginosos días de agosto de 1987. Contó con el respaldo de artistas como el pintor Fernando de Szyszlo y el músico Augusto Polo Campos (que llegó a componer un Himno a la Libertad para el Movimiento), el historiador del arte y ensayista Luis Miró Quesada, el abogado y filósofo Enrique Ghersi, y los arquitectos Miguel Cruchaga Belaúnde y Frederick Cooper. 

Pero perdió. ¡Perdió! Y las ilusiones de muchos intelectuales (tanto peruanos como extranjeros) se vinieron abajo.

¿Por qué perdió?

Aquí está lo que he podido concluir, después de esta exhaustiva investigación:

1. FACTORES DEL CANDIDATO

1.1. EXCESIVA SINCERIDAD
Para hacer política hay que mentir. Aunque sea sutilmente, adornando o maquillando la realidad.
Mario Vargas Llosa nunca ha sabido mentir. Ni siquiera en ese entonces, cuando un poco de prudencia y discreción le habría hecho bastante bien.

Habló de shock económico a un público ignaro y aturdido, que no hizo menos que aterrorizarse ante lo que parecía ser un remezón apocalíptico. Ya muchos peruanos estaban en bancarrota. La excesiva sinceridad del escritor, que no supo escoger las palabras (estaba acostumbrado a hacerlo en el trabajo paciente y lento de hacer novelas…no en medio de la prisa y con micrófonos cada vez que abría la boca), no hizo sino agravar esos temores.

Alberto Fujimori, astutamente, vio que lo que Vargas Llosa proponía era lo correcto. Tal vez lo único que podía salvar al Perú caótico del régimen de Alan García. Pero supo callar. No fue tan sincero. No asustó tanto a la gente.

1.2. FALTA DE TACTO

Acostumbrado como estaba a ser directo y francote, Mario Vargas Llosa espantó potenciales votantes con su estilo excesivamente desenfadado.

Todos sabemos que los burócratas suelen ser unos parásitos, que viven a costa de los que sí trabajamos y los sostenemos a ellos en sus bastante inútiles cargos. Pero no hacía falta hacer una mofa grosera de ellos, como hizo FREDEMO en una supuestamente cómica (en realidad vulgar) propaganda de TV.

Pero bueno, qué se le podía pedir al hombre que sentó a García Márquez de un puñetazo…

1.3. LENGUAJE EXCESIVAMENTE TÉCNICO

Vargas Llosa no supo acomodarse a sus oyentes. Como él mismo reconoce en El pez en el agua, su fantástico libro de memorias, a veces utilizaba un lenguaje que el votante peruano promedio a duras penas podía medio digerir.

No se trataba de hablarles a sus oyentes como si fueran todos doctores en Filosofía,  economistas o teóricos del capitalismo. Eran simplemente gente golpeada, asustada tanto por el terrorismo como por la ineficiencia del Estado, acorralada por los asesinos del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru y de Sendero Luminoso, desilusionada, cansada de vivir pobremente y mal durante décadas.

1.3. LENGUAJE EXESIVAMENTE PULIDO

Y, cuando no estaba diciendo tecnicismos ni exponiendo conferencias magistrales, Vargas Llosa caía en sus vicios de escritor. Es cierto que muchos se deleitaron (y, aún hoy, nos deleitamos) con sus salidas, llenas de poético ingenio (como cuando hablaba de los “cacasenos y bribones”, o del “periodismo de cloaca”), pero hay que decir que la mayoría de votantes del Perú en 1990 apenas manejaba a medias el castellano, y no estaba acostumbrada a florituras ni conceptismos.

Vargas Llosa ha confesado que por esa época leyó asiduamente a Luis de Góngora y Argote. ¡Con razón! Si hasta yo que soy poeta me quedo a veces frito ante ciertos gongorismos, ¿qué no le habrá pasado al pobre serrano que tenía toda la buena intención de escucharlo en una plaza, o en la radio?

Más le hubiera valido estar inmerso en Hemingway por esos días….

Pronto, con el apoyo de amigos (muchos de ellos intelectuales) y simpatizantes, el Movimiento Libertad se parapetó a las presidenciales de 1990. El estilo fresco y espontáneo de Vargas Llosa fue uno de sus principales atractivos como precandidato (aunque, como expondré luego, dicha característica se convertiría en uno de sus talones de Aquiles como candidato), y le granjeó el cariño de muchos sectores populares, hasta ese entonces indiferentes a las discusiones económicas o filosóficas.

1.4. UN ESTILO DEMASIADO CHIC

Aunque el escritor aprendió a ir en mangas de camisa y a bailar huaynos en la pintoresca segunda vuelta, era ya una batalla contra el tiempo…Batalla perdida…La mayoría de electores lo recordaban de traje y corbata, impecable, demasiado limpio e impoluto como para parecerse a ellos.

No sé en qué estaban pensando sus asesores, al dejarlo aparecer como señorito rico ante gente ordinaria y de barriada.

Y él se terminaba de meter el cuchillo, cuando se dejaba pillar limpiándose las manos después de saludar a los “mugrientos”. En sus memorias, de hecho, confiesa que por esos días se bañaba con árnica después de untarse con la plebe.

1.5. LA OJERIZA DE LOS MAMERTOS

En aquellos días (todavía no había soplado el viento liberador de la Primavera de las Naciones) todavía muchos tenían a Marx como un filósofo lucidísimo, casi un profeta de Occidente (aún no habían llegado los que se iban a orinar en los escombros de lo que alguna vez fueron sus bustos y efigies, como pude ver en muchos países de Europa del Este). Y, víctimas de aquella idealización, muchos intelectuales latinoamericanos hicieron de El Capital y El manifiesto comunista sus propias escrituras sagradas. Sí, yo sé, a muchos intelectuales de hoy les podrá parecer algo tan tonto y arcaico como aprender frenología o mesmerismo…Pero no a ellos. No a los mamertos de la vieja guardia. A ellos les irritaba ver que Vargas Llosa había aprendido economía. Les fastidiaba que hablara de Hayek. Les cargaba que citara autores “pequeñoburgueses” (todos los que no sean comunistas, para un mamerto de pura cepa). Les ofendía que hablara de apertura económica, de libre mercado, de reducir el tamaño del Estado.

Esos mamertos, aunque no eran muchos, hicieron una brecha entre sus seguidores. Por culpa del fanatismo y la ceguera de esos tontos, se resquebrajó el bloque de los intelectuales peruanos (que sólo en Vargas Llosa podían esperar algo de reconocimiento y buen trato), y muchos terminaron optando por Henry Pease, Alfredo Barrantes, la abstención…¡o Fujimori, el mismo que los iba a perseguir y torturar durante una década!

1.6. IMPULSIVIDAD

Aunque desde 1989 trató de suavizar el tono de sus declaraciones, Mario Vargas Llosa ya se había hecho una fama de peleón y boquisuelto.

Ese exceso de ímpetu le fue de mucha utilidad al inicio, cuando se le enfrentó a Alan García y convocó a más de 130.000 personas en la plaza San Martín, y le cantó la tabla a ese presidente obtuso y megalomaníaco que tenia a Perú sumido en el fango.

Pero ya después fue un punto en contra. Yo creo que hasta a sus seguidores les dolía verlo enlodándose de esa forma. No era algo de su nivel, el reaccionar de manera tan impulsiva e intensa, como lo hizo muchas veces en campaña.  Y supongo que los que más lo querían rezaban porque algún día todo eso pasara, y él volviera a escribir tranquilo.

1.7. OSTENTACIÓN INNECESARIA

A diferencia de Fujimori, que cuidadosamente disimuló su riqueza (aún después de resultar electo: siempre se preocupó de enviar la mayoría del dinero que robaba a cuentas en el extranjero, con toda la discreción del caso), y hasta posó de pobretón y embaucó a muchos con el cuentito de que era “uno de ellos” (no les decía que entre sus planes estaba amasar una gran fortuna a costa de ellos, y que sus verdaderos amigos, después de las elecciones, serían los industriales y los oligarcas), Vargas Llosa hizo actos francamente estúpidos, como el de comprar una lujosa propiedad en un barrio limeño acomodado mientras más de la mitad de sus compatriotas aguantaba hambre.

En muchos de los textos consultados leí que a muchos peruanos les desagradó la millonaria inversión que hizo el Frente Democrático (FREDEMO, la coalición que incluyó al Movimiento Libertad)  en publicidad. Y como bien se sabe, “coge fama y échate a la cama”: el peruano promedio ignoraba que esas cifras astronómicas que gastó FREDEMO en propaganda no provenían del bolsillo de Vargas Llosa, y terminó creyendo que el escritor no sólo era rico, sino que además representaba los intereses de los ricos (como de manera venenosa los periodistas comprados por Fujimori cacarearon una y otra vez).  

1.8. EXCESIVO NARCISISMO

Para nadie es un secreto que Mario Vargas Llosa es un engreído. Lo sabe Patricia, a la que dejó a un lado (y lo supo la “tía” Julia, a la que le pasó lo mismo). Lo sabe más de un periodista, cuando ha intentado (en vano) entrevistarlo sin suficientes cartas de recomendación.  Lo saben hasta sus amigos, que ni por asomo pueden pretender que abandone su Olimpo y tenga la cortesía de prologarles un libro. 

Uno puede ser tan creído como quiera en su vida privada (como lo es, de hecho, don Rigoberto, su alter ego literario), pero no puede hacerlo cuando está en campaña. Y esto es algo de sentido común. Fujimori también era un arrogante (tal vez peor, supongo, por la forma en la que le vi conducirse en el poder), pero tuvo el buen tino político (o la maldad, que es lo mismo) de mostrarse “popular”, “cercano” a los estratos más humildes. En varios videos vi a un Vargas Llosa acartonado, distante, a la hora de interactuar con sus potenciales votantes. Estoy convencido que no fue de esa manera, porque es un hombre de espíritu sensible, pero casi parecía que le hartaba estar en contacto con la gente. Sus gestos denotaban, o mejor dicho, parecían denotar, cierto desdén, ciertas ínfulas de superioridad.

Le habría venido bien asistir a un buen psiquiatra. Pero no cambió a tiempo su carácter, y pagó caro su narcisismo.

1.9.  TRIUNFALISMO

Eso es algo que mata hasta a los mejores candidatos. Y el pobre Vargas Llosa pagó la novatada. Se consideró a sí mismo el ganador de la contienda de antemano. Escuchando algunos videos he notado, de hecho, que sus declaraciones tenían más tono de jefe de Estado que de candidato. Tal vez el motivo era otro (el mismo fenómeno he observado en quienes están muy convencidos de lo que piensan), pero por desgracia para él, el ciudadano promedio tiende a quedarse con la primera impresión.

Y la tan criticada “gira” que hizo, reuniéndose con presidentes y estadistas, tampoco estuvo exenta de triunfalismo. Un poco de humildad hubiera matizado las calumnias de sus enemigos. Pero, de nuevo, su carácter le jugó en contra.

1.10. HIPERSENSIBILIDAD

Un escritor tiene derecho a ser apasionado. Pero a Vargas Llosa le hubiera hecho bien el tener mayor autocontrol, mayor autodireccionamiento. A lo largo de la campaña (de por sí desgastante, por lo prolongada) al arequipeño se le vio en muchas ocasiones agotado, irritable. Es evidente que la guerra sucia montada contra él, tanto por Alan García como por Alberto Fujimori, le rompió el corazón en varias ocasiones.

Uno puede escribir sobre todo eso desde la comodidad de su hogar. Otra cosa es vivir en carne propia el ataque de toda esa caterva de buitres (líderes de opinión sesgados, líderes comunales mentirosos, periodistas resentidos) comprados por el gobierno o por el fujimorismo. No me cabe duda que a Vargas Llosa le tocó padecer mucho. Pero por eso insisto en que debió haber tenido a su lado a un buen psicoterapeuta.

Los que querían verlo sufrir lograron su objetivo cada vez que perdió la cabeza e hizo rabietas infantiles. Como cuando renunció a la candidatura tan pronto conoció los resultados de la primera vuelta. Sí, dolió. Pero pudo haber reaccionado diferente. Pudo haber agradecido, de manera entusiasta, a todos aquellos votantes que lo dejaron en el primer lugar, clasificado a la segunda vuelta. Su renuncia, aunque fue de horas, dejó consternado o confundido a más de uno. Cuando volvió a la carga, lo hizo con una credibilidad bastante minada. Algo muy distinto a lo que hizo Fujimori, que siempre mantuvo el aplomo. Uno puede creer que esas cosas no cuentan. Pero la gente vota muy visceralmente. Y a nadie le inspira confianza un hombre hipersensible e inestable.

1.11. AGNOSTICISMO PROCLAMADO A LOS CUATRO VIENTOS

En un mundo tan hipócrita, irse lanza en ristre contra la tradición religiosa es algo que muchos hacen de manera subrepticia, pero muy pocos de manera pública y abierta. Vargas Llosa, nuevamente, pagó aquí su inexperiencia. Se metió en un tema espinoso al hacer alarde de su agnosticismo en un país ampliamente religioso, de abrumadora mayoría cristiana-católica. No me cabe duda que lo hizo por coherencia (al fin y al cabo, siempre ha sido un liberal amigo de la secularización y la división Iglesia-Estado). Pero Fujimori, que siempre estuvo más en contacto con el latir de la gente (con lo más profundo, con el inconsciente colectivo del electorado), nunca fue tan ingenuo como para atacar la religiosidad o gritar a pleno pulmón su agnosticismo. Todo lo contrario. Durante la campaña fingió ser un católico devotísimo, y no desaprovechó ocasión de mostrarse junto a sacerdotes y monjes, proyectando una falsa imagen de “niño bueno” (y, de paso, dejando a Vargas Llosa en la incómoda posición de “jovencito rebelde”).

El tiempo permite ver todo en retrospectiva. El “piadoso” japonés terminó violando todos y cada uno de los mandamientos. Su farsa de “familia ejemplar” se vino al traste cuando su propia esposa, Susana Iguchi, lo mandó a freír monos. Pero cuando se supo toda la verdad, ya era presidente. E iba por la reelección.

2. FACTORES DEL RIVAL

2.1. ALIANZA CON LAS FUERZAS ARMADAS

Alberto Fujimori, desde el inicio, fue el favorito de uno de los grupos más poderosos de Perú. A través de Vladimiro Montesinos, varios militares le “compartieron” al ingeniero información confidencial (a veces relacionada con la vida personal de Vargas Llosa, a quien llevaban años espiando) que éste no dudó en usar a su favor.

En un vivo contraste con el escritor, que a lo largo de su obra había criticado la brutalidad castrense (La ciudad y los perros, Conversación en La Catedral, La guerra del fin del mundo), o se había mofado de los militares (Pantaleón y las visitadoras) Fujimori se alió estratégicamente con ellos.

2.2. COMUNICACIÓN SENCILLA Y CLARA

El discurso de Alberto Fujimori siempre estuvo diseñado para personas de inteligencia magra y mente estrecha (sí, los que decidieron dichas elecciones a su favor). Fue de una simplicidad extrema: eslóganes cortos y pegajosos, frases de cajón muy bien administradas, reiteración de unos pocos conceptos (“honradez y trabajo”, “Fujimori: alguien como tú”, “el cholito vota por el chinito”) lo suficientemente ambiguos como para llegarle a todos. Y eso, por supuesto, dio sus frutos.

2.3. ESTRATEGIA PUBLICITARIA

Alberto Fujimori no se desgastó haciendo propagandas bizarras o incomprensibles. Fue al grano, con una publicidad hecha para aprovechar el temor de los votantes: les insistió en que desplegaría una política de “mano dura” contra el terrorismo (golpe a Sendero Luminoso y al MRTA), en que nadie pasaría por ningún tipo de shock económico (golpe a Vargas Llosa) y en que tendrían un gobernante fuerte, práctico y seguro de sí mismo (golpe tanto a Vargas Llosa como a García).

También supo utilizar “medios no convencionales” de propaganda: calumnia, maledicencia, propagación de falsos rumores, chismorreo de corrillo. Todo para enlodar la reputación de Mario Vargas Llosa. Para ello usó toda una red de líderes de opinión y periodistas de dudosa reputación.

Y a nivel de barriada, sobornó y manipuló a los jefes comunitarios para transmitirle a las personas que poco o nada habían leído del programa del FREDEMO (porque, de hecho, en sus vidas no solían leer sino poco o nada) un mensaje completamente distorsionado de las ideas de Vargas Llosa. Así, las clases populares pagaron su ignorancia y se dejaron meter gato por liebre de la manera más ingenua. Se perdieron la ocasión de elegir a un candidato honesto, que habría transformado sus malas condiciones de salud y educación, por estar oyendo todo tipo de falsedades que la campaña fujimorista, sin ruborizarse, divulgó sobre él: que era un depravado sexual, que iba a despedir a todos los pequeños funcionarios, que iba a expulsar del país a los pobres, que favorecería una invasión de los Estados Unidos, etcétera.

2.4. EL FACTOR MONTESINOS

Después de esta investigación, quedé convencido que en toda democracia corrupta un candidato tiene su victoria asegurada si cuenta con el respaldo de un personaje como Vladimiro Montesinos.

Astuto, manipulador, turbio y siniestro, Montesinos le dio el poder a Fujimori trabajando en distintos frentes: a) orquestando la guerra sucia contra Vargas Llosa, b) comprando votos y voluntades a lo largo y ancho del Perú, c) creando alianzas non sanctas con todo tipo de políticos corruptos (sumamente asustados con la posibilidad de que Vargas Llosa ganara la presidencia, pues el escritor había prometido que los mandaría a todos a prisión).

Con una mezcla de sociopatía y astucia (la famosa “malicia” de la que presumen tantos latinoamericanos, sin saber que lejos de ser una virtud es un defecto de baja estofa), el tristemente célebre Montesinos consiguió para su jefe todo lo necesario para lograr sus objetivos, ensuciándose (y ensangrentándose) las manos.

2.5. ESTILO GUSTADOR

Mientras Vargas Llosa encajaba en el imaginario de los electores dentro del arquetipo del “niño rico”, Fujimori hizo todo lo posible para ocultar su verdadero self: cada vez que visitó barrios populares escogió cuidadosamente su ropa más gastada; siempre que se dirigió a los estratos populares falseó hasta su entonación y prosodia para aparentar ser uno de ellos; no perdió ocasión de conectarse con cholos, mulatos e indios simulando un enorme gusto por sus tradiciones (gusto, y no respeto como Vargas Llosa: el respeto genera distancia). De ese modo, siendo un citadino rico logró calar en el inconsciente colectivo de su pueblo como el candidato de fácil trato y estilo de vida sencillo que todos anhelaban.  

Otro elemento que le granjeó muchas simpatías a Fujimori fue el de hacer entradas dramáticas, con todo el histrionismo posible. Esos gestos suyos eran impactantes. Mientras Vargas Llosa apelaba a la palabra, al oído y a la inteligencia, Fujimori llegó a través del gesto y de la imagen, a lo visual, a lo que mueve masas: conducir un tractor en mangas de camisa, calzarse unas botas sucias para caminar por un tierrero, colgarse un chalán o un poncho, o ponerse un chullo en la cabeza. Pura politiquería, es cierto. Pero la Historia nos muestra que dio resultado.

2.6. APOYO DEL GOBIERNO

Alan García detestaba a Mario Vargas Llosa, porque representaba todo lo que él siempre quiso y no pudo ser: una figura pública mundial, un autor famoso, un hombre elocuente y bien hablado. Y como dijo Oscar Wilde, “la envidia es el homenaje de los mediocres”. Además, el escritor lo fustigaba casi a diario desde mediados de 1987, y como si fuera poco, declaró en más de una ocasión que lo enviaría a la cárcel.

De otro lado, el binomio Fujimori-Montesinos evitó cuidadosamente atacarlo de frente, aunque la propaganda fujimorista insistía en el “cambio”. Y esa amplia red de “amigos y colaboradores fujimoristas” (esa gran mafia) creada por Vladimiro Montesinos llegó a incluir a muchos de sus allegados políticos.
Fue por eso que buena parte del fisco se dedicó a inyectar la campaña de Perú Posible entre 1989 y 1990 (Fujimori tenía muchos gastos sobornando sátrapas, pagándole a la prensa amarillista, subvencionando cafres y, ya en los meses finales de campaña, comprando votos). García y su partido, el APRA, apoyaron decidida aunque discretamente a Fujimori en la primera vuelta, dejando al candidato oficial del aprismo (Luis Alva Castro) en una incómoda situación (un respaldo puramente nominal). Y ya en la segunda vuelta, con la adhesión de Alva Castro a la campaña de Fujimori, se dejaron de lado las máscaras y todo el Estado peruano se volcó (en dinero, recurso humano, logística y apoyo de todo tipo) a ayudar a Perú Posible a alcanzar la presidencia.

¿Cómo puede suceder algo así? Para que lo entienda el escéptico lector danés o sueco: en América Latina es tan atractivo el poder porque quien lo tiene maneja el Estado (y sus recursos) a su antojo.

2.7. DEMAGOGIA Y POPULISMO

Alberto Fujimori supo aprovechar lo que Vargas Llosa no: el gusto del vulgo por las promesas sin cumplir. Sin remordimiento alguno, prometió a diestra y siniestra cosas que él mismo sabía irrealizables. Peor aún: prometía a un auditorio cosas que eran incompatibles con las cosas que había prometido ya a otro. Pero en el calor y la efervescencia de la campaña, muy pocos (sólo los inteligentes…es decir la minoría) detectaron dicha incoherencia.

En cambio el escritor, inocentemente, exponía meticulosamente su programa de gobierno (porque él sí tenía un programa de gobierno) a todos y cada uno de sus oyentes. Un solo mensaje, compacto y coherente. Y nada mentiroso. Obviamente, ante los paraísos invocados por Fujimori, sus propuestas le parecieron muy poco atractivas al populacho.  

2.8. DISCURSO ANTITERRORISTA

Como Bush y Uribe harían una década más tarde, Fujimori aprovechó la amenaza terrorista para suplir los enormes vacíos ideológicos de su partido. Se autoproclamó la solución al problema terrorista. Y eso, en un país devastado y desmoralizado por la violencia de las guerrillas, le trajo de vuelta una enorme popularidad.

Asimismo, la prensa amarillista que subvencionaba no cesó de mostrar a Vargas Llosa como un hombre débil, un intelectual incapaz de controlar al terrorismo. Llegó a circular una frase ponzoñosa, que muchos peruanos creyeron: “Mario Vargas Llosa sería un excelente presidente en Suiza, pero no en el Perú”.

2.9. OPORTUNISMO

Alberto Fujimori fue muy astuto, maliciosamente inteligente. Permitió que su rival se desgastara en un larga campaña (haciendo polémicas declaraciones, corrigiendo las consiguientes malinterpretaciones, rectificando, reformulando, aclarando…) y luego, en el momento justo, saltó al ruedo.

El sentido del timing fue, de hecho, una de las mayores virtudes de Fujimori a lo largo de su carrera. Ya como presidente, lo vi en numerosas ocasiones “apretando las tuercas” en el momento justo y en el lugar preciso (eso sí, sin ningún tipo de consideración humanitaria). Hasta en su fuga al Japón, cuando se le complicaron las cosas, fue un hombre con un claro sentido de la oportunidad.

3. FACTORES DEL ELECTORADO

3.1. LA ESTUPIDEZ MAYORITARIA

“Mayoría gana” es un meme tan difundido como trágico, en tanto que dicha mayoría casi nunca es la más culta, ni la más racional, ni la más crítica, ni la más madura, ni la más autónoma. Desde hace mucho se sabe cuán peligroso es dar el poder a la mayoría (como lo hacen casi todos los modelos de democracia en este planeta), en tanto que dicha mayoría (la masa poblacional) es generalmente ignorante, voluble, manipulable e inmadura.

Es un problema que se remonta a Platón, y que muchos filósofos (Aristóteles, Cicerón, Agustín de Hipona, Tomás de Aquino, Tomás Moro, Locke, Voltaire, Jaspers, Arendt, Popper, Rothbard, Nozick) han abordado (Campos, 2012). Lo cierto, creo yo, parafraseando a Aristóteles, es que la democracia es el menos malo de los tipos de gobierno: al menos permite cambiar de imbécil cada cierto tiempo. Pero uno de sus defectos más notorios está justo en la matriz de su virtud: asume que todos son igual de idóneos para elegir y tomar decisiones acertadas. En consecuencia, es inevitable que en el juego democrático una mayoría de tarados imponga, literalmente, a su idea o a su candidato.

Perú en 1990 no fue la excepción. Una aplastante mayoría se decidió por el fujimorismo, de manera insensata. Por supuesto, hoy en día, cuando el ingeniero paga una condena de 25 años de prisión, muchos niegan el haberlo apoyado. Pero los números hablan por sí mismos: hubo 4.489.997 votos por Fujimori, y sólo 2.708.291 por Vargas Llosa, ese nefasto 10 de junio de 1990.

3.2. EL SINO LATINOAMERICANO

En Latinoamérica gustan mucho los hombres y las mujeres “fuertes”, y se confunde a menudo la fuerza con la dominancia: “fuerte” es, entonces, el que exhibe más poderío físico (económico, político, ideológico, y en este siglo XXI de narcisos amantes del fitness, corporal).

¿Por qué casi siempre pierden los candidatos que son buenas personas, en elecciones populares?; ¿por qué siempre ganan los cafres? Porque al vulgo latinoamericano lo cautiva aún la imagen del centauro, del caudillo a caballo, del militar venido a líder. Tristemente, en este subcontinente se confunde liderazgo con la tendencia a gritar y mandar, con el abrirse paso a empujones y codazos, con la combatividad.

Los peruanos escogieron a Fujimori, al menos de modo inconsciente, porque encajaba bien con ese arquetipo del “hombre fuerte” (agresivo, imponente, “de armas tomar”, mandón, peligroso y dominante). Hablaba poco y de manera tajante, como un guerrero samurái. Insistía en que machacaría a los terroristas. Pese a su menuda constitución, trataba de parecer más alto y fuerte de lo que en realidad era. Y sus silencios, su parsimonia oriental y sus gestos de energía contenida respaldaban, en el alma de los electores, esa creencia de ser “el tipo indicado”.

Vargas Llosa, en cambio, daba una imagen de hombre “romántico” (idealista, apasionado y crédulo) e impetuoso (ya he hablado de lo fácil que perdía la compostura, de su impulsividad y de su hipersensibilidad). ¡Y para colmo, escritor! Pese a ser más alto y fornido que Fujimori, tomó el rol de “hombre débil” en el imaginario de los peruanos.

3.3. RACISMO Y DESCONFIANZA

Es algo obvio que muchos peruanos descendientes de amerindios (usualmente residentes en las zonas montañosas y de altiplano, “la sierra”, por lo cual se les conoce en su país como serranos) tengan la tendencia a desconfiar del español. La historia del Perú se escribió, como en el resto de América, más con sangre que con utopías. Pero más allá del justo centro, y de las necesarias reivindicaciones, hay que decir que algunos padecen de cierta tara cultural: el menosprecio al Otro, al prójimo, al que es diferente. Y la campaña fujimorista captó muy pronto lo que esto podía representar.

Por increíble que parezca, Mario Vargas Llosa (que no representa, en modo alguno, al hombre blanco europeo) fue considerado en su momento un “enemigo” por algunos serranos y algunos grupos indigenistas. Pese a su tez trigueña y su pelo negro, el hecho de no ser “lo suficientemente oscuro o amarillo” fue aprovechado por los tabloides fujimoristas para sembrar la desconfianza entre los iletrados. Además, su manejo impecable del castellano contribuyó a acrecentar esa desconfianza. La prensa del “Chino”, y sus famosos “líderes de opinión” (que usaron el voz a voz para perjudicar al escritor), encauzaron el racismo y la desconfianza del “indio”, del “cholo” y del “serrano” hacia el hombre blanco, tornándolo en antipatía hacia Vargas Llosa (al que algunos tontos llegaron a llamar “nazi”, sin tener en cuenta que no hay nada más opuesto a un nazi que un neoliberal).

En cambio Fujimori, con su famoso eslogan (“El cholito vota por el chinito”), y maniobrando astutamente con su red de “voceadores”, logró posicionarse como alguien racialmente cercano, pese a ser todo lo que los fanáticos indigenistas dicen odiar: un limeño rico, un citadino, un sujeto del litoral (al que el serrano tradicionalmente considera vicioso, corrompido y aprovechador). Realmente, no hay peor ciego que el que no quiere ver. O el que se deja convencer por un pasquín.

3.4. EL ARQUETIPO DEL PATRIARCA
Muy de la mano con el arquetipo del héroe o caudillo, el del patriarca es inherente a la humanidad. Freud, en Totem y tabú, y sobretodo Jung, en Psicología y Alquimia y El hombre y sus símbolos, encontraron que la imagen del patriarca se remonta al inicio de los tiempos.

Ese ícono del patriarca asume en muchas ocasiones un papel benévolo, bien sea de guía espiritual (Abraham, Jacob, José), o como legislador (Hammurabi, Akenatón, Moisés), o como un líder (padre simbólico) cuidador de sus súbditos (hijos simbólicos) como en el caso de David, Salomón, Nabucodonosor o Ciro.

En América Latina, por desgracia, las dinámicas de violencia y sacrificio sangriento de las culturas originarias, aunadas a la brutalidad de las prácticas de españoles y portugueses durante la Conquista, le dieron un especial matiz a ese arquetipo. Me figuro que instauró, en nuestro inconsciente colectivo, la imago de un patriarca que además de dominante es violento, presto al homicidio, “fuerte” por el uso de su cuerpo o sus herramientas (que además usa con facilidad como instrumentos de castigo).

Ese patriarca agresivo y presto a la cólera, unido al caudillo militar, produjo en los latinoamericanos esa creencia en que sólo un líder político (sea hombre o mujer: los latinos también le rinden pleitesía a la matriarca guerrera) truhán, gritón y amigo de las armas puede “solucionar la cosa”.

En ese orden de ideas, Alberto Fujimori (en conexión directa con Páez, Rivadavia, Rosas, Obando, Roca, Mosquera, Perón, Trujillo, Videla, Pinochet y Stroessner) tuvo todo el peso inconsciente (irracional e instintivo, y por ello, poderosísimo) de sus electores a favor.

3.5. UNA FRÁGIL DEMOCRACIA

En América Latina el presidente-escritor (una rareza, además, por esa tendencia de los votantes a desechar al candidato intelectual) suele ser el derrocado, el asesinado, el tumbado y deportado: la víctima, por antonomasia, del golpe de Estado.

No descarto que un temor muy profundo en el pueblo peruano a perder su tambaleante democracia (recuérdese que era, en ese entonces, una nación asediada por el terrorismo de inspiración marxista, y angustiada ante el fracaso evidente del modelo aprista), hubiera inclinado la balanza a favor de Fujimori. Dicho temor estaba de por sí justificado,  por una historia plagada de dictaduras y por el cariz apocalíptico que estaban tomando las cosas hacia finales 1989.

Si a esto le añadimos el mesianismo con el que muchos incautos invistieron a Alberto Fujimori, tenemos la ecuación completa.  
Lo irónico es que los peruanos cayeron en la trampa, e hicieron lo que se denomina en psicoanálisis una huída hacia adelante: desembocaron, sin quererlo, en el escenario que temían. Victorioso en la segunda vuelta, y en tan sólo un año de sistemática afirmación en el poder (valiéndose de todo tipo de sobornos y coimas, cómo no, con la ayuda de Vladimiro Montesinos), Alberto Fujimori preparó todo para dar el “autogolpe” de 1992: pasó por encima de la Constitución, cerró el Congreso, e instauró un régimen de hierro.     
“Y ahí, querido Varguitas, se terminó de joder el Perú” (Vargas Llosa, 2009, Sables y Utopías)


Conclusión Final


Mario Vargas Llosa perdió las elecciones presidenciales de 1990 en Perú por una desafortunada confluencia de factores. Digo desafortunada, porque para su país se hizo realidad una de las frases que el mismo Vargas Llosa había puesto en boca de un personaje suyo en Conversación en La Catedral. Dicha frase fue profética. Sí, literalmente, ese 10 de junio de 1990 “se jodió el Perú” (Vargas Llosa, Conversación en La Catedral, 1967).

Las democracias latinoamericanas se parecen mucho. Son inestables, frágiles, cambiantes, endebles. Dicen ser democracias representativas, pero en realidad sus gobiernos sólo representan a un puñado de familias y grupos de poder. Son frecuentemente vapuleadas por golpes de Estado. Disfrazan, a veces sin mucho éxito, regímenes francamente dictatoriales (como el de los hermanos Castro en Cuba, el de Fujimori en Perú, el de Uribe en Colombia o el de Chávez-Maduro en Venezuela). Por eso, el estudio de esas elecciones nos ofrece interesantes luces sobre cómo funcionan las elecciones en todo el contexto de América Latina.

En 1990 fue Vargas Llosa. Pero siempre hay intelectuales sacrificados. Intelectuales idealistas, bastante cándidos, que creen que bastan las buenas ideas y el compromiso para modificar la realidad. Lo que pude aprender de la campaña presidencial de 1990 en el Perú es que, efectivamente, en Latinoamérica no importan tanto las propuestas, ni el programa de gobierno, ni mucho menos la integridad o idoneidad del candidato. Los factores que terminan definiendo la victoria son mucho menos sublimes: la histeria de masas, la ignorancia de los pueblos, los intereses mezquinos de ciertos sujetos y de ciertas oligarquías, el miedo, la beligerancia, el soborno, el fraude, la prensa ladina y comprable, los chismorreos, la propaganda, el cómo perciban los electores a cada candidato (percepción que, por supuesto, siempre está distorsionada).  

David Alberto Campos Vargas (Colombia, 1982)


Algunos textos consultados


EL PEZ EN EL AGUA
AUTOR: Vargas Llosa, M.                                             EDITORIAL: Alfaguara
TÍTULO: EL PEZ EN EL AGUA                                  CIUDAD: Madrid
AÑO: 2010
RESUMEN DEL CONTENIDO:
El libro es una reflexión íntima de uno de los protagonistas de la contienda electoral de 1990 en Perú, Mario Vargas Llosa, a propósito de los agitados días transcurridos entre la fundación del Movimiento Libertad (2 de agosto de 1987) y la segunda vuelta (10 de junio de 1990).
En esta obra Vargas Llosa revela sus errores como candidato (excesiva franqueza, uso de un lenguaje excesivamente técnico en sus discursos, ingenuidad, excesiva transparencia, ignorancia de los intríngulis y padrinazgos de la política criolla, excesivo idealismo, desconexión de los sectores menos educados de su país), los aciertos de su rival (uso de una publicidad simple y escueta, apelación al miedo al terrorismo y a la necesidad de fortalecer la seguridad nacional, discurso populista y militarista) y las condiciones sociales, políticas, económicas y culturales de un Perú que no lo apoyó decididamente (escaso conocimiento de las propuestas de gobierno de parte de los votantes, apoyo soterrado del gobierno de Alan García a la candidatura de Alberto Fujimori, “guerra sucia” de parte de medios de comunicación sobornados por Fujimori y Montesinos, ignorancia, desconfianza innata de amplios sectores indigenistas frente a un hombre al que consideraban “blanco”).  
NÚMERO DE EDICIÓN: 1ª edición en Alfaguara, 2ª impresión en Alfaguara

LA CARRERA POLÍTICA DE MARIO VARGAS LLOSA TUVO SU CLÍMAX EN 1990
AUTOR: Mauricio Torres, corresponsal CNN México
NOMBRE DEL PORTAL: Noticias CNN en Español
LUGAR DONDE SE EDITA: Los Angeles, Estados Unidos
FECHA DE EDICIÓN: 7 de octubre de 2010
PÁGINA: expansión.mx/entretenimiento/2010/10/07/la-carrera-politica-de-mario-vargas-llosa-tuvo-su-climax-en-1990/
El 3 de agosto de 1987, todos los canales de televisión del Perú televisaron en vivo el discurso del escritor Mario Vargas Llosa contra las medidas económicas de Alan García, a la sazón presidente de la República. Con dicho discurso, publicado en la prensa como Frente a la amenaza totalitaria, Vargas Llosa tomó vuelo político y se erigió en el líder de la oposición al gobierno populista de García.
Su propuesta era hacer política de manera limpia y transparente. Su partido, el Movimiento Libertad, participó en las presidenciales de 1990 integrando el Frente Democrático (FREDEMO) y aunque cayó en la segunda vuelta, se constituyó en una de las propuestas más interesantes que ha tenido la política peruana en su historia.
Más de dos décadas después de esas elecciones, Mario Vargas Llosa es un escritor y pensador reconocido mundialmente, galardonado con el Nobel de Literatura, el premio Cervantes, el premio Grinzane-Cavour y el premio Nabokov. A su vez, Alberto Fujimori se encuentra cumpliendo una condena de 25 años de prisión, por apropiación de fondos públicos, peculado doloso, homicidio doloso, allanamiento ilegal de morada, secuestro agravado y crímenes de lesa humanidad.  
Después de recibir el premio Nobel de Literatura en 2010, Vargas Llosa sigue siendo un activo defensor del liberalismo político y aunque no participa directamente en política, sigue publicando artículos de opinión y editoriales, porque, afirma, “además de escritor, soy ciudadano”.


ENTORNO Y ELEMENTOS DE LOS PROCESOS ELECTORALES Y LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN EN EL PERÚ
AUTORES: Cuervo, S. Matute, G. Quintana, V.  EDITORIAL: ESAN ediciones
Salas, R. Valdés, A. Valdivia, P.                             IMPRESIÓN: Universidad ESAN,            
AÑO:  2011                                                                                       Lima, Perú
RESUMEN DEL CONTENIDO:
El FREDEMO lanzó una costosa inversión en televisión, pero casi la mitad de los televidentes peruanos, en 1990, estaba concentrada en Lima. Vargas Llosa escribió y publicó numerosos artículos y columnas en los medios impresos menos leídos por las masas populares (periódicos especializados, revistas especializadas).
Perú Posible usó tabloides y periódicos populares de amplia difusión en los estratos bajos. Fujimori utilizó redes alternativas de intercambio (uso de megáfono y discursos breves e improvisados, repartición de productos domésticos y alimentos, aparición en entrevistas de programas de alta sintonía).
La campaña de Vargas Llosa contó con el apoyo económico de simpatizantes privados. La campaña fujimorista contó con la inyección soterrada de recursos del gobierno de Alan García y del partido APRA, además de la colaboración abierta de empresarios y de miembros de las fuerzas armadas.  
Alberto Fujimori y su asesor Vladimiro Montesinos utilizaron un modelo de contagio y rumor en calles y plazas, que incluía una “guerra sucia” contra Vargas Llosa, al que acusaron de ateo, pervertido y pederasta, y del que inventaron que iba a destituir de su cargo a todos los funcionarios públicos.
Fujimori usó eslóganes sencillos y que apelaban al racismo típico del altiplano (“Vota por un presidente como tú”) y al resentimiento de las clases bajas frente a las clases altas limeñas (“El cholito vota por el chinito”).
NÚMERO DE EDICIÓN: Primera edición

CINCO ESQUINAS
AUTOR: Vargas Llosa, M.                                    EDITORIAL: Alfaguara
                                                                                 IMPRESIÓN: Abril de 2016            
AÑO:  2016                                                             Madrid, España
RESUMEN DEL CONTENIDO:
Esta novela toma su nombre de uno de los barrios tradicionales más representativos del pueblo llano limeño: Cinco Esquinas. Aunque es evidente la construcción literaria del texto (que está plagado de muchas técnicas características de Vargas Llosa, como el uso del suspenso, el cambio de narrador y el uso del diálogo acabalgado), se trata de un documento valioso para entender la vida y la sociedad peruana de los años en los que está ambientada (finales de la década de 1980 y principios de la década de 1990). Es, en ese sentido, una novela histórica en todo el sentido de la palabra.
Haciendo a un lado los elementos ficticios del texto (los enredos maritales y personales de su protagonista), se puede encontrar un extenso análisis de uno de los factores que decidió la derrota de Vargas Llosa en las presidenciales de 1990: el modo en que la campaña fujimorista manejó la prensa. Especialmente esa prensa sensacionalista, vulgar y ampliamente consumida por los sectores más ignaros (que constituyen la mayoría del electorado) del Perú y de Latinoamérica. 
La prensa amarillista peruana se encargó de engrosar las filas del fujimorismo a costa de los estratos populares de Lima y las ciudades costeras (Callao, Chiclayo, Chimbote, Ica, Piura, Sullana y Trujillo). Apoyado en el siniestro Vladimiro Montesinos (un ególatra con pretensiones de “hombre rudo”, arquetipo del lagarto y burócrata corrupto de Latinoamérica), el ingeniero Alberto Fujimori logró ganar la Presidencia de la República a partir de los dineros (¡“públicos”!) que el propio gobierno de Alan García y su partido (el APRA) inyectaron a su campaña, muchos de los cuales se gastaron en una costosa guerra sucia contra el candidato del Movimiento Libertad y del FREDEMO, el escritor Mario Vargas Llosa.
Dicha guerra sucia incluyó maniobras de lo más execrable, como el desprestigio del rival levantando calumnias o la ventilación de aspectos de su vida privada (se tildó a Vargas Llosa de trastornado mental, de pedófilo, de antipatriota, de “burgués”, de “nazi ultraderechista”, y otros epítetos bastante censurables). Y como el vulgo no lee revistas especializadas, sino ese tipo de periodismo de cloaca (denominación patentada por el propio Vargas Llosa), el efecto fue determinante.
En Cinco esquinas también se relata cómo el Fujimorismo se afianzó en Perú haciendo uso de diferentes estrategias: soborno de autoridades civiles y militares, asesinato selectivo de opositores al régimen, debilitamiento (a veces franco ostracismo) de otros partidos políticos, intimidación de potenciales disidentes.
NÚMERO DE EDICIÓN: Primera edición

FE DE RATAS (HISTORIAS DE CORRUPCION)
AUTOR: Wiener, R.                                  EDITOR: Wiener, R.
                                                                    IMPRESIÓN: Octubre de 2011
AÑO: 2011                                                 Lima, Perú
RESUMEN DEL CONTENIDO:
En este libro, el periodista peruano Raúl Wiener intenta atisbar la historia política del Perú entre 1985 y 2010 asomándose a los enredos, escándalos y tragedias de los corruptos personajes que moldearon la vida del Perú en esos años.
De manera valiente, Wiener denuncia “las ratas” (los corruptos), a los que llama “malditos acostumbrados al robo” y de los que saca a la luz pública todas sus bajezas. Inicia con los actos de corrupción del primer gobierno de Alan García (1985-2000), al que culpa de permitir la entrada en escena del “derechista” Mario Vargas Llosa (por el que tampoco parece sentir mucha simpatía, pues lo culpa de justificar una “tecnocracia fría” y un sistema económico “opresor”) y la del “bandido” Alberto Fujimori, a quien señala como la cabeza “de un gobierno mafioso como no ha existido otro en la Historia, en el que se toleró el robo y el crimen en nombre de la eficacia económica” (Wiener, 2011). Después de despotricar contra los tres periodos presidenciales de Alberto Fujimori (1990-1995, 1995-2000, y el último, iniciado en la segunda reelección de 2000 y terminado abruptamente con la huída del ingeniero a Japón, una vez su situación en Perú se hizo vulnerable), Wiener señala las peripecias por las que tuvieron que pasar los pocos periodistas que se atrevieron a ser independientes durante el régimen fujimorista (algunos de los cuales hasta perdieron sus trabajos, como César Hildebrandt) y otros periodistas que, pese a ser fujimoristas, cayeron en desgracia y lo perdieron todo (como Baruch Ivcher, a quien se le cerró su canal de televisión y se le llegó a quitar su nacionalidad peruana).  
Wiener también acusa al ex presidente Alejandro Toledo (2001-2006) de haber sido muy blando con los antiguos colaboradores del régimen de Fujimori. Le critica su mesianismo inicial y la forma en que terminó gobernando (como un tecnócrata más, distinto de ese candidato carismático y populista que fue entre 1998 y junio de 2001). También indica que Toledo terminó negociando “la lucha democrática y moralizadora de 2000, en nombre de una transición prolongada” (Wiener, 2011). Después, con el inevitable reencauche y retorno de Alan García (que se aprovechó del desprestigio de Alberto Fujimori para posar de “mártir”) a la Presidencia de Perú, Wiener señala que se dio una recaída en un “fujimorismo sin Fujimori”, en la que públicamente se perseguía al dictador pero privadamente se tejían alianzas con sus allegados.
El texto de Wiener señala también que en el mundillo político del Perú la corrupción se volvió una costumbre, y que valores como la honestidad, el trabajo y la honradez se vieron tristemente olvidados. Y advierte que con unos medios de información y comunicación dominados por los antiguos partidarios de Fujimori, y con la torpeza de Ollanta Humala como presidente, sigue latente el peligro de que triunfe Keiko Fujimori (hija y autoproclamada sucesora del ex “hombre fuerte” de Perú) en un futuro no muy lejano. 
NÚMERO DE EDICIÓN:          Primera edición.                              

MARIO VARGAS LLOSA. BIOGRAFÍA
AUTOR: Pindel, T.                                  EDITORIAL: Znak
                                                                   IMPRESIÓN: Octubre de 2014
AÑO: 2014                                                 Varsovia, Polonia
RESUMEN DEL CONTENIDO:
El historiador y crítico literario Tomasz Pindel, experto en literatura latinoamericana, se lanza en este libro a desentrañar la vida del polifacético Mario Vargas Llosa, a quien describe como un creador genial y un hombre polémico por naturaleza.
En cuanto a la breve y meteórica carrera política de Vargas Llosa (que inició con el manifiesto Frente a la amenaza totalitaria y la fundación del Movimiento Libertad en 1987, y terminó con la decepcionante derrota del escritor en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de 1990), Pindel señala que, en efecto, el escritor se vio empujado a la arena política que siempre había despreciado (hastiado, como muchos latinoamericanos, de la corrupción inherente a ella) por sus propias convicciones.
Pindel advierte que Vargas Llosa no necesitaba lanzarse a esa aventura desgastante y distractora (fueron tres años, en los que sólo escribió una novela corta, y de menor calidad, llamada Elogio de la madrastra), pero que lo hizo traicionado por su propio deseo de encarnar ese ideal de “escritor comprometido” que había admirado en autores como Russell o Sartre.
El intento de Vargas Llosa, lejos de ser un idilio con el pueblo peruano, fue una colección de desilusiones, fatigas y estrellones contra la realidad. Vargas vivió un verdadero calvario a propósito de su apoyo al modelo económico neoliberal y globalizador (se le tildó de derechista, y se hicieron burlas con respecto a su interés por el pueblo peruano), a propósito de sus posturas religiosas (se le llamó ateo e inmoral, sólo por hacer contrastar eso con el catolicismo aparente de Fujimori) y a propósito de su propio estilo (sus declaraciones públicas fueron tergiversadas, malinterpretadas y suciamente distorsionadas por el ejército de periodistas pagados tanto por el gobierno de García como por la campaña de Fujimori).
NÚMERO DE EDICIÓN: Primera edición.

LIBERTAD: LITURGIA DE MARIO VARGAS LLOSA
AUTOR: Defort, M.                                  EDITOR: Editorial Académica Española
                                                                    IMPRESIÓN: Mayo de 2012
AÑO: 2012                                                 Madrid, España
RESUMEN DEL CONTENIDO:
Madalena Defort expone en este libro el ideario político de Mario Vargas Llosa.
Al lado de grandes pensadores como Karl Popper, Isaiah Berlin, Ludig von Mises, Henry Hazlitt, Salvador de Madariaga, Friedrich von Hayek y Murray Rothbard, Mario Vargas Llosa siempre ha sido un adalid del Liberalismo.
El mismo nombre del partido político fundado por él (Movimiento Libertad) da una clara idea de qué pretendía el escritor en los agitados días que vivió entre 1987 y 1990, cuando sin siquiera proponérselo terminó siendo aclamado candidato a la Presidencia de la República de Perú por los sectores más educados y menos inclinados al populismo nacionalista de Alan García.
Vargas Llosa se propuso lograr la libertad del ciudadano peruano en una época en la que aún muchos estadistas latinoamericanos le apostaban a un modelo socialista y creían, erróneamente, que el marxismo traería el progreso a sus naciones. Una época crítica en la historia de su país, mal gobernado por un partido (el APRA) tan corrupto como omnívoro, muy dispuesto a usar el aparato estatal como una herramienta más para mantenerse  en el poder.
Defort muestra, a lo largo de sus páginas, cómo el Movimiento Libertad se constituyó en el abanderado de la libertad individual, de la libertad de empresa, de la libertad de prensa y del aperturismo económico en esos días aciagos del régimen aprista. Libertad. Ese fue el grito de lucha de Mario Vargas Llosa, frente a los atropellos de García.
Pero como muy bien sugiere la autora, ese grito de lucha no se restringe a esos años de campaña. Toda la vida y toda la obra del Nobel de Literatura peruano son un afán de libertad. Sus novelas (empezando por la aclamada La ciudad y los perros) son una denuncia del Estado omnipresente y acaparador, un ataque al militarismo y a la insania de las dictaduras, y una crítica a ese uso de la fuerza bruta que define a los regímenes totalitarios. Aún después de la derrota electoral, y pese a que nunca más se ha vuelto a postular para algún cargo público en Perú o en España, Vargas Llosa sigue siendo un activista político. No le teme a la controversia, y habla con valentía cada vez que se atenta contra la libertad humana, en cualquier rincón del planeta. 
NÚMERO DE EDICIÓN: Primera edición.

HISTORIA DE LA CORRUPCIÓN EN EL PERÚ
AUTOR: Quiroz, A.                                  EDITORIAL: Instituto de Estudios Peruanos
                                                                    IMPRESIÓN: Mayo de 2013
AÑO: 2013                                                 Lima, Perú
RESUMEN DEL CONTENIDO:
En este libro, el intelectual e historiador Alfonso Quiroz denuncia que desde los inicios de la República, en el Perú los políticos “han hecho del Estado su botín” (Quiroz, 2013), y que tras la nefasta derrota de Vargas Llosa en 1990 (a quien elogia como un decidido opositor al régimen autoritario del APRA a finales de la década de 1980), la pareja de hampones Alberto Fujimori-Vladimiro Montesinos realizó lo que parecía imposible: batir todas las marcas en cuanto a corrupción y abuso de poder.
Con una prosa limpia y un amplio respaldo bibliográfico, Quiroz señala que esa enfermedad social llamada corrupción se hizo literalmente del gobierno con el triunfo de Fujimori. Tras dicho triunfo se difundieron las fronteras entre lo público y lo privado, pues el dictador y su familia usufructuaron al Estado peruano: usaron dineros públicos como si fueran suyos, pagaron favores políticos con cargos públicos, permitieron a amigos y compinches evadir impuestos, sobornaron y se echaron al bolsillo a quienes debían velar por la integridad política en el Perú, asesinaron o arruinaron a quienes consideraron demasiado díscolos o divergentes, y favorecieron a sus copartidarios sin considerar los méritos de los miembros de otras colectividades.
Quiroz también sustenta que la década de Fujimori fue una “normalización de la corrupción”: los peruanos se acostumbraron a ella, y la asimilaron en sus vidas. Todo se hizo fraudulento, sobornable y “coimero”. Así como la corrupción había batido a Vargas Llosa, acabó con todo lo que hubiera podido haber de respetabilidad o decencia en la vida social peruana.
NÚMERO DE EDICIÓN: Primera edición.

CRECER A GOLPES: CRÓNICAS Y ENSAYOS DE AMÉRICA LATINA A CUARENTA AÑOS DE ALLENDE Y PINOCHET
AUTORES: Caparrós, M., Fonseca, D. Lee, J.,  EDITORIAL: Penguin Group
Magalhaes, M., Muñoz, M., Padura, L.                IMPRESIÓN: Agosto de 2013
AÑO: 2013                                                           Nueva York, Estados Unidos
RESUMEN DEL CONTENIDO:
El desastre peruano (que implicó, al menos durante una década, el retroceso al caudillismo del siglo XIX, el final de los partidos políticos, la instauración de una dictadura “maquillada”, y las prácticas de corrupción más descaradas) empezó con la derrota de Mario Vargas Llosa en 1990.
Para los autores, la victoria de Fujimori sobre el intelectual simbolizó la victoria de la barbarie sobre el pensamiento, del militarismo sobre a la cordura, de la corrupción sobre la transparencia.
Detrás de la derrota del escritor, para estos autores, estuvo un hombre “mediocre y corrupto”: Vladimiro Montesinos. Un sujeto al que describen como el “Rasputín peruano”, el poder detrás del poder (en su calidad de “mano derecha” de Alberto Fujimori). Chantajista, coimero, muy dado al uso de la fuerza. Y, por supuesto, muy cercano a los militares.
Como los autores señalan, para nadie era una sorpresa que las fuerzas armadas apoyaran de manera tan decidida la candidatura de Alberto Fujimori. Vargas Llosa les repudiaba, como les suelen repudiar los pensadores a los militares. Montesinos, en cambio, tenía todo tipo de tratos y familiaridades con muchos de ellos. Esos militares le filtraron información confidencial (muchas veces relacionada con la vida personal y familiar de Vargas), que Montesinos supo aprovechar para favorecer a su jefe.
El fujimorismo no tenía in corpus ideológico, ni un grupo de pensadores. Ni siquiera un paradigma o un programa claro de gobierno. Sus promesas, ambiguas y escuetas, contrastaban con el muy completo ideario del movimiento de Vargas Llosa. Sus armas fueron siempre el temor de la población (a la que Fujimori le vendió la necesidad de “mano fuerte” contra el terrorismo), el chantaje, las cortinas de humo, la compra de votos y voluntades.
La turbia red que el dúo Fujimori-Montesinos había tejido en el bajo mundo del periodismo, terminó completando la debacle del candidato del FREDEMO. Una prensa amarillista hizo añicos la respetabilidad de Vargas Llosa en los estratos populares. Y esa misma masa acéfala, sutilmente manipulada por los periodistas comprados por Montesinos, no tuvo problema en convertir a Fujimori en su elegido.
NÚMERO DE EDICIÓN: Primera edición.

VIOLENCIA Y AUTORITARISMO EN EL PERÚ. BAJO LA SOMBRA DE SENDERO Y LA DICTADURA DE FUJIMORI
AUTOR:   Burt, J.M.                                EDITORIAL: Instituto de Estudios Peruanos
TRADUCTOR: Cadena, A., Neira, E.     IMPRESIÓN: Abril de 2011
AÑO: 2011                                                           Lima, Perú
RESUMEN DEL CONTENIDO:
La crisis política de finales de la década de 1980 y la acción terrorista de la guerrilla marxista Sendero Luminoso (que había puesto en jaque al Estado peruano) configuró el ascenso de Alberto Fujimori.
El terrorismo afectaba sobretodo a las personas más pobres. Este pueblo llano, acorralado por los guerrilleros y prácticamente olvidado del gobierno, pedía a gritos alguien que frenara al Sendero. El “chinito” se ganó el apoyo del vulgo al mostrarse lo suficientemente duro y combativo. Se autoproclamó el salvador que trataría con “mano dura” a los terroristas. Los otros candidatos, incluido el reconocido Mario Vargas Llosa, fueron mostrados por la prensa comprada por el fujimorismo como incapaces de controlar a los subversivos.    
Ya en el poder, Fujimori no dudó en imponer leyes draconianas, siempre escudado en que era algo necesario para acabar con el terrorismo. Su autogolpe, con pleno respaldo de las fuerzas armadas, le permitió al dictador cerrar un Congreso en el que los derrotados (y opositores) partidos Frente Democrático y Movimiento Libertad tenían buena parte de los escaños. De paso, Fujimori anuló la Constitución e instauró un gobierno claramente personalista y caudillista.
El contubernio entre el ingeniero y el Ejército fue el causante de un sufrimiento equiparable al causado por la guerrilla. El autor señala cómo miles de personas fueron encarceladas, torturadas, violentadas sexualmente, desaparecidas o asesinadas a manos del propio Estado que manifestaba estarlas “protegiendo”, entre 1990 y 2000. El régimen de Alberto Fujimori violó reiterada y masivamente los derechos humanos.
NÚMERO DE EDICIÓN: Segunda edición

MARIO VARGAS LLOSA: A LIFE OF WRITING
AUTOR:   Williams, R.                           EDITORIAL: University of Texas Press
                                                                   IMPRESIÓN: Diciembre de 2014
AÑO: 2014                                                 Austin, Texas, estados Unidos
RESUMEN DEL CONTENIDO:
Para Williams (académico y crítico literario, experto en el boom latinoamericano), Mario Vargas Llosa es uno de autores más polémicos de todos los tiempos, por su tendencia natural a inmiscuirse en política. Es un autor que no le teme a la controversia y no le huye (y nunca lo ha hecho) al debate público. Tal vez por ese motivo se lanzó de manera bastante atrevida (pues no tenía ninguna experiencia en el asunto), tal como sugiere Williams, a una campaña casi suicida, en la que se expuso a todo tipo de vejaciones.
Williams señala que muchas personas del ámbito literario quedaron sorprendidas por el cariz que fueron tomando los asuntos. Todo empezó con una declaración explosiva del escritor, a propósito de la intención del gobierno de Alan García de nacionalizar la banca peruana. Vargas Llosa advirtió al pueblo peruano que se acercaba un totalitarismo disfrazado de socialdemocracia. Después, la multitudinaria asistencia a un mitin convocado por el propio Llosa en la plaza San Martín, en Lima, lo parapetó a la carrera por la presidencia de la República. Con la colaboración de allegados e intelectuales, el escritor se vio empujado a los tres años más vertiginosos de su vida, fundando un partido (Movimiento Libertad) y exponiéndoe a todos los avatares de la vida pública, con el sinsabor siempre presente (y creciente) de no poder dedicarle todo el tiempo que quería a su oficio de escritor.
La campaña de 1987 significó también para Vargas Llosa el dejar de lado, con estridencia, todas sus ideas (de corte izquierdista) profesadas en la década de 1960, y asumir un modelo neoliberal, aperturista y globalizador, que efectivamente era necesario para el desbarajuste económico que se vivía en el Perú, pero que terminó alejándolo de las clases populares. Irónicamente, Fujimori negó durante su campaña que dicho “shock” económico fuera necesario, pero lo implementó con creces tan pronto se posesionó como presidente.
NÚMERO DE EDICIÓN: Primera edición

THE CAMBRIDGE COMPANION TO MARIO VARGAS LLOSA
AUTORES: King, J., Kristal, E.             EDITORIAL: Cambridge University Press
                                                                  IMPRESIÓN: Noviembre de 2012
AÑO: 2012                                               Cambridge, Inglaterra 
RESUMEN DEL CONTENIDO:
En esta interesante visión de la vida y la obra de Mario Vargas Llosa, los autores señalan que el escritor tenía muchas expectativas y esperanzas cuando asumió su candidatura a la presidencia de Perú en 1990. Estaba convencido de que podía ayudar a su patria a salir del atolladero.
Los autores llaman la atención sobre el hecho de que los libros de Vargas Llosa se hicieron cada vez más pesimistas con respecto a la posibilidad de cambiar el destino de las naciones por la vía política, y que no es casualidad que su obra cumbre, La Fiesta del Chivo, trate sobre un tiranicidio (justificado por la impotencia de los conjurados ante la imposibilidad manifiesta de hacer un cambio de gobierno por la vía política).
También señalan que él mismo encarnó al rebelde solitario que describió en Historia de Mayta, y al héroe trágico patente en varios personajes de La guerra del fin del mundo, cuando inevitablemente se enfrentó al establishment y a la autoridad que él mismo siempre había querido combatir. Y que, a partir de su derrota, todos sus “revolucionarios” la tienen perdida de antemano y terminan trágicamente (como Roger Casement en El sueño del celta, o Paul Gaughin en El paraíso en la otra esquina).

2. RAE

Título: La guerra del fin de la democracia: Mario Vargas Llosa versus Alberto Fujimori
Autor: Jeff Daeschner
Edición: Lima, Peru Reporting, 1993
Fecha: 10 de junio de 2016
Palabras clave: Elecciones, Perú, 1990, Fujimorismo, Perú Posible, Movimiento Libertad, Mario Vargas Llosa, Alberto Fujimori, Alan García, Vladimiro Montesinos
Descripción: Libro
Fuentes: Varios autores
Contenidos: En este texto de 375 páginas, el autor hace un recorrido por la situación social, económica y política de Perú a finales de los años 80 del siglo pasado. Después de analizar la tensa situación política de dicho país por esos días, esgrime su argumento principal: en dicha campaña se enfrentaron la democracia (encarnada en el más representativo de los demócratas peruanos, el pensador neoliberal Mario Vargas Llosa) y la dictadura (aspiración del fujimorismo), la creencia en la concertación y el autoritarismo, la vía democrática versus la fuerza de las armas.
La intención de Mario Vargas Llosa y su partido, el Movimiento Libertad (fundado junto a intelectuales como Miguel Cruchaga, Freddy Cooper y Fernando de Szyszlo), era la de abrir al Perú al mercado global, en un proceso de industrialización y crecimiento económico que le apuntaba a alcanzar el desarrollo de la mano de una concepción neoliberal de la economía y del Estado.
El presidente Alan García y su partido, el APRA, le habían apostado a un estilo de gobierno de izquierda, con un fuerte ingrediente populista, que había hipertrofiado al Estado y tenía a su país al borde del colapso (con un desempleo y una inflación marcando cifras récord).
Cuando García pretendía estatizar la banca peruana en 1987, Mario Vargas Llosa se opuso e inició una verdadera batalla entre dos ideologías: la socialista de García versus la liberal de Vargas (que, a su vez, se inspiraba en los modelos de Estado de Reagan y Tatcher).
Tras una larga y desgastante campaña, en la que el escritor se enfrentó a Pease, Alva, Barrantes y Cáceres en agrios debates, un ingeniero oportunista y con grandes ambiciones, apoyado por un grupo de gente inescrupulosa y que esperaba hacer del Estado un dominio personal, realizó una campaña relámpago, y con una propaganda combativa y de desprestigio contra Vargas Llosa, y liderando un partido recién creado (Cambio 90-Perú Posible), con se alzó con la victoria en las presidenciales de 1990.
Después de pocos meses en el gobierno, Alberto Fujimori se quitó la máscara e impuso un gobierno autoritario, sin derecho a oposición, clausurando el Congreso y asumiendo el poder de forma personal.
Metodología: Investigación Documental
Conclusiones: El ascenso de Alberto Fujimori se dio con la participación de muchos sectores interesados en que se instaurara un régimen “duro” en Perú, con la complicidad de las fuerzas armadas y aún del propio gobierno de Alan García. La victoria de Fujimori significó el fin de la democracia: se acabó el sistema multipartidista, se cerró el Congreso y se empezó a gobernar de manera dictatorial.
Autor del RAE: David Alberto Campos Vargas

Título: Elecciones 1990. Demonios y redentores en el Perú. Una tragedia en dos actos.
Autor: Carlos Iván Degregori, Romeo Grampone
Edición: Lima, Instituto de Estudios Peruanos, 1991
Fecha: 11 de junio de 2016
Palabras clave: Alberto Fujimori, Mario Vargas Llosa, Votaciones, Elecciones, Perú, 1990.
Descripción: Libro
Fuentes: Varios autores
Contenidos: En este libro, los autores abordan las dinámicas sociales que permitieron una campaña fuera de serie en el Perú, y que explican un comportamiento electoral bastante llamativo.
La situación social y política de Perú hacia 1990 era un hervidero. Entre el pésimo gobierno de Alan García y la acción terrorista de Sendero Luminoso, parecía que las cosas sólo podían ir de mal en peor.
La contienda electoral fue de lo más llamativo: se enfrentaron un escritor y un ingeniero. Ambos sin experiencia política. A su paso dejaron derrotados a varios políticos de oficio, mucho más curtidos. Era más que claro que los peruanos deseaban un cambio.
Vargas Llosa contaba con un programa coherente y bien estructurado, unos asesores de lujo (Sawyer and Miller) y una imagen pública muy positiva, dada su celebridad como autor de grandes obras literarias y figura clave del boom latinoamericano. Él mismo, y muchos, consideraban que sus excelentes propuestas y el respaldo del Frente Democrático (FREDEMO) daban por descontada una victoria.
Pero apareció el tsunami. El ingeniero Alberto Fujimori, más allá de las acusaciones de evasión de impuestos formuladas por el FREDEMO, mostró un ascenso meteórico en la preferencia de los peruanos, y ya en abril de 1990 le estaba pisando los talones a la mayor gloria de las letras peruanas.
Después de una apretada primera vuelta, los meses transcurridos entre abril y junio de 1990 fueron para alquilar balcón. Se trató, en todo el sentido de la palabra, de una de las campañas más vistosas y emocionantes. Al final, el estilo populista y la simplicidad del discurso de Fujimori se impusieron.
Metodología: Investigación Documental
Conclusiones: La campaña de Alberto Fujimori superó con creces a la de Mario Vargas Llosa. Su mensaje, directo y sencillo, comprensible para la mayoría de los peruanos, y su estilo peculiar de manejar las cosas, concretaron lo que parecía imposible: derrotar al famoso escritor.
Autor del RAE: David Alberto Campos Vargas

Título: Ciudadano Fujimori. La construcción de un político.
Autor: Luis Jochamowitz
Edición: Lima, Peisa, 1993
Fecha: 14 de junio de 2016
Palabras clave: Alberto Fujimori, Raíces, Ciudadanía, Nacionalidad, Japón, Personalidad, Corrupción.
Descripción: Libro
Fuentes: Varios autores
Contenidos: En este libro, Luis Jochamowitz se decide a explorar lo que muchos harían siete años más tarde, cuando a raíz de la huída de Alberto Fujimori al Japón y el derrumbe de su régimen se puso de moda el indagar sobre la personalidad del “hombre fuerte” del Perú de finales de siglo XX.
Fujimori tenía una forma de ser hermética, indescifrable para sus electores. En cierto sentido, ello constituyó una ventaja en su campaña contra Mario Vargas Llosa. Su silencio y su carácter taciturno y flemático lo hacían parecer mucho más interesante y mucho más inteligente de lo que realmente era. El escritor, en cambio, era demasiado sincero y transparente: al final de la campaña, muchos peruanos ya tenían la sensación de que lo conocían lo suficiente. En cambio, a Fujimori lo envolvía el halo del misterio.
Fujimori se hizo famoso de la noche a la mañana. Nadie sabía de él, y todos querían conocerlo. Lo interesante es que muchos peruanos nunca sospecharon de su doble nacionalidad, de sus mujeres, de sus enredos familiares y fiscales, de su relación con siniestros personajes.    
Lo cierto es que durante su campaña, y durante toda su presidencia, el ingeniero Fujimori trató de vender una imagen de esposo y padre de familia ejemplar, profesor universitario y juicioso rector. Una imagen que encubría al otro Fujimori, al verdadero, lleno de defectos e historias subrepticias.
Metodología: Investigación Documental
Conclusiones: Alberto Fujimori nunca permitió que lo conocieran demasiado. Sólo mostró a los peruanos la cara que le interesaba mostrar: la de un ingeniero impecable, hombre de familia y cumplidor de su deber. En realidad, sus electores jamás lo conocieron a fondo.
Autor del RAE: David Alberto Campos Vargas

Título: El expediente Fujimori: Perú y su presidente, 1990-2000
Autor: Sally Bowen
Edición: Lima, Perú Monitor, 2000
Fecha: 14 de junio de 2016
Palabras clave: Alberto Fujimori, Perú, Fujimorismo, Corrupción, Poder.
Descripción: Libro
Fuentes: Varios autores
Contenidos: En este libro de 398 páginas, la investigadora inglesa trata de entender a Alberto Fujimori, su forma de gobernar, sus allegados y sus intereses personales. A partir de ahí, busca hacerse una idea de cómo este hombre influyó en el Perú.
En tan sólo diez años, Fujimori y el fujimorismo le cambiaron la cara a Perú. Se convirtió en un país económicamente viable, competitivo, con aspiraciones de liderazgo en el contexto latinoamericano.
Pero esta historia de éxito aparente tiene también una faceta repulsiva: una telaraña siniestra, tejida con base en sobornos, violaciones a los derechos humanos, intimidaciones y malos manejos. Vladimiro Montesinos, espía y mano derecha de Alberto Fujimori, se encargó de confeccionar para su patrón y protector un país “hecho a su medida”: corrupto, miedoso y manejable.
Metodología: Investigación Documental
Conclusiones: La historia reciente de Perú no puede entenderse sin Alberto Fujimori y todo el entramado de amigos y colaboradores que su fiel Vladimiro Montesinos le consiguió. Fujimori hizo realidad las promesas de Vargas Llosa (apertura económica, globalización, modernización, industrialización, crecimiento económico), pero, sin duda, no era un hombre como Vargas Llosa. Usó al Perú y al Estado peruano a su antojo, para amasar una gran fortuna, y forjó un país de mediocres acostumbrados a la corrupción y al clientelismo.
Autor del RAE: David Alberto Campos Vargas

David Alberto Campos Vargas (Colombia, 1982)
Médico Psiquiatra, Filósofo, Historiador, Escritor


1 comentario:

Anónimo dijo...

profundo analisis, excelente documentación. Más sorprendente aún siendo el autor colombiano, conoce mejor el Peru que muchos compatriotas