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sábado, 20 de agosto de 2016

¿POR QUÉ SOY CATÓLICO?, por David Alberto Campos Vargas

1. Soy católico porque, tras una extensa búsqueda espiritual, no he encontrado una religión mejor fundamentada. Y digo religión, no “movimiento”, ni “ideología”, ni “filosofía”, porque religión es mucho más que eso. Es re-ligazón, re-unión, un feliz retorno a Dios, origen y causa de todo lo que existe.
Me parecen peligrosos los fundamentalismos. Nada más espantoso que una fe autista, una fe sin el necesario acompañamiento de la razón. Y el catolicismo permite disfrutar de ambos. El catolicismo ensambla, como ninguna otra experiencia existencial, esas dos dimensiones. Permite pensar. Permite razonar.

2. Me parece inimitable el catolicismo porque es la religión fundada por Jesucristo. Eso no tiene parangón. No fue producto de un pensador, ni de un estadista, ni de un místico. No fue producto del arrebato de ira de un teólogo, ni de las alucinaciones de un comerciante, ni de las dudas de un príncipe asustado ante la realidad humana. El catolicismo es el legado del mismísimo Hijo de Dios, que es Dios mismo. ¿Acaso puede haber algo mejor que eso?

Alguno podrá objetar: ¿pero cómo cree usted que Jesús es el Hijo de Dios? Porque la divinidad de Jesucristo habla por sí misma: profetizada, precedida de signos extraordinarios, evidenciada a lo largo de numerosísimos milagros, ratificada por su poder mismo ante la vida y la muerte, sobrecogedoramente confirmada con su propia resurrección, y consolidada a lo largo de los siglos por millares de milagros que ocurren suplicando Su ayuda. No existe un registro semejante en ninguna otra persona.

El Mesías vino, enseñó, entregó su vida generosamente (y no sólo en Su muerte: también a lo largo de una vida hermosa, de servicio desinteresado), resucitó, y nos dejó Su Iglesia. El Mesías nos acompaña a lo largo de nuestro devenir, tanto a nivel personal como colectivo, a través de sus sacramentos y sus enseñanzas, conservados en el catolicismo a lo largo de los siglos.  

3. Aunque respeto otras formas de cristianismo (siempre he visto en los cristianos bienintencionados de dichas facciones a ese “discípulo anónimo”, no oficial pero también amigo del Señor, de quien el mismo Jesucristo dijo que si no estaba contra Él, estaba con Él), tengo bien claro que el arquetipo original supera con creces a las imitaciones. Las distintas divisiones surgidas al interior del cristianismo muestran su dinamismo inherente, y su facilidad para ser razonado y re-pensado desde distintas perspectivas. Pero no creo sensato dejar a un lado la Iglesia de Jesucristo, por irse en pos de la “Iglesia” de un simple ser humano.

De otro lado, sólo en el catolicismo he podido vivir la vida sacramental que tanto provecho hace al alma, la dicha de un magisterio que aborda con lucidez hasta las más complejas cuestiones teológicas, la tranquilidad de tener a un sucesor de san Pedro a cargo (y no la anarquía de las facciones y sectas protestantes, de las que cada nuevo año aparecen nuevas divisiones… y que terminan siendo de vida efímera y/o infecunda), la sapiencia de un cuerpo teórico y doctrinal serio y bien pensado a lo largo de los tiempos (y condensado en un Catecismo lleno de claridad), y, sobretodo, la dicha de tener a la Virgen María y a todos los santos animándome cada día a ser mejor persona (a ser como ellos: santos, no divinos…ellos no fueron perfectos, porque sólo Dios es perfecto; pero fueron valientes, decididos, determinados, y supieron testimoniar a Dios mejor de lo que suelen hacer los humanos).

4. Soy católico porque la Iglesia nos permite a los seres humanos volar más alto. El catolicismo nos empuja a ser más sublimes. A no contentarnos con el fango.
Por donde pasa, el catolicismo deja una estela de bondad y belleza que produce una emancipación y un progreso sin límites. Tal vez debido a que permite filosofar y creer, aunando fe y razón sin temores ni fanatismos.

Esperpentos humanospara nada religiosos ni espirituales, como las mal llamadas “cruzadas” o las también mal llamadas “guerras de religión”, le contestaré que esas atrocidades no fueron debidas al catolicismo, sino a los vicios y defectos lastimosamente difundidos en la especie humana: codicia, afán de poder, beligerancia, ambición, soberbia. El hecho de que los gobernantes, los bandidos y los guerreros de todos los tiempos hayan querido maquillar sus barbaridades con el hermoso rostro de Jesucristo no hace sino dejarlos muy mal parados a ellos: es algo sumamente malévolo el pretender escudar o disculpar una acción incorrecta con el argumento de un supuesto (en realidad inexistente) motivo religioso.

5. Me gusta el catolicismo porque permite vivir una vida auténtica, genuina, sin miedos ni limitaciones. No somete a una casta, ni obliga a plegarse ante un hipotético destino configurado de antemano, sino que invita a llevar la existencia de la mejor manera posible (imitando a Jesucristo), dentro de la libertad y la creatividad posibilitadas por el espíritu humano (por eso hay tantos caminos de santidad, tantas formas distintas de vida buena en el Señor). No es, como han dicho algunos, algo basado en el miedo o la carencia. ¡Miedos y carencias sí que tenían ellos, en sus limitadas y defectuosas vidas humanas!  

6. Soy católico porque hasta en eso es hermosa la Iglesia de Jesucristo: no condena, sino que perdona. Proclama que la salvación está al alcance de todos, si se cumple con el principal mandamiento de Jesucristo, el Amor.

Sólo en el catolicismo he visto que tienen una oportunidad los divergentes, y hasta los no creyentes. Sólo en el catolicismo es posible que a muchos ateos y agnósticos también les espere un lugar en el Cielo, si saben donarse al prójimo (servir, hacer posibles la paz y la concordia, cooperar…en últimas, amar).

7. Amo el catolicismo porque proyecta luz, y porque gracias a sus doctores y maestros, y especialmente gracias a la acción del Espíritu Santo (otro regalo que le hizo Jesucristo a Su Iglesia) evita que la inteligencia humana se vea envuelta en pantanos de prejuicios, doxas y malinterpretaciones. Pero lo amo aún más porque valora la bondad y el amor por sobre todas las cosas (incluyendo la misma inteligencia).

8. Soy católico porque en el catolicismo es posible el ecumenismo y el diálogo genuino con otras religiones y posturas filosóficas. Reconozco que hay semillas de verdad en todas las religiones, tal como se ha dicho en el catolicismo desde los tiempos de los Padres de la Iglesia hasta los discursos más recientes del Papa.

Aunque la Iglesia de Jesucristo tiene la fortuna de sintetizar y contener esas semillas de verdad rastreables en todas y cada una de las religiones existentes, estructurando una gran Verdad, como buen católico siento que es una maravilla contemplar cómo el Espíritu sopla en todas partes, regalando a cada pueblo una experiencia peculiar de trascendencia y contacto con el Señor que tiñe su cultura y su folclor, y que permite una sana variedad de contactos con ese ser precioso que es Dios. Y siguiendo las enseñanzas de los queridos pontífices Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco, en concordancia con lo anterior no veo al prójimo que es diferente como un enemigo, sino como un aliado del que hay que aprender, en este camino hacia el conocimiento y la imitación de Cristo.  

9. Me da gusto hacer parte de la Iglesia fundada por Jesucristo porque en su sistema teológico encuentro las respuestas suficientes (de hecho, contundentemente convincentes) ante las diversas cuestiones científicas y filosóficas. Por lo mismo que el catolicismo siempre ha intentado armonizar creencia y pensamiento, intuición y argumentación, fe y razón, en las inmortales páginas de su magisterio percibo por qué no podemos negar la existencia de Dios a nivel cosmológico.

Cualquiera que sea la verdad al respecto (aún no está muy claro si nuestro universo fue creado a partir de una singularidad acaecida en otro universo o es un universo único; tampoco sabemos si todo emergió a partir de una gran explosión, o si han ocurrido varias de esas explosiones en un universo que se contrae y se expande alternadamente, o si todo ha estado allí, como polvo cósmico, y en ciertas zonas logra acelerarse y condensarse lo suficiente como para formar estrellas y otros cuerpos celestes), siempre asistiremos al punto cero de todo. Y allí, donde todo comenzó, hallaremos a Dios, la causa de las causas.

Es completamente compatible con el catolicismo, como vislumbraron san Agustín de Hipona, santo Tomás de Aquino y Teilhard de Chardin, la posibilidad de que Dios pusiera en marcha todo lo que vino luego (lo cual incluye eso que estamos viviendo justo ahora). La doctrina católica es certera al afirmar Historia del Cosmos empezó gracias a Él. El universo (y los multiversos, para los amigos de las teorías de cuerdas) es algo posibilitado por Aquel que lo contiene todo, que lo produce todo, y que es mucho más que la suma de todo lo que existe.

10. Me siento bendecido por ser católico porque en la sana doctrina de la Iglesia no encuentro ninguna incompatibilidad entre lo que se me enseña y lo que los honrados hombres de ciencia intentan desentrañar, en su esfuerzo por comprender mejor este mundo siempre lleno de sorpresas. Es que, en efecto, no riñe con la doctrina católica el hecho de afirmar que no podemos negar a Dios a partir de los hallazgos de la física actual.

El aparente azar, que encontramos a nivel subatómico, no es sino una muestra de un orden especial que apenas estamos empezando a entender. Efectivamente, llamamos “azar” a lo que simplemente no se ajusta a las viejas fórmulas de la física clásica, como azarosos parecieron a nuestros antepasados prehistóricos el trueno, el relámpago,  el fuego, la reproducción, los terremotos, y otros tantos fenómenos en su momento incomprensibles. Y el aparente orden, que tanto entusiasmó a Galileo, Newton y Einstein, es apenas una faceta simple y aprehensible (por eso nos parece ordenada a los humanos) de todo lo que Dios puso en marcha en ese punto 0 de la Historia del Cosmos.

El aparente azar y el aparente orden son dos caras de esa compleja creación de Dios, sublime y complejísimo creador. Cuanto más conocemos dicha creación, más nos doblegamos ante la Inteligencia Infinita que la puso en marcha. Y la Iglesia fundada por Jesucristo nos lo recuerda cada instante.

12. Me considero un afortunado de pertenecer a una religión que sostiene de entrada que no podemos negar la existencia de Dios partiendo de nuestra incapacidad para comprenderle totalmenteY es que el catolicismo, basado tanto en las Sagradas Escrituras como en la actividad científica de primer nivel, siempre ha sabido que Dios es sólo rastreable y nunca por entero cognoscible, dada la limitación de nuestra inteligencia y nuestros recursos.   

13. Soy católico porque sólo en el catolicismo pude vibrar, pude sentir que estaba en el sitio correcto. Créanme, he entrado a sinagogas, mezquitas, templos y edificios de lo más variopinto. Pero sólo en una iglesia, en el momento de la Sagrada Eucaristía, he llegado a sentir ese deleite en el alma.

14. Me gusta la Iglesia de Jesucristo, además, porque a estas alturas del siglo XXI es la institución más valiente a la hora de denunciar los atropellos que el terrorismo, la xenofobia y el capitalismo salvaje cometen a diario. Y porque no se queda en lo puramente retórico, como otro tipo de organizaciones, sino que sufre con el que sufre. Busca corregir las situaciones injustas. Busca servir, como sirvió Jesús.

15. Creo que es una bendición ser católico porque sólo en Su Iglesia Jesucristo se ofrece como Pan de Vida y también como Palabra, dándose un prudente equilibrio entre Sagradas Escrituras, tradición y magisterio. En otros terrenos he visto cómo esta falta de equilibrio produce fanatismos, malas interpretaciones de los textos sagrados y peor aún, "endiosamientos" de simples predicadores.

16. Soy católico porque el catolicismo está siempre abierto, no se encierra en una visión cerrada o totalitaria. Por su origen, por su evolución y por su estructura, y creo que por el hecho de estar siempre asistida por el Espíritu, la Iglesia sabe adaptarse sin perder su identidad. Es un fenómeno tan hermoso y tan excepcional que sólo queda agradecer a Dios por hacerlo posible: tradición y novedad, en permanente diálogo, abriendo los brazos a todo tipo de personas.

El catolicismo permite presentarle hasta al más recalcitrante de los ateos o el más obcecado de los fundamentalistas que existe otra forma de ver las cosas. Y esa capacidad de re-pensar no tiene precio.

17. También soy católico porque la Iglesia fundada por Jesucristo es la institución que más ha trabajado, a lo largo de los siglos, por los desposeídos y los oprimidos del mundo. ¡Cuántos hospitales, cuántos hogares de paso, cuántas diversas obras de caridad!  

18. Concuerdo además con la doctrina social de la Iglesia. Sin ese llamado a amar a Cristo amando a los que usualmente son atropellados por las élites de poder, difícilmente tendría esperanza una Humanidad preocupantemente inclinada a la injusticia.


El catolicismo, con su insistencia en el amor al prójimo, las buenas obras (que no son sino la puesta en práctica de las enseñanzas del buen Jesús, Dios y Hombre en el más completo y sublime sentido) y la búsqueda incesante de la comunión con el Señor (que sólo se vive en la propuesta del Evangelio), es la religión que saca lo mejor de nuestra especie.

David Alberto Campos Vargas (Colombia, 1982) 

1 comentario:

Anónimo dijo...

Muchas gracias Doctor Campos. Dios lo bendiga por siempre. Me gusta mucho el punto 17.