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martes, 2 de agosto de 2016

PARA COMPRENDER UN POCO, por Juan Camilo Londoño

La gente no es mala, solo tienen heridas que no han querido dejar sanar y los confunden llevándolos al error. 

Muchas veces nos topamos con personas que nos atacan sin una razón válida o buscan cualquier motivo para lastimarnos, pero si nos fijarnos en su vida íntima podremos ver que tienen muchos problemas (familiares, sociales y de personalidad) los cuales se manifiestan de forma más marcada en la edad más susceptible del ser humano:  la adolescencia.

Es en esta etapa en que muchos cometemos errores, malas elecciones y tomemos percepciones equivocadas de las cosas, que nos conducen a ver al mundo como un lugar odioso y malintencionado lleno de gente egoísta  y con poco respeto tanto por la vida de ellos como por la de los demás.

Pero el fin de este texto es ofrecer una vista más amplia de esta problemática e invitar a las personas a hacer uso de sus virtudes para que puedan comprenderse a sí mismos y a este colectivo que podemos llamar abusadores, “bullies”, malas compañías, etc., y no permitir que los actos de estos perturben nuestras vidas y sueños sin tener que ser violentos como ellos o aislarnos de la sociedad, ni sucumbir a sus abusos y a sus caprichos absurdos.

La forma de lidiar con este problema es muy sencilla pero que requiere de un poco de voluntad y paciencia, pues estas personas suelen tornarse muy fastidiosas e irritables y es difícil querer comprenderlas, ya que a primera instancia, parece no merecen ni piedad, pero espero poder a lo largo de este documento mostrar que sufren más ellos que las víctimas y que es el amor (el verdadero amor nada tiene que ver con corazones ni chocolates como nos lo ha impuesto los medios de comunicación, sino con benevolencia y buena voluntad) la solución definitiva a esta situación.

La mayoría nos dejamos llevar por emociones, algunas más fuertes que otras,  que con el tiempo se vuelven sentimientos que nos determinan y que en este caso, nos llevan a pensar que odiar es una buena  estrategia en la vida, pero nos podemos dar cuenta que aquellos que son más hostiles son individuos que en alguna etapa de su vida tuvieron una experiencia tan amarga a su gusto que llegaron a un punto tal de desasosiego que no encontraron mejor salida que responder de la misma forma al estímulo. Ojo por ojo, diente por diente.

Pero siempre se puede cambiar. Y es la conciencia, una cualidad que nos permite entender que los que actúan de una  forma negativa son solo personas que aún no se controlan lo suficiente y se dejan llevar por el sistema instintivo-emocional,  que aunque tal vez  nos conduzca a obrar de la forma menos indicada, solo busca mantenernos y defendernos de algo que nos representa una amenaza. Nuestra gran lucha día a día es evitar precisamente el sufrimiento.

Tenemos la capacidad de elegir entre continuar  con un dualismo que seguirá repitiéndose infinitamente haciéndonos dependientes de dos partes que solo nos hacen inestables y nos llevan al dolor, o simplemente perdonar, así de sencillo. Es aquel poder de decisión, que muchas veces ignoramos, pero que tenemos y con el cual podemos hacernos libres de las ataduras que nos lastiman.


Son las buenas intenciones  las que nos permiten vernos con claridad y reconocer nuestras virtudes, y es el amor el que nos libera y nos permite vivir.

Juan Camilo Londoño Martínez (Colombia, 1994)