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jueves, 14 de abril de 2016

UN RANCHO Y UN LUCERO, por Alfredo Espino Najarro

Un día —¡primero Dios!—
has de quererme un poquito.
Yo levantaré el ranchito
en que vivamos los dos.

¿Que más pedir? Con tu amor,
mi rancho, un árbol, un perro,
y enfrente el cielo y el cerro
y el cafetalito en flor...

Y entre aroma de saúcos,
un zenzontle que cantará
y una poza que copiará
pajaritos y bejucos.

Lo que los pobres queremos,
lo que los pobres amamos,
eso que tanto adoramos
porque es lo que no tenemos...

Con sólo eso, vida mía;
con sólo eso:
con mi verso, con tu beso,
lo demás nos sobraría...

Porque no hay nada mejor
que un monte, un rancho, un lucero,
cuando se tiene un "Te quiero"
y huele a sendas en flor...

Alfredo Espino Najarro (El Salvador, 1900-1928)

3 comentarios:

Unknown dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Catalina Florez Gomez dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Catalina Florez Gomez dijo...

Mi comentario esque siempre estemos con Dios siempre vivamos en el amor de Dios,con Dios en nuestro corazón y con amor siempre viviremos felices ya que estos dos aspectos son fundamentales para vivir mejor