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martes, 22 de marzo de 2016

VIA CRUCIS, por Gonzalo Vidal


I 

Por mí, Señor, inclinas 
El cuello a la sentencia; 
Que a tanto la clemencia 
Pudo llegar de Dios. 
Oye el pregón, oh Madre 
Llevado por el viento 
Y al doloroso acento 
Ven del Amado en pos. 

II 

Esconde, justo Padre, 
La espada de tu ira, 
Y al monte humilde mira, 
Subir el dulce Bien. 
Y Tú, Señora, gimes 
Cual tórtola inocente; 
Que tu gemir clemente 
Le amansará también. 

III 


Oh pecador ingrato 
Ve a tu Dios caído, 
Ven a llorar, herido 
De contrición aquí. 
Levántame a tus brazos 
Oh bondadoso Padre, 
Ve de la tierra Madre, 
Llanto correr por mí. 

IV 


Cercadla, Serafines, 
No acabe en desaliento 
No muera en el tormento, 
La Rosa Virginal. 
Oh acero riguroso, 
deja su pecho amante, 
Vuélvete a mí cortante, 
Que soy el criminal. 



Toma la cruz preciosa, 
Me está el deber clamando, 
Tan generoso cuando 
Delante va el Señor. 
Voy a seguir constante, 
Las huellas de mi Dueño, 
Manténgame el empeño, 
Señora, tu favor. 

VI 

Tu imagen, Padre mío, 
Ensangrentada y viva 
Mi corazón reciba, 
Sellado con la fe. 
Oh Reina, de tu mano 
Imprímela en mi alma, 
Y a la gloriosa Palma, 
Contigo subiré. 

VII 

Yace el divino dueño 
Segunda vez postrado, 
Deteste yo el pecado, 
Deshecho en contrición. 
Oh Virgen, pide amante, 
Que borre tanta ofensa 
Misericordia inmensa 
Pródiga de perdón. 

VIII 


Matronas doloridas 
Que al justo lamentáis, 
Por qué si os lastimáis 
La causa no llorar? 
Y pues la cruz le dimos 
Todos los delincuentes 
Broten los ojos fuentes 
De angustia y de pesar. 

IX 


Al suelo derribado, 
Tercera vez el Fuerte, 
Nos alza de la muerte 
A la inmortal salud. 
Mortales: Qué otro exceso 
Pedimos de clemencia? 
No más indiferencia 
No más ingratitud. 



Tu bañas, Rey de gloria, 
Los cielos en dulzura 
Quién te afligió, Hermosura, 
Dándote amarga hiel? 
Retorno a tal fineza 
La gratitud pedía; 
Cese ya, Madre mía 
De ser mi pecho infiel. 

XI 


El manantial divino 
De sangre está corriendo, 
Ven, pecador gimiendo, 
Ven a lavarte aquí. 
Misericordia imploro, 
Al pie del leño santo, 
Virgen, mi ruego y llanto, 
Acepte Dios por Tí. 

XII 

Muere la Vida nuestra 
Pendiente del madero, 
¿ Y yo cómo no muero 
De amor o de dolor? 
Ay, casi no respira 
La triste Madre yerta 
Del cielo abrir la puerta 
Bien puedes ya, Señor. 

XIII 


Dispón, Señora, el pecho 
Para mayor tormento 
La víctima sangrienta 
Viene a tus brazos ya. 
Con su preciosa sangre 
Juntas materno llanto, 
Quién, Madre, tu quebranto 
Sin lágrimas verá? 

XIV 


Al Rey de las Virtudes, 
Pesada losa encierra, 
Pero feliz la tierra, 
Ya canta salvación. 
Sufre un momento, Madre, 
La ausencia del amado, 
Presto de Tí abrazado, 
Tendrasle al corazón.


Gonzalo Vidal (Colombia, 1865-1946)