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lunes, 11 de enero de 2016

POEMA DE CONFESIONARIO 98



Antes me irritaba con los truhanes
Y combatía a los cínicos.
Ahora sé que no vale la pena.
En serio. No da frutos la pelea.
Cada quién busca su transformación
O su respectiva condena.
La mano de Dios omnisciente
Da a cada quién lo que merece
(A veces de la forma más inesperada).
Las digresiones humanas
Podrán tener algún valor filosófico
Pero no llegan ni a intuir
Ese Obrar tan eficaz, tan contundente.

David Alberto Campos Vargas (Colombia, 1982)