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lunes, 11 de enero de 2016

POEMA DE CONFESIONARIO 96


Pasados los treinta
Es bueno tumbar ídolos.
El único que vale la pena
Es Aquél que predicaba con su vida
Y, no contento con hacer milagros,
Se ofrendó de manera generosa.

Pasados los treinta
Somos más conscientes:
De los dobles que usaba nuestro actor favorito,
De los crímenes de los “grandes líderes”,
De las mentiras de los filósofos,
De la estupidez de la Humanidad entera.

Pasados los treinta
Aprendemos
Que los pastores se descarrían más que las ovejas,
Que los científicos maquillan sus datos,
Que hasta los escritores mienten
(Y los que no mienten
Cantan sus vicios a pleno pulmón).

Pasados los treinta
Es bueno dejar de creer que un ser humano puede ser perfecto.

David Alberto Campos Vargas (Colombia, 1982)