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lunes, 11 de enero de 2016

POEMA DE CONFESIONARIO 94

Entro a mi auto, mi buen amigo,
Con mis dos mejores amigos
(Verdaderos ángeles: un píncher y un chihuahua)
Y otros amigos
Que me alegran el día con su música.
Otros pasan
A toda carrera.
¡Pobres!
Ni siquiera han visto
Esa casa vieja tan propicia
Para ambientar un cuento policiaco.
Tampoco se han detenido
En la capilla o en el mirador.
Simplemente pasan.
Aceleran.
Pobres diablos hipertensos,
Neuróticos y jaquecosos.
Antes los insultaba
Cuando me fusilaban a bocinazos.
Ahora simplemente rezo
Por ellos, y por sus pacientes familias,
Y doy gracias a Dios por andar a otro ritmo.

David Alberto Campos Vargas (Colombia, 1982)