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jueves, 14 de enero de 2016

POEMA DE CONFESIONARIO 54

Qué grandes, qué sublimes serían los colegas
Si supieran ver más allá de sus narices.
Pero no. Viven distraídos.
Trabajan con la mediocridad del mecánico
Que, borracho, hace a medias lo que debe.
Así, sólo quitan dolencias.
Nunca sanan.

David Alberto Campos Vargas (Colombia, 1982)