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jueves, 14 de enero de 2016

POEMA DE CONFESIONARIO 52


Antes, cuando era arrogantemente joven
Y juvenilmente arrogante
Me burlaba de esa canción que oía en misa
(Ten piedad de mí, ¡oh, Señor!, ten piedad)
Y pensaba “¡Qué masoquistas!”.
Ya ahora entiendo las lágrimas de la gente
Que cantaba esa canción, y la sentía.
Ahora la siento.
Duele un poco. Aunque también hay esperanza.

David Alberto Campos Vargas (Colombia, 1982)