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jueves, 14 de enero de 2016

POEMA DE CONFESIONARIO 51


Padre eterno, ten piedad de mí.
He pecado.
Cuando luchaba por el Bien
Me mostré severo, drástico.
Cuando buscaba superar la gula
Me entregué al culto de mi cuerpo.
Cuando intentaba ser virtuoso
Me volví un inquisidor de los peores.
Cuando quería ser “edificante”
Por poco me convierto en un fundamentalista.
Sí, he pecado.
Padre eterno, ten piedad de mí.
Me salió, muchas veces, el tiro por la culata.

David Alberto Campos Vargas (Colombia, 1982)