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domingo, 17 de enero de 2016

POEMA DE CONFESIONARIO 5


El sabio perdona
Hasta al más abyecto de los que le insultan.
El va, algo cabizbajo
(por la enorme estupidez ajena, que tanto pesa)
Pero siempre sonríe, hasta a sus enemigos.
Yo lo miro con esa cierta lástima tanto se parece al cariño.
Antes, cuando me gustaba la espada,
Hubiera sido feliz decapitando
A los que lo acosan y persiguen.
Pero algo en mí se ha roto
Y ha drenado mucho pus, y mucha bilis.
Ya no creo en la justicia, en esa justicia de espadazos.
Creo en la otra:
La que los ciegos ven sino hasta que los alcanza.
Por eso sólo rezo
Esperando que ese viejo sabio
Tenga un mejor pasar junto al Eterno.

David Alberto Campos Vargas (Colombia, 1982)