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sábado, 30 de enero de 2016

ACERCA DE DIOS Y SU RELACIÓN CON EL UNIVERSO, por David Alberto Campos Vargas


La existencia de Dios es el punto de partida del universo mismo, entendido éste como la totalidad de lo existente (1).  

Una de las vías de Tomás de Aquino, la de la causa no causada (2), es especialmente valiosa para deducir la existencia de Dios como origen de todo: Dios, como primera causa de todo lo existente, puso en marcha las otras causas (3). Todo ser existente en el universo es resultado de algo, tiene una causa o varias causas (un ser o unos seres, un fenómeno o unos fenómenos) que lo producen, que lo provocan (4). Si retrocedemos al punto originario que dio origen a todo lo existente (a todos los seres y fenómenos existentes, y que llamamos universo, o lo existente), nos encontramos con la causa primera, originaria, causante de todas las demás causas (y, en consecuencia, de todos los efectos) concebibles dentro del universo. 

Lo existente es multicausal (5).Debemos superar la concepción limitada y mecanicista de entenderlo todo como una cadena lineal de causas y efectos (cadena que llevaría, retrocediendo en el tiempo, al “punto cero” de la causa no causada, que es el origen de todo). En realidad, hay una multicausalidad (6) en la que un fenómeno o evento puede ser causa de múltiples fenómenos, y, a la vez, consecuencia de otro (u otros); en la que los eventos y fenómenos pueden incluso confluir en el espacio-tiempo y presentarse como simultáneos (7); en la que causas y efectos se interrelacionan, se traslapan y se influencian mutuamente. En todo caso, llegamos siempre a ese “punto cero” originario: la causa primera, o la causa no causada (el inicio del universo, el origen de lo existente). 

Una causa primera así, requiere contener en sí misma todo lo necesario para que el Universo se desarrolle (8); requiere ser tan completa que en sí misma contenga la totalidad, pues es el origen de la totalidad misma (la totalidad de lo existente); requiere ser tan comprensiva, tan abarcadora, que en ella misma confluyan lo creador –el origen- y lo creado (causas secundarias, causas terciarias…etcétera, y efectos y fenómenos interrelacionados, producidos, y al mismo tiempo causantes de otros efectos y fenómenos, y retroalimentadores de sus respectivas causas). Una causa así sólo podría ser Dios (9). 
En ese orden de ideas, si añadimos a la vía tomista elementos de causalidad circular, teoría cibernética, sincronicidad y teoría sistémica, podemos entender a Dios como el único ser lo suficientemente abarcador como para contener y ser la  totalidad en sí mismo. Dioslo universal, a un mismo tiempo realidad ontológica (ser) y posibilidad ontológica (como creador de otros seres) 

Podemos aprehender a Dios, entonces, como causa de todas las causas, de todos los fenómenos, de todos los efectos, de todo lo existente (lo que algunos llaman “la realidad”, y otros preferimos llamar, apelando al concepto lógico y matemático, y reconociendo la importancia de la subjetividad, el universo lo existente, para no caer en la trampa de realismo versus idealismo que ha caracterizado a la filosofía de Occidente por siglos) (10)Dios, en conclusión, es origen, punto de inicio del cual se desprenden todos los seres y todas las manifestaciones, todas las causas y consecuencias. 

Mientras la creación exista, el creador existe (11). Mientras exista el universo su creador (su causa, su origen, o sea Dios) existirá. Hablo aquí de lo existente: no hablo del planeta Tierra, ni que nuestro Sistema Solar, ni sostengo que el universo tal como lo conocemos ahora, pues reconozco que el universo mismo es dinámico, sujeto al cambio (12)y podrá llegar el día en que lo existente tal como se nos presenta hoy se configure de manera diferente (13, 14). 

Dios, como punto originario en la historia del universo, es origen del devenir y del Tiempo, inicio de la existencia del universo (y de todos los serey fenómenos en él contenidos), en tanto que es Dios creador. Y el universo (lo existente), es lo creado. El creador vive y sobrevive en la creación (así como el artista se inmortaliza en su obra).  

¿Y cómo no ha de sobrevivir, entonces, el creador de algo que es infinito? (15). Sí, infinito. Porque aún cuando exista el Tiempo, y haya un inicio en la historia del universo (¿el Big Bang?), lo cierto es que la materia no es lo suficientemente amenazada por la antimateria como para, algún día, dejar completamente de existir (16). Es decir, padecerá transformaciones, pero no tendrá fin. 

En este orden de ideas, puede que el universo en su devenir se transforme, se reconfigure, se haga “irreconocible”…pero seguirá siendo. Seguirá existiendo. Incluso si se frena su expansión, incluso si empieza a contraerse de nuevo, incluso si retorna al grado de concentración máxima (el punto del que ocurrió el BiBang), el universo estará ahí, por siempre. De hecho, estoy convencido que tal fue la maestría de Dios al crearlo que el universo está hecho para ser eterno, en un continuo fluir entre la expansión y la contracción. Expansión y contracción del universo, a mi entender, se sucederían eternamente, a través de los eones (17). 

Incluso si hipotéticamente el universo desapareciera un día (cuando la antimateria absorbiera toda la materia), Dios, por el hecho de ser anterior al universo (y a todo lo material y contingente) sobreviviría. A Dios no lo afectaría la antimateria, porque Él lo engloba todo (a la materia y a la antimateria). De otro lado, Dios es anterior al Tiempo y a la Historia: llegado el momento del hipotético final del universo, Él seguiría existiendo, pues no tiene principio ni fin (es eterno). 

Algo más: alguien puede objetar: ¿cómo es que Dios existe, si el desarrollo de los acontecimientos del universo bien se puede explicar sin recurrir a Él? (18) Téngase en cuenta que esta postura sólo tiene dos asideros fuertes: o el universo ha existido siempre, y no ha tenido un inicio (un punto cero originario), como ya había insinuado Kant con su “hipótesis Nebular” (19), o todo empezó a partir de un punto de concentración máxima de la materia (20que al explotar produjo un movimiento centrífugo de creación de seres, objetos y fenómenos del universo.  

Una parte de la primera hipótesis (la materia como eterna) se mantiene a la luz del conocimiento físico actual (21,22). La existencia de agujeros negros y de campos de antimateria que van ensanchándose poco a poco, que se van expandiendo lentamente, al mismo tiempo que el universo también se va ensanchando y expandiendo (23) sugiere que el universo tendería, en sí mismo, a un punto de equilibrio determinado en el que ni la antimateria lo absorberá todo, ni la materia se apoderaría de todos los confines. Incluso si se supone que el universo, una vez iniciada su expansión centrífuga, llegaría a un punto en el que dichas fuerzas centrífugas se desacelerarían, y, acto seguido, se tendería a su contracción y reducción cada vez mayor del tamaño a raíz de fuerzas centrípetas…tenemos nuevamente el concepto de la eternidad del universo como una totalidad que en algunos momentos de su historia se contrae lo que más puede, y que en otros momentos de su historia se expande lo que más puede. Pero que nunca se hace inexistente por completo.  

Ahora, concebir al universo como una nebulosa estática en su configuración es un contrasentido. Si de algo tenemos cada vez mayor evidencia es que el universo cambia, se transforma (24). Se puede llegar a un punto en el que inclusive, al acercarse el universo a los puntos de máxima expansión y de máxima concentración, su estructura cambiaría dramáticamente, se haría casi irreconocible (si lo comparamos con su configuración actual).  

La existencia material del universo no tendría entonces un final. Además, la evidencia reciente de tener un universo que en algunos puntos ya empieza de nuevo a contraerse, nos mostraría que esa tendencia elástica y dinámica a la expansión y contracción configuraría un movimiento eterno, siempre reiterado, de expansión-contracción-expansión-contracción…hasta el infinito.  

Uno podría pensar: ¿pero es eterno lo que tiene un origen, lo que fue creado, lo que tuvo un inicio? No es lícito pensar en una eternidad retrógrada, puesto que existe un punto cero originario. Pero sí en una eternidad anterógrada, puesto que el Futuro es el mismo Infinito para el universo. Einstein tenía, en cierto modo, razón, el universo es tan infinito como finito (25). Él apeló a argumentos físicos, yo apelaré a argumentos filosóficos: el universo es finito al concebirlo temporalmente, si se le mira hacia atrás, pues se llega a un punto de partida; finito también al concebirlo espacialmente y en tanto que universo material, pues nunca será capaz de abarcarlo todo y triunfar completamente sobre la antimateria. Pero, dentro del eterno movimiento de expansión-contracción, infinito temporalmente, si se le mira hacia el futuro, de manera anterógrada. Entonces, puedo corregir diciendo que el universo es relativamente eterno. Necesita de Dios para tener su punto de partida, pues en la línea del espacio-tiempo hacia adelante cuenta con el finito, pero hacia atrás se estrella inevitablemente con lo finito (al tener justamente ese punto de partida).   

La segunda hipótesis, desarrollada ampliamente en los siglos XX y XXI d.C., postula que todo el universo se originó a partir de una gran explosión (26). Hasta ahí, la evidencia parece respaldarla. El universo se ha ido expandiendo a través de los eones. Pero ya, en algunos puntos, esta fuerza centrífuga se está desacelerando, y ha empezado un movimiento regresivo, de contracción. La idea de que la gran explosión fue el origen de todo, y que el universo estaría destinado a una progresiva expansión, parece ya incompleta. Habría que apelar a un universo elástico (y, en ese orden de ideas, a un Espacio-Tiempo elástico), en el que exista una dinámica de expansión-contracción.  

Hawking tuvo la cachaza de postular que no hacía falta Dios para explicar el origen del universo (27) valiéndose de un sofisma: reducir la Historia del universo a lo que va corrido desde el Big Bang (desde el último Big Bang, para ser más exactos, si entendemos el universo como un eterno contraerse y expandirse…el Big Bang sería ese punto de fuerzas centrífugas al máximo) hasta nuestros días. De manera olímpica desconoció lo que hubo antes del Big Bang y de la creación misma de la materia (esa materia que, hiperconcentrada, permitió el Big Bang al estar al máximo sus fuerzas centrífugas), y lo que vendrá después. Se focaliza en un momento, en una porción (enorme, claro, pero porción de todas formas: una parte, no el todo) de la historia del universo, ignorando al punto cero, que antecedió al Big-Bang (al que llamaré punto uno en la historia del Universo), e ignorando también lo infinito hacia atrás si partimos de ese punto (lo retrógrado). Y entonces, por su parcialidad, se quedó Hawking sin ver a Dios. 

En ese punto cero originario Dios intervino directamente…y dejó al universo a su propio devenir. Siguió interviniendo, de manera indirecta, hasta que nuevamente hizo una intervención directa al enviarnos a Su Hijo. Por eso los resultados de la vida humana (y sus errores) no hay que achacárselos a Dios. Dios sólo puso a andar las cosas, pero no creó directamente al hombre. De ahí que la maldad, la violencia, la injusticia y el espíritu depredador que a veces vemos en el hombre no sean culpa de Dios. Bien podríamos atribuírselas a la agresividad, al Tánatos freudiano (28), a la animalidad inherente al hombre, a las mismas fuerzas determinantes de la Evolución (en la que la fuerza, la violencia, el engaño y el dominio permiten la supervivencia), pero no a Dios. Si yo en este momento elaboro una escultura puliendo un pedazo de madera, y lo dejo ahí, y después alguien toma esa escultura para agredir a otra persona, sería ingenuo y errado decir que yo fui el agresor. El culpable no soy yo, es ese otro que daña, que usa mal lo que tiene. Por eso, si hemos de llamar a Dios al estrado (como están empeñados muchos), la sentencia final de dicho juicio sería “Dios es inocente”. El puso a rodar el universo, creando la materia…lo que haya sucedido después (incluído el primer Big-Bang) no ha sido culpa suya.

Bogotá, abril de 2012

David Alberto Campos Vargas (Colombia, 1982)

REFERENCIAS 

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