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sábado, 7 de noviembre de 2015

PSIQUIATRÍA Y GLOBALIZACIÓN: ASPECTOS ÉTICOS Y FILOSÓFICOS. Por David Alberto Campos Vargas

Se habla de aldea global, acercamiento e interconexión. Varios teóricos de la globalización señalan sus ventajas. Sin embargo, conviene abordar el fenómeno con prudencia y realismo: desenmascarar sus contradicciones. Con este ejercicio reflexivo, los neoposmodernos podremos entendernos mejor a nosotros mismos, y sacar provecho de una época y unos procesos de los que no podemos sustraernos.

El primer escenario, el de la superación de las fronteras, los fanatismos, los nacionalismos y las barreras de acceso a la información, nos ofrece mucho para pensar. El hombre se sigue comportando como la peor de las bestias. Lastimosamente, por cada paso hacia la apertura amorosa y la convivencia, parece que se da otro hacia la agresión.

De otro lado, mientras que para algunos la educación de alta calidad es un hecho, y el encuentro con la alta cultura una situación cotidiana, la inmensa mayoría no tiene ni siquiera las condiciones mínimas para el verdadero acceso a ellas.

Aunque a veces se usan los medios de comunicación al servicio de la educación gratuita, con frecuencia éstos sólo perpetúan la ignorancia y el espectáculo que estancan al espíritu.

Ojalá se globalizara más la producción intelectual, y menos esa miríada de cuerpos hechos para mostrar y vender, ese bombardeo de superficialidad y cultura light que perpetúa valores, actitudes y conductas claramente patológicos.

Ante el boom de las cirugías estéticas, los trastornos de personalidad y otras preocupantes variables asociadas a la civilización del espectáculo, los psiquiatras estamos llamados a ser una voz sensata.

Se dice que este mundo es libre y democrático, pero todavía hay totalitarismos. Hay tiranos y presos políticos. Hay intelectuales encarcelados. Hay megalómanos que con arrogancia ponen en peligro al planeta.

Encontramos violencia por doquier. Y los medios de comunicación tratan de distraer con más show, con carcajadas que parecen defensa maniaca ante el horror que se vive, o peor aún, con juegos que recrean ese espanto.

Muchos asumen, de manera errónea, que globalización es monetarización. Y engañan a los ingenuos, con unos paradigmas de “éxito” que, lejos de garantizar plenitud existencial, sumen en los trastornos depresivos y otros desbarajustes emocionales.

Otro aspecto paradójico es que, inmersos como estamos en redes sociales, vivimos más solos que nunca. El siglo XXI tiene más gente conectada con la competitividad y el afán de lucro que con su propio corazón.

Se vive una mascarada. Una inercia psíquica, en la que el pensamiento crítico no tiene cabida y la existencia misma se hace sosa, improductiva, carente de sentido.

El hombre de nuestro tiempo es un voraz consumidor de noticias. Pero ese querer enterarse de todo rara vez tiene un sentido ético. No lleva al alivio del sufrimiento. Esas escenas dolorosas casi no conmueven ni inspiran genuino deseo de ayuda, sino que son memes que consumen unos seres humanos cada vez menos empáticos y cada vez más embebidos en un sadismo mal sublimado.

Debo añadir que no es adecuado que las generaciones venideras tengan sólo referentes de narcisismo, hedonismo desbordado y vacuidad. La presunción del atractivo físico y la posición social, el gusto por el autorretrato y el encerramiento en la propia individualidad, de espaldas al mundo y sus necesidades, tal vez produzca más gente hueca, sin compromiso, interesada sólo en darse gusto (aún a costa de pisotear al prójimo).

Tenemos una tarea grande, y urgente: la de hacer de la globalización una oportunidad para el crecimiento personal y colectivo. Una oportunidad para encontrarnos e integrarnos en el respeto mutuo.    

David Alberto Campos Vargas (Colombia, 1982)

2 comentarios:

Manuel José Blanco Vanegas dijo...

Considero que los efectos de la globalización son fenómenos que se deben tomar muy en serio, admiro como el autor conjuga de manera oportuna una realidad tangible de nuestra existencia con la necesidad de desenmascarar la verdadera realidad de desigualdad e injusticia que muchos medios de comunicación pretenden velarnos. No podemos seguir siendo los títeres de las grandes maquinarias del mundo, es necesario recuperar nuestra dignidad.
¡Muchas Gracias!

Shelsyn Agudelo dijo...

El hombre siempre se ha enfrentado a la búsqueda de lo inmediato dejando a un lado la evolución, lo que verdaderamente necesita la humanidad es un proceso renovador que nos ayude a dejar a un lado al homicida que siempre busca mutilar el progreso, dejando que nuestras almas sean libres mientras caminamos de la mano con la prosperidad.