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lunes, 9 de noviembre de 2015

EDUCACIÓN Y NEOPOSMODERNIDAD. Formación Humanística para el Siglo XXI. Por David Alberto Campos Vargas

La formación humanística que se requiere en el siglo XXI tiene que estar encaminada a las exigencias de la Neoposmodernidad: realización de cada ser humano en el respeto a su singularidad (1), respeto a la diferencia (y aún a la divergencia), tolerancia, superación de los ismos (excepto el pacifismo) que siembran discordia, apertura, superación de fronteras y barreras, una nueva espiritualidad, conciencia ecológica y planetaria (2,3,4).

El siglo XXI, tan ambivalente, tan caótico como promisorio, nos ofrece interesantes posibilidades: las de un nuevo milenio en el que asistimos a la realización del concepto de aldea global (5), acercamiento e interconexión. Un mundo en el que, desde luego, la educación juega un papel clave: se trata, justamente, de qué queremos ser (porque, así seamos adultos, siempre podremos educarnos y transformarnos), qué queremos que sean nuestros hijos y las generaciones venideras (esto es, cómo queremos que sean esos futuros habitantes de la aldea global) y cómo vamos a formarlos (en qué valores, en qué actitudes, cultivando qué conductas y qué cosmovisiones).

Al preguntarnos por la formación humanística nos trasladamos entonces a un terreno fascinante, en el que casi todas las disciplinas convergen: cuál es el ser humano a formar. Con este ejercicio reflexivo, los que existimos en este milenio podremos entendernos mejor a nosotros mismos, y sacar provecho de una época y unos procesos que no podemos ignorar (6).

El Ministerio de Educación Nacional de Colombia, en concordancia con el artículo 67 de la Constitución Política (7), nos da luces a la hora de aterrizar conceptualmente a la realidad específica latinoamericana, y propone unos fines del sistema educativo que, en efecto, pueden contribuir a la formación humanística. Dichos fines pueden sintetizarse alrededor de estos ejes temáticos: a) se debe formar para el pleno desarrollo de la personalidad, dentro de un proceso de formación integral; b) dicha formación debe conducir al respeto a los derechos humanos y los principios democráticos; c) dicha formación debe facilitar la participación en la construcción colectiva de la sociedad; d) dicha formación debe resultar en el acatamiento a la autoridad legítima y la legalidad; e) dicha formación debe encaminarse a la adquisición y creación de conocimiento, el desarrollo del pensamiento crítico y la toma de conciencia frente a los problemas del país y el mundo; f) dicha formación debe preparar para la vida laboral, buscando insertar en el sector productivo.

Aunque en esos fines del sistema educativo pueden verse ambigüedades, sutiles contradicciones y sesgos (no podía esperarse otra cosa, dado el oficio -todos eran políticos- y la naturaleza antagónica de los encargados de la redacción del documento final de la Constitución colombiana), puede decirse que todavía nos son útiles dentro del contexto del siglo XXI. Todavía no han caducado, puesto que contienen muchos elementos e imaginarios del nuevo milenio (seguramente porque fueron escritos en las postrimerías del siglo XX, cuando ya había caído el muro de Berlín, se había esfumado el bloque socialista, ocurría el “otoño de las naciones” y la apertura económica era un hecho).

Vamos ahora, paso a paso, a desglosar de qué manera la formación humanística que el siglo XXI requiere puede aún encontrar fundamentos teóricos y pedagógicos en esos fines del sistema educativo colombiano:

1. La personalidad del educando debe dejarse desarrollar plenamente, en un ejercicio de libertad, aunque eso sí, con las limitaciones dadas por los derechos de los demás y el orden jurídico legitimado. Con ello, se le garantiza una totipotencialidad responsable: puede, y debe, encontrar su camino de individuación (singular e inalienable), pero sin caer en el anarquismo o el individualismo extremo. Esto es, se le deja al individuo ir construyendo su personalidad (y de paso su cosmovisión, su estructuración axiológica, su forma de ser), pero ateniéndose al respeto al otro, a la consideración empática por el prójimo, y a la institucionalidad democrática, tal como lo requiere la neoposmodernidad. De lo contrario, asistiríamos a un siglo XXI aún más horrendo que el siglo XX, pues cada quien iría por el mundo haciendo lo que le viniera en gana (afectando el derecho de los otros).

2. El ser humano de la neoposmodernidad (tolerante, cosmopolita, respetuoso de la diferencia y la heterogeneidad) necesita, debe ser respetuoso de los derechos humanos, buscador de paz, tolerante y solidario. Sólo así se conseguirá una auténtica convivencia dentro de un contexto global de solidaridad y cooperación.

3. La formación humanística debe permitir al educando sentirse co-protagonista en la toma de decisiones, en todos sus contextos (la escuela, la familia, la ciudad, el continente, el mundo), e inserto en el respeto a la ley.

Tal vez un error de los pedagogos de las décadas de 1960 y 1970 fue el de inculcarles a sus estudiantes cierto libertarismo irrespetuoso con la ley e irreverente con la sociedad, y por ello muchos jóvenes de esa generación creyeron que el fin podía justificar los medios, y sabotearon al Estado de derecho hasta con actos terroristas. Se mancharon de sangre y causaron sufrimiento y desgracias. Y ahora, en pleno siglo XXI, el terrorismo ya no se hace a través de grupos insurgentes o bandas de jovencitos díscolos. Basta observar organizaciones como ISIS o Al-Qaeda para observar el poder dañino de la ausencia de formación en la legalidad y la institucionalidad democrática. Ya no se trata de un grupito que haga explotar un puente o una antena de televisión, sino de pavorosas organizaciones con armamento sofisticado, recursos económicos enormes y una preocupante ausencia de respeto por la vida, sazonadas además con fundamentalismo extremo, incapaces de siquiera tolerar la existencia de algo distinto.

Por eso vale la pena hacerle eco a Honneth y formar en el respeto a la legalidad y la institucionalidad democrática. La libertad sin legalidad, la libertad sin respeto a los derechos de los demás puede ser sumamente peligrosa.

4. El hombre que queremos para el siglo XXI no debe quedarse en el papel pasivo y mediocrizante de adquirir conocimiento. Debe también generarlo. Y ello requiere juicio crítico, capacidad de raciocinio, reflexividad, análisis y prudencia. Pasar por el filtro de la sensatez y la ética lo que se esté estudiando o investigando (9), para que el nuevo conocimiento generado contribuya efectivamente al mejoramiento cultural y de la calidad de vida de la población mundial (10), a la solidaridad y la integración (11,12). De lo contrario, se corre el riesgo de una ciencia atolondrada y destructiva, o al servicio de los intereses políticos o económicos (13,14,15).

5. Formación humanística en el siglo XXI implica conciencia y praxis ecológica. Conservación, protección, uso racional y defensa del medio ambiente. De lo contrario, la misma vida humana en la Tierra podrá desaparecer.

6. Los educandos deberán tomarle gusto al trabajo, como piedra angular del desarrollo tanto del individuo como de las sociedades. No sólo porque el siglo XXI es el siglo de la productividad, sino porque la laboriosidad sí contribuye a la estructuración de una personalidad disciplinada y autónoma. El trabajo creativo, que permite la sublimación y está bien hecho nos hace mejores personas, más maduros, más capaces. Y contribuye al pleno desarrollo de la personalidad.

Casi siempre que uno se encuentra con sujetos siniestros (sicarios, narcotraficantes, terroristas, homicidas reincidentes, estafadores, etcétera) encuentra también en ellos una concepción bastante enferma de la vida, en la que no cabe el esfuerzo sino el dinero fácil, el enriquecimiento espectacular y conseguido de la noche a la mañana.

7. Dentro de la formación humanística del sigo XXI es relevante la promoción de la salud y la prevención primaria de las enfermedades (adelantarse a ellas, actuar para que ni siquiera se presenten). Por ello, todas las actividades deportivas y que impliquen recreación sana y uso adecuado del tiempo libre son bienvenidas.

Debe superarse el modelo puramente “higienizante” (que tiene ecos a siglo XIX), incorporando elementos de medicina actual, con especial énfasis en la educación física no encaminada a la competencia ni al desempeño “heroico”, sino al logro de la buena salud. Esto es, que logre crear en los educandos el amor a la actividad deportiva. Si no se hace así, se seguirá viendo un preocupante aumento de enfermedades crónicas como hipertensión arterial esencial, diabetes, obesidad y dislipidemia.

8. Por último, el ingreso al sector productivo es importante, a la hora de cerrar la brecha. No sacamos nada con educar para el desempleo. Se necesita que la misma formación prepare, allane el terreno para el acceso a trabajos dignos y bien remunerados. Por eso se necesita una educación de alta calidad, y en diálogo permanente con el mundo real.

En conclusión, tenemos por delante la tarea de hacer la educación una oportunidad formativa, para el crecimiento personal y colectivo. Una oportunidad para encontrarnos e integrarnos en el respeto mutuo, en un mundo globalizado.    

David Alberto Campos Vargas (Colombia, 1982)



REFERENCIAS

(1) Campos, D.A. ¿Qué es la Neoposmodernidad?, Santiago de Chile, 2005
(2) Campos, D.A. Nuevo Milenio es Neoposmodernidad, Bogotá, 2013
(3) Campos, D.A. Fenomenología y posneoliberalismo: sus utilidades en el contexto de la Neoposmodernidad, Armenia, 2014
(4) Campos, D.A. Reflexiones sobre la Neoposmodernidad, Armenia, 2015
(5) McLuhan, H.M. La aldea global, Madrid, 2010
(6) Campos, D.A. Psiquiatría y Globalización: aspectos éticos y filosóficos, Armenia, 2015
(7) Gómez, A., Navarro, A., Serpa, H. Constitución Política de la República de Colombia, Bogotá, 1991
(8) Honneth, A. El derecho de la libertad, Madrid, 2014
(9) Campos, D.A. De la Ética en la Academia, Bogotá, 2013
(10) Vargas Llosa, M. La civilización del espectáculo, Madrid, 2011
(11) Campos, D.A. Desafíos de la globalización, Armenia, 2015
(12) Hinhelammert, F., Mora, H. Hacia una economía para la vida, San José, 2010
(13) Jaspers, K. La culpabilidad alemana, Madrid, 1980
(14) Jaspers, K. La bomba atómica, Barcelona, 2000

(15) Campos, D.A. El pensamiento político de Karl Jaspers en la Neoposmodernidad, Bogotá, 2008