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domingo, 25 de octubre de 2015

LA IGLESIA EN LA EDAD MEDIA A PARTIR DEL ENSAYO “LA PUTA DE BABILONIA”, por Luis Fernando Campos Vargas

RESUMEN


En el libro de Fernando Vallejo “la puta de Babilonia” se desprestigia, como primera instancia, a la Iglesia Católica de la edad Media. Las fuentes que utiliza el autor, sin embargo, son muchas veces poco objetivas. Los temas abordados por Vallejo son variados, incluyendo la masacre a Béziers y algunos datos biográficos de Inocencio IV, Inocencio VIII, León X, los Reyes Católicos, el lego Simón IV de Montfort, entre otros.


Siguiendo el orden en el que son tratados los temas, en la monografía se  expone y contextualiza sobre los hechos mencionados en el ensayo “la puta de Babilonia”, aclara dudas, y señala, de los datos que da Vallejo, cuáles están confirmados por historiadores imparciales y cuáles no.

Se busca determinar hasta qué punto los errores aducidos por Vallejo acerca de la Iglesia pueden llegar a ser ciertos, para así poder establecer quién sale peor librado, a la larga, en esta diatriba: si la Iglesia, con sus desaciertos y pecados, o si Vallejo, quien distorsiona, calumnia y refiere fuentes débiles. A pesar de todo, se llega a la conclusión de que son dos tipos de daño incontrastables, pues uno es grande y conocido, y el otro es sutil y ponzoñoso. 

ABSTRACT


In Fernando Vallejo’s book “la puta de Babilonia”, it is denigrated, from the very start, the Middle age Catholic Church. The resources used by the writer, however, are rarely factual. Topics engaged by Vallejo are diverse, including Béziers massacre and some biographic information about Pope Inocent IV, Leo X, the Catholic Monarchs, layman Simon IV of Montfort, and so on.

Following the order in which topics are treated, in the monograph are exposed and contextualized the facts mentioned in the essay “la puta de Babilonia”, clarified some doubts, and is mentioned whether if the information given is supported by impartial historians or not.

The purpose is determining until which point the mistakes adduced by Vallejo about the Church could be true, in order to establish who goes worse delivered, at the end, in this discussion: Will it be the Church, with its misses and sins, or Vallejo, who distorts, slanders and refers weak sources? In spite of everything, it is concluded that they are different and incontrastable kinds of hurting, for one is big and known, and the other is subtle and poisonous. 

 INTRODUCCIÓN


Fernando Vallejo es un escritor nacido en Antioquia, duro crítico de la religión y de la Iglesia Católica. En el año 2007 publicó el ensayo “la puta de Babilonia”, que causó gran revuelo tanto en los círculos seguidores como opuestos al catolicismo.
En la primera parte del libro, Vallejo denuncia las faltas que supone cometieron los papas y sus allegados durante la edad Media. Sin embargo, estas críticas tienden a ser parcializadas, y el público puede resultar confundido con respecto a la verdad histórica de este periodo de la Iglesia. Por esta razón, el objetivo de la monografía es ayudar al lector a dilucidar cuáles de los planteamientos del antioqueño usan información de fuentes imparciales y cuáles no, para así formar en él una visión más madura de este obtuso periodo histórico.
Durante la edad Media la Iglesia Católica tuvo un poder considerable en Europa, y compitió terrenos y riquezas con los reyes de entonces. Por esta razón, muchos papas y allegados al trono de San Pedro vivían más interesados del mundo carnal y pasajero que del espiritual; se le llamó el periodo del Oscurantismo porque el conocimiento del mundo clásico sólo estaba permitido a los clérigos. Esta es la causa por la que, hoy en día, se presentan tantas vicisitudes a la hora de saber qué fue aquello verdaderamente histórico y corrupto en la Iglesia, y qué fue lo meramente relativo al fenómeno de la leyenda negra y la leyenda blanca[1]
Con base en las vicisitudes planteadas anteriormente, se ha llegado a plantear, ¿quién peca más, al menos en esta parte dedicada a la edad Media del libro “la puta de Babilonia”, la Iglesia Católica de esta época o Fernando Vallejo? En la monografía se expone que tanto la Iglesia Católica como Vallejo perjudicaron a la humanidad, pero de manera distinta e incontrastable, por lo que se hace complicado culpar más a uno que a otro.
La información ha sido extraída de páginas de internet y de libros tanto en línea como en físico. Para desarrollar la monografía se ha buscado información lo más imparcial posible, para así desmentir, confirmar o dudar de las acusaciones en el texto “la puta de Babilonia”.
El trabajo se divide en capítulos correspondientes con los subtemas tratados en la primera parte del libro “la puta de Babilonia”, y sigue un orden, no cronológico, sino inferencial, como en el libro madre. 

DESARROLLO


Metodología en el Trabajo

En el ensayo “la puta de Babilonia” no hay un orden histórico-cronológico riguroso, sino que el autor, en forma de diatriba, va escribiendo acerca de lo que va recordando. En la monografía se siguen los pasos del antioqueño, buscando sus fuertes y sus debilidades. Por lo tanto, para cada subtema tratado por Vallejo se han creado distintos apartados, en los que se pretende dar una explicación imparcial de cada tópico, analizando las afirmaciones en el ensayo de una manera objetiva. 

La masacre en Béziers

El primer punto que trata Fernando Vallejo con respecto a la Iglesia Católica y la edad Media en su ensayo es el de la cruzada albigense ordenada por Inocencio III. (Llamada albigense por Albi, una ciudad en el suroeste de Francia.) Esta comenzó en el año 1209 y finalizó en 1244, y tuvo como propósito reducir por la fuerza el catarismo y favorecer la dinastía que por ese entonces gobernaba Francia.
El catarismo es una creencia catalogada como herejía por la Iglesia Católica, y que tuvo un especial auge en el siglo XII en los territorios feudales del Languedoc (Albi, Béziers y Montpellier están ubicadas en esta zona). Fue clasificada como doctrina herética porque sostenía que Dios había engendrado dos demiurgos, uno bueno y otro malo, y que fue el malo quien creó el mundo, la carne y las posesiones materiales. Además, los cátaros criticaban a los sucesores de San Pedro porque no contemplaban una vida ascética. Estos proponían la insurgencia en contra de aquellos, por lo que más temprano que tarde se volvieron un problema para el papado.
En 1209, Inocencio, después de varios choques diplomáticos con los albigenses, convocó a una cruzada. Los soldados, al mando del legado papal Arnoldo Amalrico, partieron de Lyon hacia Albi, primero sitiando la villa Serbia y llegando después a Béziers. Una vez aquí, se intentó llevar a cabo una negociación en la que la matanza no fuera enteramente bárbara, y el obispo Renaud de Montpeyroux pasó una lista con los 222 perfecti (líderes cátaros) más afamados del lugar. Sin embargo, la ciudad se rehusó a entregarlos, por lo que el obispo pidió a los ortodoxos que abandonaran Béziers. De nuevo, los católicos prefirieron oponer resistencia, y sólo pudieron salvarse él y algunos allegados.
Aún antes de comenzar el sitio, un bloque de la resistencia salió a atacar a los mercenarios y a los cruzados. No se necesitó mucho tiempo para que se dieran cuenta de su inferioridad militar y huyeran despavoridos, situación que aprovecharon, los mercenarios para comenzar la masacre, y los cruzados para seguir tras ellos y robar lo que pudieron; todo esto sin haberse dado ninguna orden para que lo hicieran. Como forma de defensa, muchos ciudadanos se refugiaron en las Iglesias,  lo cual, sin embargo, sirvió de poco, pues las puertas fueron tumbadas y las personas igualmente asesinadas: tanto herejes como católicos cayeron degollados.
Ahora bien, estas son verdades históricas que, en palabras más o palabras menos, cuenta Vallejo. En su obra, no obstante, escribe que “los albigenses eran los más devotos continuadores de Cristo” (Vallejo, 2007, p. 8), y no menciona el hecho de que la confrontación entre ortodoxos y albigenses se dio por la creencia de estos últimos en un demiurgo satánico que creó el mundo y todas las cosas materiales.
También dice él categóricamente que el legado papal dio la orden: “Mátenlos a todos, después el Señor verá quienes son los suyos”. (Vallejo, 2007, p. 9). La orden, en realidad, no parece que haya sido efectivamente pronunciada.  (Ni siquiera el mismo Heisterbach, de quien se posee el más antiguo registro escrito de la afirmación, creía mucho en ella. La escribió bajo la introducción “dícese que…” (Cesario de Heisterbach, 1229, en línea)).
Según Vaux de Cernay, el dato de siete mil personas masacradas en la Iglesia de Santa María Magdalena, es probablemente una exageración (Marvin, 2009, Documento en línea), y aunque Amalrico (el legado papal) le haya escrito a Inocencio que veinte mil ciudadanos fueron pasados por la espada sin importar el sexo ni la edad (Costen, 1997, p. 121), los historiadores actuales creen que quizá él mismo distorsionó (o no supo calcular correctamente) el número de los muertos.
Acerca de si Inocencio logró matar en un día y en una ciudad diez o veinte veces más correligionarios que los que fueron asesinados en la era de los mártires (Vallejo, 2007, p. 9), parece a todas luces una afirmación descabellada. El número de mártires en la época así llamada oscila entre los 3000 y los 3500 (William HC, 1967, en línea), y la razón entre estos números y el dudosamente grande número de 20000 albigenses muertos es, de hecho, de 6.6.
 Sobre Inocencio IV y VIII

Vallejo, una vez abordado el tema de la masacre cátara ordenada por Inocencio III, decide contar algunos datos relacionados con otros que compartieron su nombre pontificio, Inocencio IV e Inocencio VIII.
De las dos cosas que escribe tratando del primero, una es cierta y otra está distorsionada; a saber: Sí fue  Inocencio IV quien permitió a la Inquisición uso de torturas para extraer confesiones. Pero aunque alguna vez dijo que el papa era “presencia corporal de Cristo”, no estaba ni delirando ni se creía Jesús, como cuenta Vallejo (2007, p. 9), sino que se refería a que el papa fungía como representación del Mesías en la Tierra.
A la hora de hablar Vallejo de Inocencio VIII, en cambio, todos son datos históricos: con la bula Summis desiderantes affectibus, éste papa hizo que se persiguiera, con más ahínco que antes, a las brujas. Casó a su hijo con una Médici (familia poderosa e influyente de la época), y para refrendar el trato nombró cardenal al hermano menor de esta, quien contaba con apenas trece años y quien sería más tarde el papa León X. Inocencio VIII fue además un gran simoníaco.

Los Reyes Católicos

 [Inocencio VIII,] el del acierto de llamar "Reyes Católicos" a Fernando e Isabel, los de España. ¡Qué menos para un matrimonio que persiguió a moros y judíos, que fundó la Inquisición española y que patrocinó a Torquemada! De los miles y miles de inocentes que este dominico vesánico torturó y quemó, ellos en última instancia son los responsables, por ellos se fueron derechito al cielo  (Vallejo, 2007, p. 11).
En lo que concierne al anterior párrafo en el ensayo, todo lo escrito es cierto: Fernando e Isabel de España recibieron el mote de “Reyes Católicos” gracias a Inocencio VIII. Este se lo dio a ellos por: (1) sus virtudes como unificadores y pacificadores de España, (2) reconquistar Granada de los moros y expulsar a los judíos no bautizados antes de 1492, (3) promulgar una cruzada contra el Islam y (4) ayudar al Rey Carlos VIII de Francia (Wikipedia, 2015, Documento en línea). Estos dos reyes fundaron la Inquisición española y patrocinaron a Torquemada (quien inició el mayor periodo de persecución a judeoconversos, entre 1480 a 1530; también fue el primer inquisidor general de Castilla y Aragón en el siglo XV).

Comentario acerca de León X

Vallejo dice que León X disfrutó del papado de banquete en banquete; que era gordo, miope, de ojos saltones y sodomita; y que cabalgaba de lado a causa de una úlcera probablemente adquirida gracias a sus devaneos homosexuales (Vallejo, 2007, p.10). Todo lo anterior parece saberse cierto. (Aunque no hay un consenso general acerca su homosexualidad, existen tantos historiadores que hablan de ella[1], que los autores le dan la razón en este punto a Vallejo.)
Los burdeles, junto con otros estamentos, le pagaban diezmos. En Roma, por ese entonces, había efectivamente un aproximado de cincuenta mil habitantes, pero es difícil saber a ciencia cierta la cantidad de prostitutas que había entonces (un autor, en una novela literaria, empero, coincide con el número de siete mil de Fernando Vallejo[2]). Aunque se sabe que León X fue atrevidamente simoníaco, la sentencia “subastó dos mil ciento cincuenta puestos eclesiásticos, entre ellos varios cardenalatos a treinta mil ducados el capelo” (Vallejo, 2007, p. 10), parece de obtusa procedencia, pues no se encontraron referencias ni en archivos de bibliotecas ni en internet.
A su primo bastardo, el futuro Clemente VII, el día que León X se volviera papa, le dio su propio capelo de manera gratuita. Hay quienes dudan, sin embargo, de que le hubiera dicho a Clemente: “ya que Dios nos ha dado el papado, gocémoslo” (Claudio Rendina, s. f., Il papi, p. 614).
Es cierto que las tesis de Lutero no le importaron demasiado, pero no creen los escritores de la monografía que sea cierto que Pablo VI haya sido la antítesis agriada de León X, como afirma Fernando Vallejo (2007, p. 10). (De hecho Pablo era muy carismático, el que no se la pasara de fiesta en fiesta no quiere decir que fuera un hombre desagradable.)
Volviendo con León X: Petrucci intentó un papicidio al darle la consigna al médico Vercelli de introducirle un veneno por el ano, pero el sucesor de San Pedro descubrió el plan, ejecutó a Petrucci, y, citando a Vallejo (2007),  “vivió varios años más, feliz, con la conciencia tranquila, disfrutando de lo que Juan Pablo II llamaba hace poco, en pleno epicentro del sida en África Central, "el banquete de la vida" […]” (p. 10). León X murió de malaria.

Apartado para Simón IV de Montfort

Vallejo (2007) continúa explayándose sobre el tema de la cruzada albigense: “Tras Béziers cayó Carcasona, donde Amalrico hizo conde de la cuidad a un veterano de la Cuarta Cruzada, Simón de Montfort” (p. 11). Estos datos están fehacientemente documentados en otras fuentes[3].
Simón IV de Montfort fue una figura clave en la cruzada del Languedoc. Los historiadores, tanto los modernos como los de ese entonces, afirman que era un buen estratega militar, un católico fanático y un luchador sádico y descarnado.  Ya había participado en la Cuarta Cruzada (cruzada que en un principio intentó reconquistar Tierra Santa, y que terminó en el saqueo de la ciudad de Constantinopla); fue el único que aceptó la orden del legado papal Amalrico de despojar de sus títulos al que era conde de Béziers, para adjudicárselos él. Fue nombrado líder del ejército cruzado. Es largamente conocido el hecho de que Montfort, en las cercanías de Bram, tomó varios prisioneros; les sacó los ojos y les cortó la nariz, las orejas y la boca -a todos menos a uno, al que sólo le sacó un ojo para que los pudiera guiar hasta Cabaret. Esto con la intención de generar miedo en sus enemigos.­­
Dos cosas dice Vallejo que no se pudieron comprobar: (1) Que Amalrico le hubiera dicho que “tratara a toda la Occitania como tierra de herejes y se sintiera libre de exterminar a cuantos quisiera sin tomar prisioneros” (2007, p. 11), y que (2) la columna de ciegos avanzara, el uno detrás del otro con las manos puestas en los hombros del de adelante, y delante de todos el tuerto  (Vallejo, 2007, p. 11). Sin embargo, los datos parecen, según estricta lógica, creíbles. ¿Cómo iban sino a ser conducidos los presos? Y, ¿sería Montfort tan desobediente como para matar a tantos como hizo sin previa orden[4]?

Tratando de las edades de algunos pontífices y papas

El siguiente apartado en la monografía analiza lo dicho en este párrafo (Vallejo, 2007, p. 11):
Cuarenta y ocho años tenía entonces este pontífice [Simón IV de Montfort] que había sido elegido a los 37, a la misma edad de Giovanni de Médicis: pocos comparados con los 78 a que se encaramó al trono de Pedro nuestro actual Benedicto XVI, pero muchos frente a los 20 a que fue elegido Juan XI, o los 16 a que fue elegido Juan XII, y ni se diga los 11 a que fue elegido Benedicto IX (…).
Ni es seguro que Simón IV de Montfort haya sido elegido pontífice ni Giovanni de Médicis fue elegido pontífice a los 37 años, sino a los 47. De hecho, como Simón IV de Montfort nunca fue elegido sumo pontífice, lo lógico sería pensar que el autor se está refiriendo a un pontificado común (esto es, al ser obispo o arzobispo de una diócesis) y no al papado. Por lo tanto, yerra también confundiendo la edad de Giovanni en su ascensión al pontificado (13 años) con la de su coronación como papa (47 años, que Vallejo dice 37 quizá por un error tipográfico o un descuido intelectual).
Son ciertas la edad de llegada al pontificado tanto de Benedicto VXI, como de Juan XI y de Juan XII. Con respecto a la creencia de la coronación a los 11 años de Benedicto IX, esta parece ser una leyenda o un error histórico (Enciclopedia Católica, 2015, documento en línea).

Las cartas sobre la mesa

Salta a la vista que Vallejo está parcializado en lo que se refiere al tema de la Iglesia Católica, pero esto no le da derecho de tratar al lector de conejillo de Indias, diciéndole que todo lo que él afirma es cierto, cuando él mismo bien sabe que las fuentes que referencia muchas veces están descontextualizadas y son poco objetivas. En esta sección del trabajo se repartirán cuentas entre uno y otro: ¿Qué hizo mal la Iglesia? ¿Qué hizo mal el antioqueño?
Hablando de la Iglesia en este periodo de la historia, es de censurar:
·         Su tenacidad a la hora de apoyar cruzadas y guerras de religión, más aún cuando la intencionalidad era también política. En este aspecto es necesario denunciar la masacre en Béziers, por ejemplo, impulsada por Inocencio III y promulgada para extinguir el poder político y religioso de los cátaros.
·         La avaricia y vanidad de los curas y papas (razón por la que se dieron las afrentas de los cátaros a los católicos).
·         La inmoralidad en los cruzados, pues nunca se buscó que los soldados mataran la menor cantidad de personas (enemigas o no), ni que no robaran, etc.
·         La instauración, por parte de Inocencio IV, de la tortura como método para obtener confesiones.
·          La costumbre (promovida por una bula de Inocencio VIII) de quemar a los culpables de herejía. Esto muchas veces sin ni siquiera tener pruebas de las acusaciones contra ellos.
·         El nepotismo y la simonía descarados de Inocencio VIII y León X. La vida lujuriosa y sibarítica, además, en este último.
·         El estímulo que le hace Inocencio VIII a los reyes Fernando e Isabel, llamándolos los “Reyes Católicos”, por su virtud de fervientes guerreros contra las religiones judía y musulmana.
·         Las razones para elegir papas y sacerdotes, extremadamente políticas, y en cambio muy poco enfocadas en el plano espiritual.
Con respecto a Vallejo, se establecerá que peca por:
·         Contar medias verdades, desinformar. Esto se evidencia cuando escribe sobre la disputa entre albigenses y ortodoxos, y cuando dice que “[Inocencio IV], en el clímax de su delirio se desinaba a sí mismo praesentia corporalis Christi” (Vallejo, 2007, p. 9).
·         Utilizar fuentes débiles para hacer afirmaciones categóricas. Se le ve valerse de esta treta, por ejemplo, cuando cita la históricamente dudosa frase “mátenlos a todos que ya después el Señor verá quienes son los suyos” (Vallejo, 2007, p.8), o cuando dice que Benedicto IX fue hecho papa a los 11 años (p.11). De entre todos los errores historiográficos cometidos por Vallejo en su obra “la puta de Babilonia”, este es el más constantemente cometido.
·         Confundir (o bien, alterar a propósito) fechas y títulos. Esto cuando habla de la ordenación de Simón IV de Montfort y de la coronación de Giovanni de Médici.
·         Calumniar. Trata a Pablo VI de agriado, por ejemplo, sin asomo de justificación siquiera. Varias frases poco decorosas están incluidas en este aspecto, como aquella que dice “El Espíritu Santo, que caga lenguas de fuego” (Vallejo, 2007, p. 9) o “Y estos [los sitiadores], con católico celo, se entregaron a la rapiña y al exterminio”[5] (p. 8). 


CONCLUSIÓN


Desde el punto de vista moral, es difícil no culpar a la Iglesia Católica de la edad Media por su mundanidad, su exacerbado interés político y su alejamiento de las enseñanzas de Jesucristo. No obstante, si Vallejo en realidad hubiera querido cambiar el pensamiento de lectores maduros e inteligentes, habría tenido mejores resultados ateniéndose a las verdades históricas y refiriendo sus fuentes que insultando, calumniando y contando chistes de mal gusto.
Parecería que el mayor peso de la culpa recae sobre la Iglesia católica. Esto principalmente por dos razones: Primero, porque se hace mucho más fácil herir a la humanidad desde una institución de miles de personas durante quinientos años que herirla un escritor en unas cuantas páginas de un libro, y segundo porque, al menos durante la edad Media, la Iglesia ejerció un fortísimo poder en el mundo, incomparable con el casi imaginario que detenta Vallejo en la actualidad. Es decir, por más que Vallejo quisiera a toda costa ser peor y más dañino que lo que en la edad Media fue la Iglesia, fracasaría en el intento.
Son heridas de proporciones incomparables, sin embargo. La Iglesia es como un animal grande y cansado, el cual en algún momento ocasionó graves heridas al mundo que todavía buscan cicatrizar. La palabra de Vallejo, en la otra mano, es un veneno lleno de engaño y malicia: llega sin ser visto ni sentido, pero poco a poco daña y enferma.

Luis Fernando Campos Vargas (Colombia, 1982)


NOTAS

[1] Leyenda negra: aquello, muchas veces falso o exagerado, que se escribió en la edad Media acerca de un estamento enemigo. Por ejemplo, lo que habrá escrito algún rey de Francia sobre un papa al que le envidiaba su poder. La leyenda blanca es lo completamente opuesto: exageraciones e inventos sobre supuestas virtudes de mandatarios cercanos al escritor.
[2]De la homosexualidad de León X  hablan Carlo Falconi, Francesco Gucciardini, Paolo Giovo y hasta Martín Lutero (Wikipedia, 2015, Documento en línea).
[3]Ruiz de la Fuente (2008) escribe en su novela que en el siglo XV, en Roma, ejercían el trabajo de prostitutas unas siete mil mujeres, más o menos (Documento en línea).
 [4] Así como Oldenbourg (1961), también Jonathan (2000) y Runciman (1985) afirman que el legado papal Arnoldo Amalrico hizo conde a Simón IV de Montfort en Carcasona.
[5] Parece poco probable la respuesta afirmativa a esta pregunta, pues, según los textos, Montfort era un hombre estricto y obediente, sobre todo en las campañas militares (Jonathan, 2000, Documento en línea). 
[6] Las cursivas son estrictamente de la monografía, no están en el ensayo “la puta de Babilonia”.  


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