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martes, 25 de agosto de 2015

ETICA NICOMAQUEA: IDEAS FUNDAMENTALES, por Luis Fernando Campos y David Alberto Campos

1. Toda actividad apunta a un bien. Como todos los bienes apuntan a la felicidad, la felicidad es el bien de todos los bienes. 

2. La felicidad está basada en los pilares del placer, la vida social y la vida contemplativa. 

3. Las virtudes son la forma por la cual se llega a a felicidad, el supremo fin para el hombre, y se dividen entre las éticas (que tienen algo de aprendido) y las dianoéticas (completamente intelectuales).

4. Las virtudes éticas se forman mediante su constante práctica. La moderación es la clave para que ellas se desarrollen en su mejor estado. 

5. Una virtud es óptima cuando trae bien, y vicio cuando no.

6. La plena virtud se logra practicándola, pues cualquier virtud requiere un conocimiento y una práctica. La virtud, en otras palabras, es un hábito. Y busca el término medio.

7. Hay acciones involuntarias y otras voluntarias; aquellas malas involuntarias producen congoja o compasión en quien las observa mientras que las malas voluntarias producen desprecio y antipatía en la gente. 

8. Se busca la libre elección, y se debe llegar a ella mediante la necesaria deliberación.

9. Valiente es aquel que sea temerario en lo que exige valor y cobarde en lo que no.

10. El moderado (que tiende a ser virtuoso) se guía por lo bueno y no por lo placentero.

11. La liberalidad es el término medio de los bienes materiales. Alguien liberal es quien gasta y da sólo cuando debe (cuando es razonable hacerlo). No se debe ser pródigo ni mezquino, mucho menos avaro.

12. La magnificencia se da por una liberalidad bien encauzada, por lo que un liberal posee magnificencia, y sabe cuándo gastar y cómo en lo grande, sin preocuparse por ciertos detalles. Hay quien gasta en lo pequeño y ahorra en lo mucho, para luego arrepentirse (esta última actitud es mala, porque aunque no afecta directamente a nadie alrededor no trae ventajas para el que se excede en ella).

13. La magnanimidad es saber hacer las cosas en grande, sin llegar a ser vanidoso ni pusilánime, actuando bien y conscientemente. El magnánimo no se alegrará excesivamente en la fortuna ni se deprimirá demasiado en épocas malas. 

14. Quien sólo finge ser magnánimo copia un desdén que no posee, por lo que lo hace de manera que resulta un defecto y no una virtud en la persona. 

15. El magnánimo socorre sin hablar de las ayudas. Es sincero, bien educado, y no es servil ni dominante. Busca lo hermoso, no habla de nadie ni bien ni mal, y su voz es lenta y medida. La magnanimidad se relaciona con los hábitos de buena estima.

16. La ambición y la indolencia son dos extremos. Como todo extremo, el hombre virtuoso sabe evitarlos.

17. Hay quienes sólo se satisfacen con la venganza, y son o irascibles porque estallan y acaban en cenizas, o se consumen poco a poco en su estado amargado. El estado intermedio es mansedumbre, siendo manso aquel que sabe cómo expresar su ira y al mismo tiempo se mantiene en calma por dentro.

18. El justo medio entre el lisonjero y adulador, y entre el díscolo y pusilánime, es aquel que caracteriza al amable. El amable lo es sin importar si habla con un amigo o con un desconocido (no resultará ninguno más favorecido que otro). Aquel que logre esta moderación se caracterizará por ser atractivo para las personas, y estas buscarán su trato.

19. Entre la jactancia y el disimulo hallamos una nueva virtud. El jactancioso se atribuye prerrogativas que no le corresponden, en tanto que el que disimula niega las potestades que posee. Quien está en el término medio es estimado y comprendido. 

20. Resulta vil quien presume más de lo que tiene, vanidoso y falso. Quien lo hace con el dinero es más infame aún.

21. Entre lo apacible y lo ingenioso se encuentra otra virtud. Quien se excede en burlas y bromas parece bufón, y quien al contrario nunca dice nada gracioso resulta intolerante y rudo. A quien sabe provocar risa se le considera ingenioso, tiene una peculiar agilidad.

22. El pudor parece más bien un hábito, notable y respetado, más que nada cuando aparece en la juventud.

23. Justo es quien practica la justicia, e injusto quien no lo hace sino que realiza acciones contrarias a la justicia. 

24. En la justicia se dan juntas todas las virtudes, pues la justicia agrada y es recomendada por la ley y busca siempre el mayor beneficio para todos.

25. Aparecen una justicia total y otra específica.  La injusticia implica apartamiento de la ley. Hay relaciones injustas o justas que requieren de cierta reciprocidad, pero  hay otras que son unidireccionales o aún violentas para lograr su cometido.

26. Lo injusto es desigualdad y lo justo es lo igual (entendiendo igualdad por isonomía), y dado que el término medio parece ser igual y aceptado por todos, lo justo será este término, y lo injusto el resto. 

27. La justicia debe ser proporcional. 

28. El hombre busca justicia y reciprocidad.

29. La acción justa es la medida media; implica que no se comete ni se padece injusticia.

30. Hay justicia en lo que es propio de la ley, a pesar de que en la ley se encuentren injusticias. Quien tiene una preocupación por la justicia lo debe hacer buscando beneficiar a los demás.

31. Cuando se comete algo voluntariamente se hace algo justo o injusto, pero cuando no se hace voluntariamente no resulta ni lo uno ni lo otro. También por eso no nos rebelamos contra aquello injusto que envía el destino, como la vejez o la muerte, pues quejándonos no se arreglará el problema.

32. No es posible padecer injusticia si no hay quien obre injustamente, ni recibir justicia si no hay quien sea justo. 

33. Nadie quiere algo que no sea bueno para sí mismo.

34. La injusticia contra sí mismo existe pero no es razonable, y parece limitada. Así, esta ni se prohíbe ni se permite. La equidad guarda cierta relación con la justicia. Es calificado de equitativo quien es bueno.

35. Se divide el alma en una parte racional y otra irracional, y esta primera en dos: la científica y la calculadora (la primera ya sabe lo que debe hacer y la otra delibera). 

Hay tres aspectos que gobiernan al alma: la sensación, el entendimiento y el apetito.

36. Se dice que es propio del prudente el poder deliberar acertadamente acerca de lo bueno y lo conveniente para él.

37. Parece también que la sabiduría es el más perfecto de los modos del saber racional estricto. 

38. Se diferencia la prudencia de la sabiduría en que la primera es más humana y la otra más espiritual y despegada.

39. La prudencia es imperativa y ordena algo, mientras que la aptitud mental se dedica a inspeccionar su detalle. No es posible ser bueno sin ajustarse a la prudencia, ni ser prudente sin disposición ética hacia la virtud.

40. Hay tres comportamientos que se deben evitar: incontinencia, vicio y brutalidad. De los primeros, sus respectivos antagónicos son la virtud y la continencia. Sobre la brutalidad podría decirse que se le opone la perfección heroica. 

41. La modalidad humana en la que hay perfección se opone a la bestialidad. 

42. El hombre incontinente obra mal por culpa de su pasión, mientras que aquel que se contiene sigue lo que le ordena de la razón a pesar de los problemas que lo rodeen.

43. La continencia y la firmeza son entonces lo apropiado, y la incontinencia y la pusilanimidad lo inapropiado. 

44. Los incontinentes están ondeando entre estados similares a los maníacos o de embriaguez. Así como cuando se nos advierte de no comer un dulce y sin embargo el apetito mueve a eso, sucede con los incontinentes que saben el daño que hacen pero siguen motivados a realizar el acto imprudente. 

45. Hay pasiones necesarias que son relativas a lo corporal (los placeres del amor); otras no son necesarias (victoria, honor, riqueza). Aquellos prudentes buscan los placeres del cuerpo pero controladamente, y los incontinentes las buscan con desenfreno.

46. Aquello que es apetecible y se desea con desenfreno no es un acto prudente.

47. Hay también actos brutales que producen repulsión, como el asesinato. Todos los excesos implican brutalidad o morbosidad en el modo de ser.

48. La incontinencia de la ira por lo tanto es menos deplorable que aquella que no tiene explicación racional, y la más vil de todas es aquella que marca una perversidad pura.

49. Es posible, aunque la mayoría resulte vencida, el triunfar sobre los placeres de la carne y obrar prudentemente con ellos. 

50. Hay quienes reflexionan y sin embargo sucumben a las pasiones y otros que no se atienen ni a reflexionar por la impronta de su apetito.

El desenfrenado es quien no se arrepiente de lo que hace y se aferra a su libre elección; en cambio el incontinente es propenso al arrepentimiento. El desenfrenado parece insalvable mientras que el otro es enmendable. 

51. La incontinencia es inconsciente. Los incontinentes no son injustos pero cometen injusticias.

52. El obstinado parece continente, pero difiere de él, así como el temerario parece valiente pero frente a los problemas termina peor librado.

53. La posición deseable es la intermedia, que se acerca a los placeres sin reprimirse pero tampoco sin descontrolarse en ellos.

54. No es posible que alguien sea a la vez prudente e incontinente. Prudente es quien realiza la conducta apropiada, y no sólo prudente por saber sino porque es capaz de actuar. Un incontinente se parece a una ciudad cuyas leyes son perfectas pero que en la práctica no son cumplidas.

55. Algunos opinan que ningún placer es un bien por sí mismo, otros que algunos son buenos pero que en la mayoría son malos, y otros sostienen que todos los placeres son buenos aun cuando no se admite que lo más apropiado sea el placer. Los primeros lo afirman porque al ser una sensación no tiene que ver con una causa final. Al prudente, por otra parte, los placeres no le impiden el discernir, y es posible para él su disfrute.

El placer no es algo apropiado, ni lo mejor, por lo tanto. Hay placeres que son inapropiados por perniciosos pero no son malos para algunos. También hay placeres buenos, que no requieren de sufrimiento ni de deseo. También hay placeres que no tienen que ver con la naturaleza si no son hasta contrarios, pero que de alguna manera son agradables (como lo picante o lo amargo).

Los placeres no tienen que ver con el fin ni con su causa media, sino que vienen por añadidura, y las cosas buenas parecen placenteras pero llegan a ser hasta perniciosas, como la excesiva contemplación. Hay placeres que ayudan a un mejor aprendizaje y capacidad de pensamiento.

Por eso no es correcto decir que el prudente evita los placeres, pues estos algunas veces son malos pero también otras son convenientes. Hay placeres, por eso, propios del moderado.

56. No es feliz quien tiene una excelente fortuna sólo por eso. Sí se necesita de cierta buena suerte para ser feliz, así como se necesitan de los placeres para alcanzar la felicidad pero no son estos la única clave para aquella.

57. Los placeres corporales son sólo dignos de escogerse si son moderados.

58. El ser humano vive en constante cambio, por lo que su felicidad también es mutable y sus apetitos y placeres constantemente varían. 

59. Dios es el único ser no mutable, perpetuamente feliz en su calma eterna, contrapuesto a la mutabilidad humana.

60. La amistad es una virtud, y lo más necesario para la vida. Del trato con amigos procede la posibilidad de hacer el bien. Tanto a los jóvenes como a los mayores les sirve de ayuda. Se dice que quien es amigo es bueno y también justo, y nada que ayude más que la justicia a la hora de conseguir amigos.

La bondad se busca en las amistades, pero cuando esta no es correspondida ya no hay amistad. 

No son amigos quienes buscan un beneficio en la relación con el otro. Las amistades por accidente son aquellas en la que uno no es querido por lo que es sino por lo que facilita, y por eso se desvanecen apenas alguien deja de mantener la disposición placentera o conveniente.

61. La amistad perfecta se da entre los que son buenos e iguales en virtud, porque por lo buenos y dispuestos al bien resultan por eso buenos para ello. Para llegar a este punto sin embargo hay que haber compartido algunos problemas, y esto sólo después de haberse demostrado amabilidad y confianza. El anhelo de amistad emerge rápido pero la amistad no.

62. La naturaleza tiende a eludir lo molesto y se inclina a lo placentero, por eso nadie se dispone a convivir activamente con alguien triste o poco agradable.

63. Desglosando entre las clases de amistad que se han propuesto, se establece que aquella que es virtuosa no reclama nada porque en verdad sólo espera el bien para ambos en la relación, mientras que los que esperan algo suelen echar en cara victorias o reclamar falta de intercambio, pues al sólo querer para ellos creen estar recibiendo menos de lo que dieron.

64. La benevolencia es un sentimiento que no es ni amistad ni afecto, sino más ligero y ocasional, pero que predispone a estas dos.

65. Hay concordia cuando se establece unanimidad entre las opiniones, pero no cuando se accede sea lo que sea, sólo cuando hay común acuerdo.

66. Los benefactores favorecen sin esperar nada a cambio. Es importante tener en cuenta que los favorecidos tienen poca memoria y no buscan ayudar nunca a los benefactores.

67. Se ha cuestionado acerca de si debe uno quererse o si no, y por lo general se califica al hombre malo de egoísta, pues no quiere bien para nadie que no sea el mismo. Sin embargo, es discutible que el quererse sea siempre mal, pues si se aprecia más a los amigos, y uno es amigo de uno mismo antes que de nadie, parecería haber razón en buscar el bien para uno mismo.

68. El hombre malo no está en armonía consigo mismo.

69. Se discute sobre si el dichoso necesita o no tener amigos, pues se dice que los afortunados se bastan a sí mismos. El autor dice que no, pues si es tan dichoso buscará la mayor de las dichas que es el poder beneficiar a sus amigos, y no así los buscará solamente cuando sienta necesidad de mecenazgo. Además, en la compañía y el trato de otros la vida se vuelve más fácil.

70. Los virtuosos y los ecuánimes desean la vida y aman la vida, porque es venturosa para ellos.

71. Con los amigos sucede como con los huéspedes, “ni muchos, ni ninguno”, pues un exceso acarrearía dificultades, pero cierta cantidad es apropiada y benéfica.

72. En el infortunio se buscan amigos para aliviar y solucionar las penas, y en la prosperidad para compartir y favorecer a otros.


73. Los amigos buscan convivir entre ellos, y si son buenos se imitan en sus virtudes y comparten en su ecuanimidad, así como si son malos se pudren más y se reúnen para pervertirse y hacer mayores sus vilezas.

74. Hay quienes opinan que es el placer lo que se debe buscar, y hay quienes opinan que este hace mal, unos diciendo que es malo en sí y otros diciendo que sus consecuencias son no favorables. Eudoxo sostenía que había que querer el placer y evitar el dolor, pues parece un comportamiento natural. El placer no parece ni bueno, sin embargo, ni deseable siempre. En cualquier caso, no todo placer es malo sólo porque los malos se satisfagan de él. El placer no es bien, ni todo placer es deseable como tal, aunque algunos sí.

Son mejores los placeres sobrios y sostenidos que los placeres efímeros e intensos.

75. El gozar se le puede atribuir a cualquiera. La felicidad no está limitada a los entretenimientos.

76. Si la felicidad es una virtud, deberíamos encontrarla en lo más excelente (lo mejor del ser humano):  el intelecto es lo mejor que hay en nosotros. La felicidad suprema es el conocimiento en la actividad contemplativa.

La contemplación es la actividad más cercana a la divina, la actividad que genera más alegría. Sin embargo, quien quiera dedicarse a la contemplación necesitará de bienestar.

77. Se debe buscar la virtud. Sin embargo, hay quienes no se convencen por ser enseñados sino por miedo al castigo o al dolor. La mayoría reacciona más a las necesidades que a la razón y más a los castigos que a las recomendaciones. Por lo tanto, se debe criar para que repugne lo inicuo y se busque lo justo, y debe haber leyes y constituciones justas y fuertes.

Luis Fernando Campos Vargas (Colombia, 1998)
David Alberto Campos Vargas (Colombia, 1982)