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miércoles, 22 de julio de 2015

El niño robado, por William Butler Yeats

Ni miedo ni esperanzaDonde se zambullen las montañas rocosas 
Del bosque de Sleuth en el lago, 
Hay una boscosa isla 
Donde las garzas al aletear despiertan 
A las soñolientas ratas de agua: 
Allí hemos ocultado nuestras tinajas encantadas, 
Llenas de bayas 
Y de las cerezas robadas más rojas. 

¡Márchate, oh niño humano! 
A las aguas y lo silvestre 
con un hada, de la mano, 
pues hay en el mundo más llanto del que puedes entender.

Donde las olas del claro de luna alumbran 
Las oscuras arenas grises con su brillo, 
Lejos, en el lejano Rosses 
Nosotros caminamos por ellas toda la noche, 
Tejiendo viejas danzas, 
Juntando las manos y juntando las miradas 
Hasta que la luna emprende el vuelo; 
Saltamos de un lado a otro 
Y cazamos las burbujas de la espuma, 
Mientras el mundo está lleno de problemas 
Y duerme con ansiedad. 
¡Márchate, oh niño humano! 
A las aguas y lo silvestre 
con un hada, de la mano, 
pues hay en el mundo más llanto del que puedes entender.


Donde el agua errante cae 
Desde los cerros a Glen-Car, 
En lagunas entre los rápidos 
Que casi podrían bañar una estrella, 
Buscamos las truchas que dormitan 
Y susurrando en sus oídos 
Les damos sueños inquietos; 
Inclinándonos con suavidad desde 
Los helechos que lloran 
Sobre los jóvenes arroyos. 
¡Márchate, oh niño humano! 
A las aguas y lo silvestre 
con un hada, de la mano, 
pues hay en el mundo más llanto del que puedes entender.


Con nosotros se marcha 
El de mirada solemne: 
Ya no oirá el mugido 
De los terneros en la cálida colina 
O a la tetera en la cocina 
Cantar paz para su pecho, 
Ni verá el cuello pardo de los ratones 
Alrededor del cajón de la harina de avena. 
Pues se viene, el niño humano, 
A las aguas y lo silvestre 
Con un hada, de la mano, 
Desde un mundo con más llanto del que puede entender.


William Butler Yeats (Irlanda, 1865-1939)

añan al animal que muere;
el hombre aguarda su final
temiendo y esperando todo;
muchas veces murió,
muchas se levantó de nuevo.
Un gran hombre con su orgullo
al enfrentar asesinos
hunde en el escarnio
la cesación del aliento.
Él conoce la muerte a fondo —
el hombre creó la muerte.