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jueves, 12 de marzo de 2015

El huérfano sobre el cadáver, por José Eusebio Caro

I

Este tu cuerpo es, pues, ¡oh padre mío!
¡Padre! Ya no respondes. ¿Qué te has hecho?
¿Eres acaso el cuerpo inmóvil, frío,
Que yace aquí sobre este aciago lecho?

¡Oh, no! que hablabas, y este cuerpo calla,
Calla y nunca hablará: tu lengua muerta
Fija, trabada al paladar se halla,
Y la vida en tus ojos no despierta.

Al recibir mis últimos abrazos
Ayer de amor tu corazón latía,
Y me estrechaban con afán tus brazos,
Y una lágrima en tu ojo se veía.

Y hora a tu ojos lágrimas no asoman,
Y hora en tu pecho ni un latido siento,
Y hora tus brazos yertos se desploman
Cuando enlazarlos a mi cuello intento.

¡Oh! ya no volverán nunca a abrazarme
¡Oh padre mío! de mi infancia amigo,
Nunca ya volverás a consolarme,
Nunca a llorar ya volverás conmigo.

Y este cuerpo infeliz, manos de extraños
A hundirlo van en olvidado suelo:
Y sobre él volverán sin fin los años,
Y sobre él lucirá sin fin el cielo.

II

Y para mí las risas y alegrías,
Y las horas de amor, de luz, de oro
Vieron su fin; y desde hoy los días
Van a empezar de soledad y lloro.

De hoy más, bajo el hogar del extranjero,
Sin ti me sentaré solo a la mesa:
Y, como tú te fuiste, si yo muero,
Nadie a llorar irá sobre mi huesa.

Y un ser sobre la tierra que me ame
Como me amaste tú, buscaré en vano...
¡Ah! ¿qué me importa que haya quien me llame
Alguna vez amigo, esposo, hermano?

Sin el amor, ¿de amor qué son los nombres?
No logran engañar ni al que los dijo.
¡Ay! no veré de nuevo entre los hombres
Al que de veras me llamaba hijo.

Tú, tú me amaste, y sólo tu supiste
De amar mi sed, mi sed de ser amado;
Y a mí tu inmenso corazón abriste,
Y en él entré, y en él quedé saciado.

Y hora te vas... ¡ah! ya te fuiste... y nunca,
¡Oh! nunca... ¡No! vuelve otra vez siquiera.
Vuelve; que ya mi vida siento trunca,
Y espera en ti mi amor que en nada espera.

José Eusebio Caro (Colombia, 1817-1853)