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viernes, 20 de febrero de 2015

Manuel Ancízar, sobre la fauna colombiana

"...Enumerar las minadas de animales que pueblan la selva sería imposible. Encima es un interminable ruido de aves, que ora sacuden las ramas al volar pesadamente, como las pavas y paujíes, ora alegran el oído y la vista como los jilgueros, las diminutas quinchas (colibrí) o el-sol-i-luna, pájaro de silencioso vuelo, brillante cual mariposa, que lleva en las alas la figura del sol y de la luna creciente, de donde le viene su nombre. Alrededor remueven el ramaje multitud de cuadrúpedos, y los inquietos zambos corren saltando de árbol en árbol a atisbar con curiosidad al transeúnte, las hembras con los hijuelos cargados a la espalda, y todos juntos en familia chillando y arrojando ramas secas; mientras más a lo lejos los araguatos, sentados gravemente en torno del más viejo, entonan una especie de letanía en que el jefe gruñe primero y los demás le contestan en coro. Bajo los pies y por entre la yerba y hojarascas se deslizan culebras de mil matices, haciéndose notar la cazadora por su corpulencia y timidez, y la lomo-de-machete, de índole fiera, cuerpo vigoroso, coronada de cresta y armada de una sierra que eriza sobre el lomo al avistar al hombre, lo que afortunadamente sucede raras veces; en ocasiones saltan de repente lagartos enormes, parecidos a las iguanas, y huyen revolviendo la basura del suelo; en otras nada se ve, pero se oye un sordo roznar en la espesura, y el ruido de un andar lento al través de la maleza; de continuo y por todas partes la animación de la naturaleza en el esplendor de su abandono, y a raros intervalos, a orillas del camino y escondida, se encuentra la choza miserable de algún vecino de Guayabito, pálido y enfermizo, o cubierto el cutis con las feas manchas del carate; el hombre está de más en medio de aquellas selvas, y sucumbe sin energía, como abrumado por el mundo físico..."

Manuel Ancízar Basterra (Colombia, 1812-1882), en Peregrinación de Alpha