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viernes, 20 de febrero de 2015

Manuel Ancízar, sobre la conquista de los muzos

"...Los conquistadores hallaron mucho que hacer en esta tierra de los muzos para sujetarla. Eran valientes y soberbios los indios, contaban a cada paso con fortalezas naturales para resistir la invasión castellana, y las quiebras y barrancos, no interrumpidos por llanos ni lomas limpias, les ponían a salvo de los temidos caballos, que en aquel país eran más embarazosos que útiles a los invasores. Sin arcabuces nada habrían podido, como lo demostraron los descalabros que sufrió el capitán Valdez, a quien arrojaron del territorio bien escarmentado. En 1552 los acometió de nuevo Pedro de Ursúa con un cuerpo de veteranos, y logró penetrar hasta Pauna, con mil riesgos, fatigas e infames traiciones en que asesinó a los principales caudillos indígenas, con lo cual, creyéndose vencedor, fundó la ciudad de Tudela, cerca del río que hoy llaman Guaso, a la izquierda del camino que de Muzo lleva a Puripí; mas los valientes indios volvieron a la carga, atacaron y arrasaron la ciudad y expulsaron de nuevo a sus insufribles huéspedes. La experiencia enseñó a éstos el modo de triunfar de los heroicos muzos, y en 1555 marchó sobre ellos el capitán Lanchero con un cuerpo de arcabuceros y una numerosa jauría de perros cebados con carne de indios, los cuales fueron cruelmente cazados y despedazados en los bosques. Venció Lanchero; y noticioso de que en los cerros de Itoco había copiosas muestras de esmeraldas finas, fundó allí cerca una ciudad que llamó "Trinidad de los Muzos", y es hoy el triste y miserable pueblo de Muzo. Fue en lo antiguo una villa considerable, si se ha de juzgar por las ruinas que aún se ven de buenas casas de ladrillo y piedra, sobre cuyos restos han levantado los modernos sus' ruines ranchos de paja. La tradición de los viejos conserva memoria de cinco iglesias y dos conventillos; hoy, en aquellas ruinas macizas, donde fueron las salas y aposentos de los antiguos hidalgos, hay viejísimas plantas de cacao y árboles corpulentos, nuncios de la invasión de los bosques en el decadente poblado, y del próximo retroceso del país a la agreste soledad de las selvas primitivas..."

Manuel Ancízar Basterra (Colombia, 1812-1882), en Peregrinación de Alpha (fragmento)