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viernes, 20 de febrero de 2015

Manuel Ancízar, sobre el maltrato a los amerindios colombianos en plena República

"... Los pocos indios puros que aun hay en Guane son de regular estatura, cuadrados de espaldas y muy fornidos de piernas, efecto de su continuo subir y bajar cerros cargando pesadas maletas; la fisonomía maliciosa y los rodeos que emplean para responder cualquier pregunta indican la desconfianza con que miran a los blancos, escarmentados como están de salir siempre mal en sus tratos y relaciones. Visten ancho calzón de lienzo, camisa de lo mismo, cubierta con la indispensable ruanita de lana; ellos y sus mujeres, que conservan el chircate nacional en vez de enaguas, gastan sombreros de paja grandes y gruesos a prueba de agua y aun de tiempo. Durante la semana están metidos en los ranchos de sus estancias de labor, y los domingos y días festivos los pasan en el pueblo andando por las calles al son de tiples, tamboriles y una especie de gaitas que llaman clarines, desquitándose de las tareas y dieta de la semana con interminables tragos de chicha, de donde les resulta una confusión de ideas tal, que si las mujeres, más prudentes y sobrias que ellos, no los llevaran a sus casas, ni acertarían con el camino, ni dejarían de quedarse regados por los campos, disfrutando del rocio de la noche. Toda la instrucción que reciben se reduce a un cúmulo de nociones supersticiosas, que con el nombre de religión cristiana les inculcan; de ahí para adelante no hay que buscar nada: su alma se encuentra sumergida en las tinieblas, su existencia puramente material los entorpece y degrada. Nada se ha hecho no se hace para sacarlos de esta miseria moral y levantarlos a la altura del hombre civilizado, el cual se contenta con cruzar los brazos y decir sentenciosamente desde lo alto de su cabeza: "esta raza es incapaz de civilización y de progreso"; y, en consecuencia, menosprecian al indio y se prevalen de su ignorancia y sus vicios para quitarle con inicuos contratos la triste porción de la tierra de sus padres que los conquistadores le permitían poseer bajo el nombre de Resguardo..."

Manuel Ancízar Basterra (Colombia, 1812-1882), en Peregrinación de Alpha