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viernes, 20 de febrero de 2015

Manuel Ancízar, sobre documentos chibchas destruidos

"... la antigüedad de la Piedrapintada y de sus jeroglíficos es bastante para juzgar que aquel monumento es obra de los chibchas, testigos de la terrible pero beneficiosa revolución que debió producir la repentina salida de las aguas de Fúquene. Por otra parte, Saboyá está situada a 2.801 metros de altura sobre el nivel del mar, y la Piedrapintada a 2.845 metros; y como el boquerón de Tierranegra, límite y barrera del antiguo gran lago por la parte sur, mide 2.868,6 metros de altura,es evidente que Saboyá y sus cercanías nunca estuvieron sumergidas, y que sus moradores pudieron presenciar el cataclismo conmemorado por la Piedrapintada, tan súbito y espantoso que debió impresionarles de una manera extraordinaria. La leyenda contenida en los jeroglíficos nadie podrá descifrarla; el monumento es único en su especie, y la devastadora conquista envolvió en la ruina general tradiciones, anales, lenguaje, escritura y cuanto nos serviría en estos tiempos para restablecer las perdidas crónicas de los chibchas, a cuyo propósito, y para dar una idea del estólido espíritu de destrucción que predominaba en los conquistadores, no puedo menos de recordar que en una historia de la Orden de Santo Domingo, impresa a fines del siglo XVII, menciona el historiador como mérito grande de uno de los misioneros, el haber descubierto varios depósitos ocultos de ídolos, mantas pintadas y "otros objetos apropiados al culto del Diablo" y quemándolo todo, ardiendo en la hoguera multitud de cargas de "embelecos y hechicerías", dice el fraile, cuando eran sin duda preciosidades inocentes o por ventura los archivos históricos de los chibchas. El bueno, el ilustrado, el benéfico fraile Bartolomé de Las Casas redujo también a cenizas los monumentos y crónicas de Chiapa, con intención de perjudicar al Diablo, siendo así que solo a las Ciencias y a la Historia antigua de América perjudicó. Todos eran iguales en este punto: todos nutridos con las ideas bárbaras y asoladoras de la Inquisición; y por cierto que si el Diablo los vio alguna vez en el afán de quemar los anales y monumentos americanos, lejos de enojarse hubo de aplaudir a los ejecutores, puesto que trabajaban en beneficio de la ignorancia, verdadero y acaso único Diablo, causa de los crímenes que deshonran y degradan el linaje humano..."

Manuel Ancízar Basterra (Colombia, 1812-1882), en Peregrinación de Alpha (fragmento)