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viernes, 20 de febrero de 2015

Barichara y la superstición, por Manuel Ancízar

"...Barichara es de reciente fundación, y debe su origen a un pedazo de piedra y a la superstición de algún labriego. A principios del siglo pasado, fecundo en santos aparecidos, hubo de hallarse alguien por allí una piedra en que sus ojos se empeñaron en ver la imagen de la Virgen, y no sólo se persuadió de que la veía sino que persuadió a otros de lo mismo, en términos que para 1705 se promovieron diligencias sobre el caso, se compro bó el hecho con el testimonio de los interesados, y mandose colocar la piedra por el cura de San Gil en una ermita que, tomando el nombre de la comarca, llamaron de Barichara. Por de contado que no faltaron milagros, a la fama de los cuales concurrió gente, edificaron casas y quedó establecido un sitio y capilla decente, según refiere el libro de cofradías abierto por los devotos en 1733, y conservado en el pueblo como monumento de familia. Diez años después fue un visitador especial a examinar la piedra milagrosa, declaró que no contenía imagen alguna sino una sombra imperfecta, cuyo culto era idolatría pura, y a fin de contentar a los menos fanáticos erigió el sitio en viceparroquia. Alborotáronse los vecinos, trataron de ciego al visitador y siguieron adorando su piedra con más fervor que nunca, por lo mismo que se lo querían prohibir. Tanto hicieron, que en 1751 obtuvieron título de parroquia independiente de San Gil, y entusiasmados por el cura Martín Pradilla, determinaron levantar un costoso templo donde colocar su ídolo; y en efecto, al cabo de veinte años de trabajo se concluyó la iglesia que hoy es ornamento de la plaza principal. Orden de arquitectura no hay que buscar en el edificio, mas sí la expresión de las ideas menguadas y espíritu paciente de aquellos tiempos, inscrita en las minuciosas labores que cubren cada piedra y en la profusión de columnitas sin capitel ni base que recargan la fachada en medio de mascarones y arabescos regados por el constructor con mano larga. Disfrutó la piedra de los honores y pompa del culto hasta el año de 1838, en que el actual arzobispo, con escándalo y horror de las beatas, la hizo romper a martillazos, dando desastrado punto a las glorias del ídolo, al cual no puede negársele el mérito de haber originado la fundación y fomento de una villa bien trazada y alegre..."

Manuel Ancízar Basterra (Colombia, 1812-1882), en Peregrinación de Alpha