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viernes, 20 de febrero de 2015

Ancízar, sobre los buenos y los malos curas en Colombia

"...Goza este distrito el beneficio de poseer un cura modelo del sacerdote cristiano, desinteresado, humano, lleno de bondad, que se desvela por mejorar la suerte de sus feligreses, así en lo moral como en lo material, severo consigo mismo, tolerante para con los demás, enteramente consagrado al desempeño de su alto ministerio; joven, sin ambición mundana, que ha sabido restaurar y adornar la humilde iglesia del pueblo, convirtiendo un rancho de paja en templo, cuyo interior resplandece de blancura, y cuyos adornos sencillos, inspiran más respeto y son más apropiados al culto verdadero que las ostentosas ridiculeces de muchas iglesias de las ciudades. Llámase este ilustrado y modesto sacerdote Wenceslao Díaz; y al escribir su nombre de una manera particular, en mi gratitud como granadino y como cristiano, quisiera distinguirlo del común de los párrocos, que tantos motivos dan de pena y desabrimiento al granadino y al cristiano, por su incapacidad como hombres de civilización, y por su indignidad como ministros de caridad y de buenas costumbres. Ellos desconocen por ignorancia, o abaten a sabiendas la noble misión de que están encargados, especialmente en este país nuevo que ensaya la libertad y donde la democracia podría convertirse en objeto de amor para el pueblo, arropándola con una religión que tiene por bases la caridad y la igualdad, y que en cierta manera santifica la república..."

Manuel Ancízar Basterra (Colombia, 1812-1882), en Peregrinación de Alpha (fragmento)