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miércoles, 26 de noviembre de 2014

Duele mucho, por Luis Fernando Campos

A las tres de la mañana ladra un perro en mi cabeza,
A las tres de la mañana miro al tótem enmascarado.
Tú eres el viejo que reza y son las tres de la mañana,
Eres el viejo que reza por las almas que no te han perdonado.

Eres la mirada que duda en mirar cuarto por cuarto
Las cruces grises del cenicero apagado;
Que apenas si encuentra por quién derramar
Otro par de ojos, otro par de ríos acabados.

¡Y tienes los dientes de arena con los ojos como cirios,
Tienes los dientes de dulce y de sangre salpicados!
¡Tienes un jardín de Babilonia con rosas y lirios
Regalado a un orbe desamparado!

Es hora de contarte, hombre, la historia de un asesinato
Con sangre púrpura y de cobre bruñido,
Tres fuegos de tres lomos de cerdo ceñidos,
Que alumbran de llamas al pobre camposanto.

Tú has sido el olvido sin refugio,
El sonido de las campanas bajo el porche.
Has sido el olvido que  no bebe del cáliz salado
Destilado de sueños de amor en la noche.

Un  torrente de sacrificio, de velas raídas,
Furiosas ballenas vomitando sin cesar.
Un fulgor que se apaga, una oscuridad brillante.
Tres hálitos entre el sucio túmulo.

Gotas de cielo y corazón desterrado, querido amigo,
Cripta asquerosa que adora al crucificado.
Padre, querido padre, duele mucho haberte despreciado…

Duele mucho llorar los días que me has perdonado…


Luis Fernando Campos Vargas (Colombia, 1998)