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viernes, 10 de octubre de 2014

La Máscara, por Luis Fernando Campos

PRELUDIO

Escucho al viento arrastrando la flor de lis:
Quisiera atrapar al sueño hecho mariposa
Para vivir como lo hicieron otros,
O vivir como quisiera yo.

I.                 EL SÁTIRO

Un sátiro canta en el apartado bosque,
Su máscara roja puestecita en la cara,
Un pie en el suelo y otro mirando al ocaso,
Sus dedos moviéndose en la flauta de madera.

Su mascarita, ¡Su bella mascarita!
Sube en las esquinas como río consumado
En curvas fuertes que caen sobre su frente
Y aunque es rojo, rojísimo, rojo,
Tiene unas rayitas que atraviesan el mimbre,
Y los pajaritos, con grandes alas nadadoras,
Caminan entre las hormigas y el ámbar rosado,
Alegran la tarde y la melodía profana,
Los saltos cubiertos de furia y la mascarita.

Algo así es este peculiar objeto,
Es grácil y alargado a los lados;
Está simétricamente dividido,
Como embadurnado en rojas astromelias,
Bajo los rojos latidos de la brasa y el sol.

II.               DULCE MELODÍA

Al ritmo de las notas de plata,
En el bosque verde, renaciente y tornasol,
Cantando con tu flauta sentimientos,
Consumiendo al bosque de cenizas habitas.

El bosque es pequeño y verde, su vida incólume
Renace en cada esquina de cada uno de los troncos,
Huele a ti y a tu recuerdo en el espejo del mar y del cielo.

Alrededor del sátiro hay una leve sombra,
Y su instrumento es carmesí y alargado.
A veces se pone la flauta de corbata
Y su risa se despliega, se burla de mis cenizas.
Mira en la lejanía, y sin embargo, embebido,
Parece ciego del verde del bosque
O del azul del cielo y de una mirada.

Luis Fernando Campos Vargas (Colombia, 1998)