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domingo, 4 de mayo de 2014

ODA A VARGAS LLOSA, por Luis Fernando Campos

Si hay algo digno de admirar en tu vida, Mario, Son tus grandes descripciones, tu estilo puro y medido, De tus ídolos eres brillante vicario. Interminables veces con Pantita y sus visitadoras he reído, Quedando extasiado cuando luchas contra el Jaguar, O cuando un niño adora a Egon Schiele, aquél niño pervertido. ¡Qué pasión cuando supe podría yo tu mirada con la mía enfrentar, Que fuera poco el latido del jovenzuelo cuando se encuentra con la amada! Entre no pocas páginas del Hablador y de Mayta tuve ganas de llorar. Barroco sentimiento escuchar en Suecia tu voz quebrada, Hablándole a Patricia y a la literatura: tu nobel y todas tus glorias Son apenas justas para tu pluma dorada. Insondable es tu inteligencia, tus descripciones, tu forma, tus historias; Hitos en mí tu forma de ser, tus libros, tu erudición, tu Chivo y tu Catedral; Antes que a leer a De Greiff o a Verlaine, prefiero tus memorias. Párrafos con sabor a boom como cereza sobre el pastel, alegría sin caudal, Y aunque nunca faltará el que me niegue que eres el más grande escritor, Las musas una obra en ti han hecho sobrenatural. De mis tristes noches, de mis depresiones solitarias eterno redentor, Grandes son Lituma, Urania, Santiago Zavalita y Pantaleón, Si Dumas o Dostoievski al Chivo hubieran conocido, serías su Tutor. Estrechando mi flaca mano, una entre tantas del montón, -Titán retórico, La Guerra del Fin del Mundo ha sido mi catón- Quisiera estas líneas un puente entre tu biografía y la mía, Y superarte poder antes de morir – ¡No pequeña ordalía! ¿En el momento de morir, mi mayor alegría cual fuera? Encontrarte entre los clásicos, y yo despuntando una Nueva Era. (Luis Fernando Campos, 1998)