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jueves, 13 de marzo de 2014

Sobre las elecciones de 2014 en Colombia, por David Alberto Campos

Estas elecciones me mostraron que... 1. Un pueblo ignorante es un pueblo sin memoria. 2. En consonancia con lo anterior, un pueblo ignorante es manipulable y estúpido. 3. Uno no puede sino esperar que exista una Justicia Divina, porque la humana es mediocre, tardía y sesgada. 4. Colombia parece funcionar como una monarquía mixta: con sólidas dinastías familiares y un enorme porcentaje de vasallos y siervos... aunque claro, con Parlamento. 5. Tal como decía Churchill, las naciones que ignoran su historia están condenadas a repetirla. 6. Tal como decía Platón, la democracia no es ninguna garantía de buen gobierno, pues la mayoría suele ser inculta y voluble, y casi siempre toma las peores decisiones (y él lo vivió en carne propia, viendo cómo sentenciaban a muerte a su maestro Sócrates). Le faltó decir (no estaba en estas tierras) que la mayoría se deja comprar...¡hasta por un tamal! 7. El abstencionismo es peligroso, porque le deja a los menos aptos la opción de elegir. 8. La desinformación y la mentira (y eso me recuerda a Goebbels) tienen un gran efecto cuando se cuenta con una poderosa infraestructura mediática: miren lo que sucedió con el voto en blanco. Cómo lo desprestigiaron, cómo lo falsearon, y cuánto callaron. 9. Al colombiano promedio le gusta el sadomasoquismo (falta salud mental en el país). 10. Al colombiano promedio le fascinan los líderes rudos, fuertes, "ecuestres", como salidos de un film del Viejo Oeste. 11. Uno siempre se ilusiona con los jóvenes, pero los jóvenes con discernimiento y autonomía son pocos. Y los que lo intentan son recibidos a garrotazos por los viejos, que no quieren perder sus privilegios: tanto en ámbitos "micro"(una asociación o un colegio) como en ámbitos "macro" (unas elecciones nacionales). 12. El colombiano promedio es algo limítrofe: idealiza y devalúa masivamente, con fiereza. Siempre la misma situación, desde que era un niño. A los mismos borregos que de manera entusiasta uno ve empuñar banderas y corear consignas, los ve luego acongojados, quejándose. Y uno piensa: "¿Por qué votaron entonces por ese sujeto, so tarados?" 13. Pueden cambiar los personajes (a veces...raras veces...llega la justicia, y uno que otro político corrupto acaba inhabilitado) pero no las familias (las dinastías, infaltables en todo desdichado país tercermundista). Ahora las esposas, los hijos, las hijas, los sobrinos y hasta los nietos son una "opción viable" para mantener los cacicazgos. 14. En Colombia la política es un chiste. Pero un chiste malo, feo, grotesco. El efecto es paradójico: no da risa, sino rabia. David Alberto Campos Vargas (Colombia, 1982)