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domingo, 2 de febrero de 2014

La astucia de Satán

Lo anterior muestra una interesante paradoja: a los ateos les fastidia el mismo Satán. Creen que se trata de un simple concepto, de un invento. Ese es uno de los triunfos del Maligno, triunfo obtenido desde finales del siglo XVIII en la filosofía occidental: el de ocultarse, el de agazaparse y mimetizarse de tal forma que hasta pasa desapercibido para los que no saben observar. Y muchos de los que no saben observar ni discernir de estos asuntos teológicos, la creciente masa de agnósticos y ateos que se baten con furia buscando imponer sus posturas, terminan (sin saberlo) haciéndole el juego al rey del Mal en el que no creen. Y Satán, que es claramente un ente singular, bien definido, personal, se las ha ingeniado para ser promovido por todos los regímenes totalitarios: tanto los de izquierda como los de derecha: basten de ejemplo las tenebrosas prácticas de paganismo, magia negra, espiritismo mal encaminado y satanismo que practicaban con desenfado altos jerarcas del III Reich (Hitler, Himmler, Rosenberg, Hess, Sievers, Darré, Göring) y las oscuras costumbres de Stalin y Beria (pese a que ambos genocidas alardeaban de ser “materialistas” y “socialistas científicos”, eran tremendamente supersticiosos y contrataban los servicios de excéntricos personajes como George Gurdjieff y Wolf Messing).Y tanto en el III Reich como en la Rusia comunista sus desequilibrados líderes se dieron a la tarea (de manera ladina e hipócrita en el caso de los nazis, muchos de los cuales manejaban una doble moral y se hacían pasar por cristianos) de acabar con el Cristianismo en general. Las fuerzas del mal acechan. Están por todas partes. Sólo hay que abrir bien los ojos, para detectarlas. Sólo hay que dejar la mofa y los airecillos de arrogancia científica y sabihondez para captar cómo se mueven, cómo actúan con desparpajo en este mundo adormecido. En este mundo idiotizado por el culto al cuerpo y a la imagen, por el espectáculo, por el sentir a toda costa y sin frenos, por la irracionalidad y el narcisismo, por la negligente y muelle actitud de buscar la satisfacción personal sin interesarse por lo que sucede afuera (el desmoronamiento de la especie…imperceptible pero implacable). Hay que estar atentos. El Mal confunde y desinforma, inventa calumnias contra el Bien y nubla las mentes y corrompe los corazones. El Diablo, ese maldito ángel caído, y todos sus diablillos y espíritus perturbados andan por ahí haciendo proselitismo. En la TV, en la radio, en la prensa, en internet. Sembrando dudas, propagando mentiras. Y, sobretodo, destilando odio. Tanto odio que la cosa se puede poner fea: puede que llegue el día en que muchos profesionales, supuestamente racionales, con título universitario y todo, se lancen a sacrificar a los creyentes que tanto les fastidian. Sí. Los profesionales. Ahí también hace de las suyas Satanás. No sólo los aparta del camino y les hace repudiar sus creencias: también siembra en ellos una actitud guerrerista, hostil y desafiante para con todo lo que suene a espiritualidad o piedad. Ya estamos viviendo una época de persecución. Si el lector es creyente, seguramente ha padecido en carne propia el haber sido relegado o el haber perdido una cátedra por el simple hecho de no ser masón ni ateo. Cátedras que habrán ido a parar a las manos de colegas mucho menos brillantes en lo académico y mucho menos íntegros en lo personal, pero que sí hacen gala de su descreimiento. Mi preocupación es que la persecución empeore y se llegue a los actos vandálicos y/o sangrientos. Por eso creo urgente tender puentes con los universitarios. Hablar con los estudiantes, con los profesores. Dialogar con el mundo académico. Salir de las trincheras del pietismo extremo o de la fe irracional que se niega a ser razonada. Si no se hace ese cambio a tiempo, la brecha entre creyentes y no creyentes aumentará. Y el odio también, porque detrás de esa división (impensable hace unos siglos) obra siempre el Maligno. David Alberto Campos Vargas (Colombia, 1982)