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sábado, 1 de febrero de 2014

Dios como origen del Cosmos

Tengo cada vez más claro que Dios sí existe. Dios es el punto cero, el origen y el principio en la Historia del Universo. Antecediendo al big bang, y posibilitándolo, aunque no de manera activa sino como un inicio que permitió el devenir, que hizo posibles el big bang, la Historia del Universo y la evolución tanto a nivel cosmológico como a nivel darwiniano. No concuerdo con Agustín, ni con la visión hebrea tradicional, en cuanto a creer que Dios hubiera creado al mundo por amor (como si la creación del mundo fuese necesaria – idea no exenta de antropocentrismo y narcisismo); creo, más bien, en un mundo como emanación de Dios: el Origen del que todo surge. Ahora, señalo enfáticamente que el Universo como emanación en mis ideas no incluye para nada una visión panteísta. Puede que el mundo sea una emanación de Dios, pero una cosa es Dios y otra cosa es el mundo. Lo anterior es fundamental, y es algo que se está olvidando en la actualidad. El discurso neoposmoderno tiene preocupantes visos de panteísmo. En ese amasijo de esoterismo, narcisismo (“Dios está en mí”, “La divinidad habita en mí”, “Yo soy mi propio Dios”, “Yo hablo con Dios cuando me concentro en mí mismo”) y desconocimiento de la singularidad, del ser-en-sí de Dios que se ve en esta época, la gente atolondrada ya está creyendo que con un ratito de introspección (el lector podrá llamarlo también autorreflexión, o meditación) está contactándose con Dios. Por eso muchos incautos ya están creyendo que con autoinducirse estados de conciencia particulares están ya “dialogando” con El. No. Dichas prácticas son provechosísimas para el espíritu, y la introspección es buena para la salud mental y el equilibrio biológico y psíquico, pero no reemplaza a la oración. Asimismo la Naturaleza, en tanto que materia que hace parte del Universo surgido de Dios por emanación, tiene con El la relación que tiene la corteza desgajada de un árbol. Pero entiéndase bien la metáfora: la corteza, claramente, no es el árbol. Es bastante flojo darle la espalda al árbol y creer que la corteza es el árbol. Es bastante tonto decir que Dios está en la Naturaleza, porque Dios no es la Naturaleza, ni el Universo. Justamente esa incapacidad para diferenciar lo material de lo inmaterial es lo que preocupa a tantos santos de nuestra época. Santos de todas las confesiones. De hecho, aunque soy católico, siempre admiraré en los hinduistas esa claridad con la que distinguen a Dios del Universo. Con la que diferencian con claridad a Dios del pantano que es el mundo material. Me adhiero a ellos. David Alberto Campos Vargas (Colombia, 1982)