Follow by Email

martes, 3 de diciembre de 2013

RECUÉRDENME CUANDO HAYA MUERTO, por Keith Douglas

Recuérdenme cuando haya muerto y simplifíquenme cuando haya muerto. Como los procesos de la tierra despojan del color y de la piel; se llevan el pelo castaño y los ojos azules y me dejarán más simple que en la hora del nacimiento, cuando sin pelos llegué aullando mientras la luna aparecía en el frío firmamento. Acaso de mi esqueleto, ya tan despojado, un docto dirá: "Era de tal tipo y de tal inteligencia", y nada más. Así, cuando en un año se derrumben recuerdos específicos, podrán deducir, del largo dolor que soporté las opiniones que sustentaba, quién fue mi enemigo y lo que dejé, hasta mi apariencia pero los incidentes no servirán de guía. El telescopio invertido del tiempo mostrará un hombre diminuto dentro de diez años y por la distancia simplificado. A través de ese lente observen si parezco sustancia o nada: merecedor de renombre en el mundo o de un piadoso olvido, sin dejarse arrastrar por momentáneo enojo o por el amor a una decisión, llegando sin prisa a una opinión. Recuérdenme cuando haya muerto y simplifíquenme cuando haya muerto. ** Keith Douglas (Inglaterra, 1920-1944) Keith Douglas, otro talento literario víctima de la horrorosa II Guerra Mundial, nos ha dejado en su crónica "De El Alamein a Zem Zem" (1946), uno de los mejores, más esclarecedores y conmovedores libros sobre la guerra. Habla del miedo, la brutalidad de la guerra, la disolución del ser en medio de la muerte.Tras la victoria aliada en África y ya como capitán, desembarcó en Normandía el día D y murió al ser alcanzado por fuego de mortero tres días más tarde cerca de Bayeaux. Lo enterraron bajo un seto. Tenía 24 años.