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lunes, 16 de diciembre de 2013

Morir por la patria no es dulce ni honroso, por Wilfred Owen

Doblados como viejos mendigos bajo bolsas, Chocando las rodillas y tosiendo como viejas, maldecimos a través del lodo Hasta darle la espalda a las condenadas bengalas Y empezar a arrastrarnos a un descanso remoto. Los hombres marchaban dormidos. Muchos ya sin botas Cojeaban calzados de sangre. Todos patéticos, ciegos todos, Ebrios de cansancio, sordos incluso a los silbidos De proyectiles decepcionados que caían más atrás. ¡Gas! ¡Gas! ¡De prisa, chicos! En un éxtasis de torpeza Nos calamos torpes cascos justo a tiempo; Pero alguno seguía pidiendo ayuda a gritos tropezando Indeciso como un hombre ardiendo en llamas o cal viva. Borroso tras los vidrios empañados y a través de aquella verde luz espesa, Como hundido en un mar verde, lo vi ahogarse. En todos mis sueños, ante mi vista indefensa, Se abalanza sobre mí, se atraganta, se ahoga, se apaga. Si en algún sueño asfixiante también pudieras seguir a pie La carreta donde lo arrojamos Y ver cómo retorcía los blancos ojos en la cara, Una cara colgante, como un diablo harto del pecado; Si pudieras oír, a cada tumbo, la sangre Vomitada por pulmones de espuma corrompidos, Obsceno como el cáncer, amargo como pus De viles llagas incurables en lenguas inocentes,– Amigo mío, no contarías con tanto entusiasmo A los niños que arden ansiosos de gloria Esa vieja mentira: Dulce et decorum est Pro patria mori. Wilfred Owen (Inglaterra, 1893-1918)