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martes, 3 de diciembre de 2013

EL DIFUNTO, por Keith Douglas

Era un maldito, lo admito, Y siempre ebrio hasta que se quedó sin plata. Su pelo le colgaba por un lazo de Una Corona Veneris. Sus ojos, mudos Como prisioneros en sus cavernosas hendiduras, estaban Fijos en actitudes de desesperación. Ustedes que, Dios los bendiga, jamás han caído tanto, Lo censuran y oran por él, que sí había caído; Y con sus flaquezas lamentan los versos Que el tipo hacía, acaso entre maldiciones, Acaso en el colmo de la ruina moral, Pero los escribía con sinceridad; Y al parecer sentía un dolor acrisolado Al cual la virtud de ustedes no puede llegar. Respétenlo. Para ello Poseía una virtud que ustedes no ven. Keith Douglas (Inglaterra, 1920-1944)