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martes, 22 de octubre de 2013

XXX

Trataré de compactar en unos párrafos todo lo que mis buenos colegas y amigos me enseñaron. De Juan Camilo Araque me quedó para siempre su estilo jovial y alegre, su don de gentes; de Sandra Bastidas y María Mercedes Cristancho el orden y la pulcritud a la hora de tomar apuntes (hoy en día, que sigo siendo estudiante, trato de tener mis cuadernos tan impecables como los de ellas… varios compañeros me han felicitado por ello); de Luz Andrea Zuluaga y Héctor Andrés Sánchez su mirada crítica de los acontecimientos, su capacidad reflexiva y de análisis; de Diana Serrano su espíritu de lucha (derrotó, con tesón, un complicado cáncer); de Sandra y Alexandra Castro (no eran hermanas, pero rotaban siempre juntas…muchas veces conmigo, pues éramos los primeros de la letra “C” en la lista) la manera cordial y respetuosa con la que interactuaban con los pacientes; de Sergio Cervera y Rocío Mariño la amabilidad y humildad con todo el mundo; de Ricardo Gómez el empeño por indagarlo todo; de Angel Peñaranda y Ana Milena Antolínez su disciplina y buen juicio clínico. Con Jeadran Malagón, Hernán José Maya y Guillermo Andrés Rodríguez hablamos muchas veces de política y administración en salud. Lo pasé siempre muy bien con Claudia María Gómez, una mujer sincera, amante de la buena literatura, famosa por las tertulias organizadas en su casa. Una amiga generosa, que estudió psiquiatría y vive en Argentina. De Jorge Pérez siempre me llamó la atención su emprendimiento y sensatez en el manejo del dinero. Con Karen Vergara aprendí que no hay mayor belleza que la del alma (ella era despampanante, bien pudo haber sido modelo… pero destaco sobretodo su sonrisa franca, su honestidad y su moral intachable). Siempre recordaré la generosidad y el don de gentes de Diana Vargas, Juan Manuel Clavijo y Rafael Samper. Tuve la fortuna de conocer personas de conversación inteligente, como Abraham Chilevitt, Andrea Vanegas, Sandra López, Laura Sarmiento, Mónica Arredondo o Jerson Silva.