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martes, 22 de octubre de 2013

XXVI

Con los Sánchez se encendió en mí la llama del viajero. Sus relatos, las fotos que me mostraban, las cosas que traían, me abrieron a un mundo nuevo. Yo, que antes creía que sólo se viajaba en vacaciones y a sitios concertados con agencias, me convertí en un turista intrépido (en ocasiones, un franco aventurero). Creo que he madurado en los múltiples viajes que he realizado. El contacto con distintas culturas, el hecho de impregnarme de distintas sensaciones y discursos, me han convertido en una mejor persona, más pluralista y tolerante. He aprendido mucho. También he fortalecido el carácter y me he forjado una voluntad de acero. Tenía razón Cervantes: los libros y los viajes son las principales fuentes de aprendizaje. A mi esposa y a mi hermano les fascina mi forma de organizar y vivir los viajes (aunque a veces mi esposa se angustie ante una que otra temeridad o improvisación de mi parte). Conozco bien Colombia, y buena parte de América. Mucho menos Europa, pero me precio de haber estado en ciudades en las que el turista habitual nunca pone sus pies. De hecho, conozco bien algunas ciudades de Europa Central y Europa del Este que muchos viajeros “VIP” desconocen, justamente porque se limitan a lo que las agencias de viaje ofrecen.