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martes, 22 de octubre de 2013

XVIII

Después, en la capital colombiana, los campeones departamentales fuimos agasajados del 2 al 4 de diciembre. Los organizadores del concurso nos trataron amablemente, nos intentaron llenar de comida chatarra (eran los 90s, y la penetración cultural estadounidense llegaba a niveles alarmantes) y nos brindaron un tour por la ciudad. La final fue dentro de las majestuosas instalaciones de la Academia Colombiana de la Lengua. Con calma, intuición y sentido común pude sortear difíciles pruebas. Escribí correctamente palabras que no había leído ni escuchado nunca antes (como “gnomodesia”). Al final, terminé en el segundo lugar de la competencia. En la ceremonia de clausura, me alegró (mucho más que el subcampeonato en sí mismo) poder recibir un abrazo del escritor Jairo Aníbal Niño. Yo conocía al señor Niño por sus poemas y relatos, en los que se dejaba entrever un alma sensible, que no se había dejado corromper por el materialismo o el narcisismo de este mundo. Su discurso fue emotivo, como era de esperarse. Y la conversación que tuve con él fue mágica. Aún conservo el libro autografiado que me regaló esa noche. Pese a la histeria con la que la prensa cubrió el hecho (uno de los encabezados fue: “Huila perdió campeonato por una tilde”), fui bien recibido a mi regreso a Neiva. Gané varios premios (entre ellos un computador que aún está en casa de mis padres), me dieron algún relieve en las noticias locales y dejé en alto el nombre del Salesiano. Ningún subcampeonato es una felicidad completa, pero creo que fue una experiencia valiosa. Además conocí a un amigo que todavía conservo, que a la sazón era el campeón del departamento del Atlántico, Carlos Arturo Serrano, administrador de empresas, escritor y editor. En la actualidad, creo que tengo aún mejor ortografía y me esmero en el asunto. Me pareció absurdo cuando, al poco tiempo, Gabriel García Márquez (Nobel de Literatura en 1982) salió diciendo que la ortografía era innecesaria para la lengua castellana. Fue otra de sus salidas en falso. He ido constatando, a lo largo de mi vida, que cada vez que este gran escritor abre la boca (sobretodo cuando opina de política) desilusiona a los que hemos leído con pasión sus libros. Definitivamente, hay gente que escribe mejor que como habla. Tal vez porque cuando esa gente escribe, sí piensa antes de escribir. Pero cuando habla…