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martes, 22 de octubre de 2013

V

En esos días (1991-1992) tuve también escribí algunas fábulas (por más que las he buscado, me temo que se han perdido para siempre), con las que gané dos concursos literarios. Declamando un poema de Pombo alcancé el segundo puesto en un certamen departamental. Y, de nuevo con el estímulo de Ricardo Rocha, empecé a escribir un intento de novela, un esperpento que se quedaba a medio camino entre la ciencia ficción y la clásica novela de aventuras, que aunque luego consideré impublicable creo que me permitió pulirme bastante. Con alegría y sorpresa indecibles encontré, años después, que mi hermano Luis Fernando (quince años menor), que escribe bastante bien hoy en día (mejor que yo y que muchos escritores: otro ejemplo de que la experiencia en ocasiones se doblega ante el talento), pasó por la misma afición. Me considero un orador con claridad de ideas. Todo empezó en 1992, cuando hice la campaña a la Alcaldía de Primaria del Gimnasio La Fragua. Después me fui habituando a presentarme cada vez que había una izada de bandera. Para el Día del idioma, el Día del Profesor y el Día de la Independencia realicé discursos ante funcionarios de la Gobernación del Huila y estudiantes. Poco a poco, desde entonces, me he ido puliendo en esas lides, aunque me sigue faltando mucho para ser un Cicerón. Pero lo importante es que me gusta hacerlo, así mi voz sea fea y me falte histrionismo.