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martes, 22 de octubre de 2013

LXXVII

2013 fue un año estupendo. Mi revista-blog, Pensamiento y Literatura, alcanzó las 200.000 visitas. De distintos países recibí mensajes de felicitación y valiosos aportes. Había iniciado Pensamiento y Literatura sin tantas pretensiones, esperando sólo poder publicar ahí para mis amigos, y sin gastar papel (siempre me ha preocupado lo ecológico). Además era gratuito. Pero jamás imaginé semejante éxito: esa es una de las sorpresas de la Neoposmodernidad. Lo virtual dejó de ser un antónimo de lo real: es una realidad concreta, viviente, que influye en todo el mundo. Lo que uno publique en Bogotá puede ser leído en cualquier lugar del orbe. Terminé de escribir El Mamerto y Ensayos sobre la Neoposmodernidad. El concepto de Neoposmodernidad, que acuñé en abril de 2013, ya está calando en los ámbitos intelectuales. Se está volviendo una palabra conocida, cada vez más usada. La he visto citada en algunos sitios web, y en mi propia Universidad algunos de mis profesores y compañeros me han hecho el honor de utilizarla. De otro lado, la labor docente me ha dado momentos fantásticos. He aprendido mucho de mis estudiantes. Y me he divertido enormemente. La verdad, últimamente no me siento dictando clase sino haciendo una stand up comedy. Ellos ríen a carcajadas mientras asimilan los conceptos con claridad. No sé qué tan ortodoxo sea, pero lo cierto es que es bastante pedagógico. No en vano he sido uno de los profesores mejor evaluados en la Fundación Konrad Lorenz.