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martes, 22 de octubre de 2013

LXVI

Ya el doctor Zambrano y otros han hablado de mi gestión durante ese periodo. Creo que es petulante el echarse flores y citar a otros para la alabanza personal. Eso es para enfermos como Nerón o Stalin. Lo que si diré es que intenté una nueva forma de liderazgo, menos imponente y autocrático que el típicamente mostrado por los dirigentes latinoamericanos. Un liderazgo horizontal, democrático, en el que cada miembro del comité organizador del IV Congreso y cada miembro del subcomité de Residentes de la ACP tuvieron voz y voto. Las ideas fluían con facilidad, porque todos se sentían protagonistas, participando en algo importante, y sin restricciones. Logramos obtener una ganancia de 50 millones de pesos en el IV Congreso, algo que no se había visto antes, ni se volvió a ver (de hecho, los últimos Congresos han dado más pérdidas que ingresos). Realicé una gestión honesta y eficiente, respaldado por mentes tan lúcidas como las de los doctores Cristancho, Parra, Jaramillo, Rey, Duque, Cáceres, Bustamante, Mindiola y Murillo. Volví a exponer en el Congreso Nacional de Psiquiatría celebrado en Santa Marta en 2010, con una psicobiografía sobre el emperador Tiberio: Tiberio: entre la lucidez y la depravación. Fui Secretario Encargado de la Junta Directiva los últimos dos meses, por incapacidad médica de la titular, y Secretario en la Asamblea General de Asociados de ese año. Al entregar mi cargo, me vinculé con el Comité de Ética de la ACP.