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martes, 22 de octubre de 2013

LXI

Durante el segundo semestre de 2008 continué asistiendo al excelente seminario del doctor Aulí, y empecé con él la supervisión en psicoterapia. En el marco del Congreso Nacional de Psiquiatría sucedió que el entonces presidente de la ACP tuvo una idea poco feliz: dejar a los residentes (que tradicionalmente habían tenido entrada gratuita) fuera del congreso. Entonces, con Gustavo Zambrano a la cabeza, organizamos un plantón de residentes. Era una protesta pacífica, en silencio pero elocuente. La entrada del lugar se llenó de residentes que, respetuosos pero inconformes, presionamos para que se nos permitiera la entrada. El doctor Luis Alejandro Cárdenas, un veterano psiquiatra con más de seis décadas en ejercicio, nos apoyó desde el inicio. Poco a poco, otros psiquiatras afiliados a la ACP empezaron a manifestar su descontento con la medida y a exigir la inclusión de los residentes. A eso de las once de la mañana la atmósfera era de una calma tensa, y aprovechando una figura de los estatutos de la Asociación (la posibilidad de convocar a una Junta Extraordinaria) y la ausencia del presidente, el doctor Zambrano logró que los residentes pudiéramos entrar al Congreso de manera gratuita. Fue el héroe de la jornada. Por permanecer siempre a su lado, sus otros colaboradores recibimos también el reconocimiento de los residentes. De otro lado, ya había empezado a escribir Catedral y Aquelarre (que no terminaría sino hasta 2011) y proseguí con la dirección de Pensamiento y Literatura, una gaceta literaria que aún aparece mensualmente, en forma de blog, y cuanta ya con 70.000 visitantes (apareció en diciembre de 2007, y en la actualidad celebra su primer lustro). Por entonces leía con inmenso placer a Stern, Bion, Reich, Rank, Fenichel, Wittgenstein y Husserl (los únicos no psicoanalistas del grupo).