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martes, 22 de octubre de 2013

L

Luego llegó el año rural. Era febrero de 2007 y surgió una plaza en Vianí, un municipio de Cundinamarca colindante con el Tolima. Trabajé ahí por poco tiempo, dadas las pésimas condiciones laborales (que me hicieron tomar aún más conciencia de la necesidad de una agremiación real del cuerpo médico). Creo que es el trabajo en el que menos he durado en toda mi vida: me fui al mes. Mis papás, que fueron a visitarme un fin de semana y constataron el caos, me respaldaron en mi decisión. Pero los habitantes de Vianí fueron excelentes. Le alquilé un cuarto a una señora muy buena, honrada. Entablé una relación provechosa con el cura párroco, que me dio muy buenos consejos. Asimismo con una líder comunitaria experta en desarrollo eco-sostenible. Pero sobretodo con mis compañeros de trabajo. En especial con el doctor Juan Pablo Franco, con quien nos llevamos muy bien pese a lo distinto de nuestros temperamentos y costumbres. Él me enseñó procedimientos sumamente útiles para atender urgencias médicas, como poner férulas y yesos. Yo espero haberle enseñado cosas útiles de neurología y psiquiatría. Cada fin de semana hacíamos un asado; fue una época en la que me encantaba hacer asados, acaso por nostalgia de Chile y su gente maravillosa (como Cristian Araneda y Natalia Morgado, los jóvenes de Servicio País, don Jorge Moreno, los esposos José Ugnacio Pinto y Maria Paz Camus, la familia Saldaña Manzo, la familia Maulén Tapia, don Jorge Moreno, mis amigos de las universidades Católica y de Valparaíso, los enfermeros de las Postas de Loyca, San Pedro, Corneche, Santa Rosa y Nihue, la familia Hernández Arriagada). A veces organizaba asados a la colombiana, con mazorca y maduro, arepas y refajo (cerveza con gaseosa). Por fortuna dejé la costumbre a mediados de 2007. A ese paso, habría sufrido un infarto cardiaco a los treinta años. Un perfil lipídico que me realicé por esos días reveló una hipercolesterolemia preocupante. Volví al vegetarianismo (como en 1997, 2001 y 2003) y me reencontré con el fútbol. Estaba en condiciones físicas deplorables. Pero en vez de darme por vencido, luché.