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viernes, 11 de octubre de 2013

Educación Ambiental para la Paz, por David Alberto Campos Vargas

En mi opinión, la Educación Ambiental es una de las estrategias con las que en realidad los seres humanos podremos lograr la paz. ¿Por qué? Porque en su afán de conciliar hombre y Naturaleza, de construir una sociedad en equilibrio, justa y respetuosa con su entorno (y con todos los seres vivientes), la Educación Ambiental nos encamina a todos hacia la convivencia armónica. Dicha convivencia armónica y respetuosa es lo que le ha hecho falta a la Humanidad desde hace mucho. Por desgracia, muchos seres humanos hemos creído que podemos imponer nuestra voluntad pasando por encima de los derechos de los demás seres vivientes, y aún pasando por encima de la misma Tierra. Si nos fijamos bien, esa es una de las causas de la guerra: si los seres humanos en verdad vivieran en armonía con la naturaleza, no invadirían países buscando petróleo (y no explotarían irracional y brutalmente al propio suelo, en aras de conseguir dicho recurso), no esclavizarían gente ni derramarían sangre inocente en el negocio de los diamantes o las esmeraldas, ni aterrorizarían poblaciones enteras en aras de conseguir un pedazo de selva (para talarla y sembrar cultivos de coca). De hecho, el hecho de respetar la vida haría imposible el acribillar otros seres humanos, el violentar vidas humanas, el someter por la fuerza a otras naciones. Además de eso (cimentar la paz en el respeto y la convivencia con todos los demás seres y ambientes, promover el respeto a todos los elementos de todos los sistemas), la Educación Ambiental permite reorientar nuestro estilo de vida: nos guía hacia el ahorro de los recursos naturales, el reciclaje y la reutilización, la solidaridad (con los otros seres humanos, con las generaciones venideras), la reducción del uso de productos innecesarios o que afecten el ambiente, la minimización de generación de desechos. En resumen, la Educación Ambiental es un proceso permanente de armonía y equilibrio entre lo natural y social, tal como señalan Sánchez y Duarte (1); apunta a la calidad de vida en el sentido más completo de la palabra. Es parte de la Neoposmodernidad, en tanto que es parte del deseo de superar los vicios de la industrialización desordenada e irresponsable de los siglos XIX y XX (2). La Educación Ambiental nos da también calidad de vida. Nos hace mejores personas. Mejores seres humanos, más responsables. El Decreto 1743 de 1994 señala la educación ambiental como área obligatoria en la educación formal (3); con dicho decreto aparecen en el contexto colombiano los Proyectos Ambientales Escolares, también llamados PRAES. La idea del Ministerio de Educación con respecto a los PRAES fue la de lanzarlos como herramienta didáctica y pedagógica para darle un espaldarazo a la formación-educación ambiental. Se pretendió, de esta manera, empoderar a las instituciones educativas para resolver los problemas ambientales en sus respectivos contextos: que cada colegio, que cada universidad diseñara su PRAE y lo integrara a su programa curricular era la meta. El Ministerio quiso así alentar la formación de personas críticas, responsables con el planeta, con una conciencia social y ecológica, comprometidas con el ambiente (en especial en su ámbito comunitario). Los PRAE, como parte del Proyecto Educativo Institucional (PEI), son un eje que articula distintas asignaturas del plan de estudios para encontrar soluciones a los problemas ambientales del contexto en el que se encuentra la institución educativa. Los PRAES nos permiten ser partícipes y protagonistas en la resolución de problemas ambientales en nuestras comunidades (4). Ya está el decreto. Necesitamos pasar a la acción. El PRAE debe ser entendido como un proyecto, una estrategia organizada. Por eso tiene unas partes (5), cuya implementación debe ser lo más precisa y adecuada, para que el PRAE sea un éxito: 1. Diagnóstico: Debe señalar qué es lo que ocurre, cuál es la situación-problema 2. Descripción del problema o necesidad: se concreta, exponiendo con claridad, el problema señalado en el diagnóstico 3. Descripción de la población objetivo: Las personas (o familias, o comunidades) beneficiadas con la ejecución del PRAE 4. Propuesta de solución: Se debe describir qué es lo que se pretende, para qué se ejecutan las acciones, dónde se van a realizar, de qué modo, en qué cantidad o intensidad, con qué finalidad, buscando alcanzar cuáles objetivos. 5. Metas: Debe especificarse objetivos alcanzables, factibles, que sirvan para evaluar si las estrategias implementadas permitieron alcanzar lo deseado. 6. Actividades a realizar: Qué tipo de acciones se realizarán para alcanzar las metas. La parte “táctica” de la “Estrategia” general (6) 7. Costos de cada actividad: Cuánto costará nuestro actuar, no sólo en cuanto a recursos económicos, sino también en términos de tiempo, recursos humanos (por ejemplo, gastos en promoción y reclutamiento de personal, alimentación para voluntarios, etc) 8. Fuentes de financiación: De dónde se van a obtener los recursos económicos 9. Propuestas técnicas: Cómo se va a implementar y desarrollar cada actividad. REFERENCIAS (1) Sánchez, M.Y., Duarte, C.P. Educación ambiental y calidad de vida, USTA, 2012 (2) Campos, D.A. reflexiones sobre la Neoposmodernidad, Pensamiento y Literatura, 2013 (3) Sánchez, M.Y., Duarte, C.P. Educación ambiental y calidad de vida, USTA, 2012 (4) Portal “Colombia Aprende” – Ministerio de Educación (5) CORPOAMAZONIA, citada en Portal Colegio Aquileo Parra (6) David, F. Gerencia Estratégica, New York, 1998