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domingo, 4 de agosto de 2013

EL MAMERTO, XXXVIII

XXXVIII A mí me da tristeza todo esto. Sé que todas esas muertes son gajes del oficio, pero no estoy hecho de piedra. Las muertes de los soldados no me duelen. Las muertes de los policías no me duelen. Las muertes de los burgueses no me duelen. Pero que maten gente así, de los buenos, de los del partido, es algo que me da mucho pesar. Ahora, cuando acabo de leer en el periódico que masacraron a los veinte que atravesaron el Inírida, buscando llegar a Cejal, me acaba de entrar un dolor muy fuerte. Un dolor que empieza en la cabeza y acaba en la espalda. Y la cabeza me pulsa, está como si fuera a estallar: pum-pum-pum. Clarita me dice que me recueste, que me va a poner un paño de agua tibia en la frente. Es un ángel. Una belleza.