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domingo, 4 de agosto de 2013

EL MAMERTO, XXXVII

XXXVII A los pocos días salió la Chata por televisión, diciendo que se arrepentía de su pasado y que ahora colaboraba con el Ejército. Me parece que luego la mandaban a Europa, igual que al chino Barros. Malditos sapos. De seguro fue por ella que fulminaron al comandante Macario. Trajeron hasta tecnología gringa, radares, todo lo más sofisticado. Él resistió con fiereza, según he podido concluir. Primero resistió la embestida en las cercanías de Naipo, mostrando con lujo de detalles lo que había aprendido de estrategia. Le mataron cinco, él se bajó a siete. Luego se replegó hasta el río Inírida, donde construyó unas ingeniosas trincheras, en tiempo record. Hicieron falta dos batallones, y helicópteros gringos, para someterlo. Además los rociaron con gas, por lo que el pobre quedó medio ciego. Dividió entonces la columna: unos se dirigieron con él hacia Piapoco, los demás atravesaron el Inírida buscando llegar hasta Cejal, donde supuestamente los estaba esperando un grupo de venezolanos bien armados que había mandado el presidente Maduro de refuerzo. Volvió a presentar combate en San Anselmo, porque no le dieron más alternativa. Era una brutalidad, unos veinte contra doscientos. O hasta más. Se defendió como pudo. Por lo que alcancé a ver en las noticias, le alcanzaron a quedar cuatro hombres cuando llegó a las afueras de Juan Viejo. Ahí lo remataron. Un soldado comentó que, aunque no veía bien, el comandante Macario luchó como una fiera. Cuando intentaba llegar al río, un tiro le rompió esternón y corazón de un solo viaje. Sí, algo así dijo la presentadora del noticiero. Parece que la muerte fue rápida.