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domingo, 4 de agosto de 2013

EL MAMERTO, XXXIX

XXXIX A la “León Trotski” la fueron agotando de a poquitos, como si gozaran prolongando su agonía. El primer combate fue cerca de Mapoy. El tal Evelio resultó ser un muchacho muy diestro. No le hicieron bajas, y, en cambio, él les derribó dos helicópteros. Pero le hicieron una tenaza entre Mapoy y Hato Corazal, y lo dejaron sin suministros. Clarita y yo los acompañamos durante todos esos meses, con el corazón en la mano. Hasta llegamos a rezar por ellos, con todo y que éramos supuestamente ateos. Es que la necesidad tiene cara de hereje. Lástima que no fuera suficiente el apoyo moral. Mientras trataban de llegar a El Banco los iban matando uno a uno. Y cuando estaban a punto de entrar a El Banco, un batallón sitió la entrada al pueblo. Les tocó desviarse hacia el páramo del Cocuy. Los campesinos que entrevistaban los periodistas decían que los habían visto en muy malas condiciones. Sí, a unos ocho o nueve sobrevivientes. Dizque estaban harapientos, flacos, bajos de moral. El comandante Fariña me llamó, se ofreció a ayudarlos. Yo le dije que sí, sin chistar. Finalmente el Ejército de la Revolución Proletaria estaba mejor equipado y tenía más experiencia. Pero no alcanzó a llegar. La última vez que se supo del comandante Evelio fue cuando llegó al hospital de La Salina, con neumonía y los pies maltrechos. Dizque se le habían caído algunos dedos. Esa misma noche, mientras trataban de curarle lo que le quedaba de piecitos, llegó un grupo de paracos y lo remató. También mataron a la enfermera, por auxiliarlo. Clarita no quiso ver la foto. Yo sí, porque esas cosan me dan curiosidad. Lo habían rebanado con motosierra. Con la enfermera sí habían gastado balas.