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domingo, 4 de agosto de 2013

EL MAMERTO, XXXII

XXXII Anduvimos por Aguablanca y Cubará, por Potosí, por Puerto Nariño, por San Lorenzo y Arauquita. Reclutábamos gente, repartíamos propaganda, escuchábamos a los pobladores a ver qué información soltaban. Cuando era información fehaciente, que nos confirmaban los compañeros venezolanos, le avisábamos al comandante Fariña y ¡pum! Atacábamos con todo, dejando golpeado al Ejército. Entre heridos y muertos llegamos a provocar casi sesenta bajas en un mes, y yo creo que esa fue la causa por la cual renunció el Ministro de Defensa. Con la Chata nos encontramos en Bojaba. Nos dio mucho armamento, de muy buena calidad. Clarita estaba tan contenta que telefoneó de inmediato al comandante Macario, aunque era muy de madrugada. El comandante nos felicitó y nos mandó decir que la cosa iba viento en popa, que en el Cuartel General ya estaban entrenados cincuenta muchachos, listos para entrar en acción. Pero luego nos dijo que no le ayudáramos tanto al comandante Fariña, que teníamos que dejarle algo a él de esa “gloria revolucionaria”. Con la Chata y Clarita nos establecimos un tiempo en un caserío cerca de Puerto Lleras. El presidente Maduro, el que le había robado las elecciones a Capriles y escuchaba las instrucciones de Chávez dizque escuchando a los pajaritos, nos visitó en dos ocasiones. Nos dio pasaporte venezolano, alimentos, fusiles y hasta uniformes de las fuerzas militares de la República Boliviariana.