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domingo, 4 de agosto de 2013

EL MAMERTO, XXVIII

XXVIII Llegando a Cúcuta se me volvió a subir la presión, y me dio un dolor raro en el pecho. Sí, rarísimo. Distinto a los demás: como entre dolor de pecho y dolor de estómago. Me tuve que bajar del bus casi a tientas, y me quedé dentro del hotel todo el resto del día. El comandante Macario estaba enojadísimo. Me gritaba que eso era el colmo, que cómo iba a traicionarlo de esa forma, que cómo se me ocurría enfermarme justo antes de la entrega de las armas. Yo le pedía perdón, le decía que tuviera paciencia, que el dolor era muy fuerte, que nunca me había dado una cosa así. Y agradecía que estuviéramos hablando por teléfono. Si hubiéramos estado frente a frente, les juro que ese animal me mata a golpes.