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domingo, 4 de agosto de 2013

EL MAMERTO, XXIX

XXIX Preciso. A los venezolanos les entró el nerviosismo, y en vez de entregarme las armas cerca de la frontera, como habíamos pactado, se fueron con ellas por los lados de Arauca. Que por seguridad tanto mía como de ellos. ¡Me jodieron la vida! ¿Se dan cuenta? Uno se retrasa unas horitas y ya están armando bochinche. El comandante Macario ensayó conmigo todos los insultos posibles. Algunos fueron bastante ingeniosos. Otros fueron repetidos. Sí, ya los había escuchado antes. Algunos sí me dolieron, porque se metió con mi hombría. No estoy de acuerdo. Lo que pasó en Cuba no fue mi intención. Yo no contaba con que la vieja ésa fuera a ser un travesti, y tampoco contaba con que fuera a ser un travesti tan arrecho. Lo único bueno fue que me dijo que iba a enviar a Clarita. Sí, la monita. La flaquita ésa, tan bonita, tan hacendosa. Que con ella nos iríamos para Arauca, y que por los lados de Bojaba se nos iba a unir “la Chata”, que era dizque una compañera muy experta en esas tierras. Que no iba a mandar ningún hombre porque los policías estaban requisando a todo el mundo por esos lados. Pero que como los policías eran tan tontos, ni les pedían la cédula a las mujeres. Y que respondía con mi vida, si algo les llegaba a pasar a ellas. ¡Qué tal, el muy cabrón! Yo, que llevo toda una vida dedicada a la causa revolucionaria, y que he servido tan abnegadamente al partido, ahora recibo amenazas. Así es como a uno le agradecen. Ya me estoy cansando de ser tan buen mamerto. Un día de estos me voy a rebelar. ¡Me voy a rebelar, y ya verán!