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domingo, 4 de agosto de 2013

EL MAMERTO, XXIV

XXIV El comandante Macario no me ha hablado mucho desde esa noche. Está leyendo un libro sobre economía marxista, o algo así. Yo intuyo que ha pensado en expulsarme del partido, es decir, del Movimiento. Pero que no se ha atrevido por imposibilidad logística: si me echa se queda solo. Seguimos siendo solamente dos. Además me necesita por la finca, para esconderse de la policía. Porque por más que se haga pasar por el tal doctor Rojas que le crearon de fachada tiene una cara que lo delata: sus ojos de fuego lo queman a uno, chispean de ira. Tiene las cejas enarcadas, como si estuviera siempre enojado. Y aprieta los dientes como un perro. Debe ser por eso que los tiene tan partidos. Nomás con verlo bien, así ande con barba y pelo corto, y ademanes de viejito pelotudo, se reconoce enseguida.